CONTRATAPA

Celebrar

 Por Rodrigo Fresán

Desde Barcelona

UNO Algunas cosas que sucedieron un 11 de octubre: bestiales terremotos en Aleppo (1138) y en El Asnam (1980), se extingue el Gran Fuego de Chicago (1871), renuncia del gobernador Juan Ramón Balcarce en Buenos Aires (1833), comienza la Segunda Guerra Boer (1899), se sirve por primera vez comida en un vuelo comercial (1919), arranca el Concilio Vaticano Segundo (1962), se estrena en TV Saturday Night Live (1975) y se asegura haber hallado evidencia científica e incontestable de la existencia del monstruo de Loch Ness (1987). Un 11 de octubre nacieron François Mauriac (1885), Art Blakey (1919), Ennio Morricone (1928) y la actriz Emily “Bones” Deschanel (1976). Y murieron Chico Marx (1961), Jean Cocteau y Edith Piaf (ambos en 1963), Dorothea Lange (1965). El 11 de octubre (1917) es el día en que, en su diario, Virginia Woolf registra –admirada y celosa– la presencia de su amiga y colega y competidora Katherine Mansfield.

Y el 11 de octubre es, desde el 2003, el Streamside Day.

DOS Voy –me llevan– al CaixaForum de Barcelona a ver una instalación del artista francés Pierre Huyghe (1962). Y tengo que confesarlo: el arte moderno no es lo mío, Andy Warhol me parece un genio, pero desprecio a su muy numerosa descendencia; y la palabra performance siempre me pone alerta y listo para salir corriendo. Pero lo de Huyghe está, para mí, más cerca de la literatura. Lo de Huy-ghe no sólo me parece original e ingenioso sino, además, emocionante. Una benéfica buena idea. Y lo que hizo Huyghe fue pedirles primero a otros artistas que pensaran en feriados nuevos. Y le llegaron –expuestos en las paredes de CaixaForum, casi a modo de microrrelatos, hasta el próximo 14 de agosto– propuestas conmemorativas como el Día de la Pérdida de Tiempo, el Día de Hacer Silencio, el Día en que Algo Casi Chocó Contra la Tierra, el Día de la Inteligencia Animal, el Día de Ser Recordado y Olvidado, el Día del Cordón de Zapatos... De haber sido consultado, yo habría propuesto el Día de No Pensar en Maradona. Pero, en la habitación de al lado, está lo más interesante y meritorio: llevar la teoría a la práctica. Inventar un día y pintarlo de rojo en el almanaque. Desde entonces y –todo parece indicarlo– hasta el fin de los tiempos.

TRES Lo que hizo Huyghe hace casi ocho años fue ubicar en el mapa la fundación e inauguración del suburbio residencial de Streamside Knolls, Fishkill, NY. E inventarle una fiesta. El Streamside Day. Barbacoa, donuts de colores, globos plateados, desfile, algodón de azúcar verde, un joven songwriter cruza de Sufjan Stevens con The Flaming Lips, y un patrullero y un camión de bomberos custodiando la seguridad del evento y encendiendo sus luces al anochecer, creando una suerte de discoteca al aire libre. Y, claro, los recién llegados a esa flamante tierra prometida. Grandes y chicos. Bailando y cantando y llevando extraños y perturbadores disfraces provistos por Huyghe. De animales o de lo que sea (a destacar el Hombre Caja). Huyghe filmó el día entero. Y eso –que recuerda un poco en atmósfera, entre pagana y civilizada, al Spike Jonze de Where the Wild Things Are– es lo que se proyecta en CaixaForum. Explicó Huyghe: “Estamos en el año 1, principio de una historia de la que ya somos parte”. Y salió bien, le salió bien: desde ese 11 de octubre del 2003 se festeja allí el Streamside Day, aunque su inventor ya esté lejos, creando otros días o descansando al séptimo.

