CONTRATAPA

Telesur: el partido de la imagen

 Por Luis Bruschtein

Para los argentinos sería una tortura escuchar un partido entre la Selección nacional y la de Brasil relatado por un brasileño. Sería otro partido. Si el partido se jugara en Brasil, a ningún medio se le ocurriría ahorrar corresponsal y contratar a un locutor de allá. El tipo contaría el mismo partido, pero los hinchas lincharían en el Obelisco al empresario ahorrativo. Lo loco es que el que no le interesa el fútbol no advertiría tanta discrepancia, a lo mejor notaría cuestiones de matices en las faltas, en los reclamos al referí y en el énfasis puesto en las jugadas.
Si se trata de fútbol, la gran mayoría vería la diferencia. Pero si se trata de una discusión sobre la deuda externa o en general de la relación de Argentina o de la región con el resto del mundo a nadie le interesa demasiado quién la cuente. Y el problema es el mismo. Con el agravante de que, en un partido de fútbol, el resultado no dependerá casi nada de quién relate el partido, pero en una negociación con el Fondo Monetario o con el Grupo de los Ocho, si la cuentan del otro lado, lo que hará el relator será legitimar los argumentos del otro y debilitar los propios, como haría el relator brasileño en una jugada de penal contra el arco de su equipo. Esa es la película que vemos todos los días. Siempre tiene razón el Fondo Monetario. Siempre son más lindas las rubias de ojos celestes. Y las demandas lógicas de los países en desarrollo y de los pueblos aparecen siempre caricaturizadas.
La gran mayoría de la información internacional que se recibe en Argentina está contada por otro equipo y el mensaje está construido a partir de sus intereses, sus valores culturales, sus prioridades y su experiencia histórica. Esa información está ideologizada, es decir, asume como paradigmáticos los intereses del mundo central.
Telesur, el canal conjunto de los gobiernos de Venezuela, Cuba, Argentina y Uruguay, tendrá la misión de intervenir en ese espacio tan sensible y al mismo tiempo tan dogmatizado de la información y la imagen. Se trata de una experiencia inédita en todo lo que no sea deporte, como es contar el partido social, económico y cultural, del mismo lado de la hinchada. Es como tener ojos propios, imagen propia. Nunca se había realizado hasta ahora en América latina un esfuerzo de este tipo.
Apenas salió la idea de Telesur, los grupos más recalcitrantes del gobierno norteamericano la estigmatizaron con la acusación de que se trata de una propuesta ideologizada, de propaganda política, de manipulación de la información. Cuando en realidad es al revés: Telesur surgió por la necesidad de dar otra versión de la realidad ante la información tan parcial e ideologizada que proyectan las grandes cadenas informativas mundiales. Algunos de los legisladores republicanos más iracundos plantearon inclusive la posibilidad de realizar interferencias. En cambio, Telesur no se propone interferir a nadie, simplemente ofrecerá una mirada diferente, desde los intereses, la cultura y la historia de la región. El sistema mundial de televisión es como la red argentina de trenes: para ir a cualquier lado, hay que pasar primero por Buenos Aires, en este caso Miami o Hollywood. O sea, Brasil ve a su vecina Venezuela a través de la televisión de Miami. La imagen que los venezolanos tienen de los argentinos es la que los grandes medios norteamericanos tienen o construyen de los argentinos. No hay una mirada mutua o directa intrarregional. Lo que los uruguayos se enteran, desde la televisión, de lo que sucede en Bolivia también es lo que les cuentan las grandes cadenas informativas norteamericanas.
Así la información internacional decide quiénes son los gobiernos, los dirigentes o las personalidades buenas o malas, lindas o feas para los latinoamericanos, desde una visión conceptual que por lo general es la del gobierno de los Estados Unidos como canon principal para la construcción de esos contenidos. ¿Cuál es la razón por la que haya que tomar esa valoración como propia? ¿Cuál es la razón que impide que haya una forma depresentar también una mirada propia sobre esos temas? Que a veces puede coincidir y a veces no.
La importancia de la comunicación no termina de ser asumida por los movimientos populares. Tienen clara la idea de defender la educación pública, pero no la televisión pública (diferente de la televisión oficial o del gobierno), los temas de la comunicación todavía no han sido incorporados a la agenda popular. Por esta razón, la existencia de Telesur ha pasado desapercibida para estos movimientos, que deberían atesorarla como una herramienta propia para defenderla y expandirla. La potencialidad cultural de Telesur, en un sentido de lazos de identidad y comunidad de intereses, encierra también un gran desafío para la construcción de nuevos códigos de comunicación que tengan la misma potencia que los que van a reemplazar.

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