CUATRO Y desde que salí de CaixaForum –7 de julio, Día de mi Descubrimiento del Streamside Day–, el poder residual de lo de Huyghe no se disipa. Síndrome de efeméride. No puedo dormirme sin pensar en cuál fue el día que viví. De ahí que, a lo largo de la última semana, yo observara el cincuenta aniversario del Día en que Hemingway Puso Punto/Tiro Final a El viejo y el rifle, festejé el Día de No Se Me Canta Cantar el Himno Nacional Argentino, leí mucho sobre el Día de Robar el Códice Calixtino o el Día del Cierre de News of the World, comencé a cansarme del constante y casi desesperado recordatorio del “falta poco para el Día en Que Hace un Año Ganamos el Mundial de Fútbol”, agité mi pañuelo en el Día del Ultimo Transbordador Espacial, y fui uno de los protagonistas del Día en que Rubalcaba Inauguró un Encuentro de Editores en Santander. Allí, nombres importantes del gremio advirtieron de que se aproxima la tormenta perfecta para el sector del libro (descenso ininterrumpido de ventas, múltiples y misteriosas mutaciones electrónicas, posible fin del precio fijo, amenaza de libro de texto gratuito, etc.) y allí Alfredo Pérez Rubalcaba se acercó a decir unas palabras. Se sabe que –a menos de que ocurra un milagro– Rubalcaba no triunfará en las próximas elecciones generales en las que al PSOE se le augura un/otro Apocalipsis en las urnas. Pero a mí me cae bien Rubalcaba. Al menos se le entiende lo que dice y lo dice bien. Y –en su breve discurso del pasado miércoles– tuvo la gracia y ocurrencia de cerrar con un “Espero que pronto todos terminemos de leer Tiempos difíciles para empezar a leer Grandes esperanzas”. No es mucho pero –tratándose de un político– tampoco es poco. En lo personal, será una/otra oportunidad de votar –el próximo marzo o, si se adelanta, cuando toque– al socialismo. Sin pensarlo demasiado. Y, quién sabe, contribuir a un futuro Día en que Rubalcaba Ganó a Pesar de las Encuestas y Puso en Marcha una Nueva Edad de Oro. Presentado y representado en un video donde, sin mucha originalidad, se exaltan las propiedades del ADN de su R (Racional, Rápido, Realista, Recto...), Rubalcaba dice tener la solución para todos los males de este mundo, y casi me convence. El pequeño detalle es que, con muchos años en la primera fila del poder, es un poquito Raro que no las haya implementado aún y así ganarle sin problemas a un Rajoy que –ah, la creatividad de los creativos– también se escribe con R. Ahora es 9 de julio –jornada patriótica– y Rubalcaba renuncia al gobierno de Zapatero (donde era pluriempleado: vocero, ministro del Interior y vicepresidente primero) y se lanza como candidato full-time con el lema de Escuchar Hacer Explicar. Si me lo preguntan –toda la suerte del mundo para él–, yo preferiría un Hacer Hacer Hacer. Porque ya hace mucho que vengo soportando, todos los días, el Día de Escuchar Explicaciones. En el Día de su Proclamación en Comité, en busca de la izquierda perdida, el diestro Rubalcaba aventuró algo impositivo (de impuestos) tipo “sacarles a los ricos para darles a los pobres”. Y los banqueros y millonarios lo escucharon y le explicaron que no le van a permitir que lo haga.

CINCO Dime lo que celebras y te diré cómo eres. Los argentinos nos caracterizamos por conmemorar más las muertes que los nacimientos. La excusa y explicación para ello sería que preferimos esperar, ir a lo seguro: la misión cumplida más que la promesa a cumplir. Pero aun así...

Lo cierto es que, en la película de los días que nos tocaron, cada vez hay menos que celebrar y más para recordar temblando bajo un disfraz imposible de quitarse. De ahí que lo mejor –lo menos riesgoso– quizá sea ir despacio, fecha a fecha, tachar número a número, en la intimidad y en lo privado. Mandarse a guardar en fiesta de guardar. Celebrar desde las afueras de lo célebre.

Termino de escribir estas líneas el domingo 10 de julio del 2011. Mi Día de Escribir Contratapa Titulada “Celebrar” que ustedes están leyendo (o no) este Día de Leer/No Leer Contratapa Titulada “Celebrar”.

Feliz día para todos.

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