EL MUNDO

Hora cero para la gran desconexión

En medio de temores por la formación de milicias derechistas en el ejército, empieza la cuenta regresiva para la salida de Gaza.

 Por Juan Miguel Muñoz*
Desde Jerusalén

El gobierno israelí lleva meses planificando la evacuación de los 8500 colonos de la Franja de Gaza. Pero en las últimas horas ha dado el paso decisivo: el ejército ha comunicado por carta a los dirigentes de los 21 asentamientos que a partir de la medianoche del 14 de agosto dispondrán de 48 horas para abandonarlos. En la misiva se añade que de no acatar voluntariamente la orden, su presencia será considerada ilegal desde el día 17 y se los forzará a salir de las colonias. Todo parece planificado al detalle. No obstante, los pocos que ya han dejado atrás Gaza lamentan graves carencias en sus nuevos emplazamientos.
Los dirigentes de los colonos se negaron a repartir las cartas entregadas por los oficiales, en las que se expresa la firme determinación de las Fuerzas de Defensa Israelíes (IDF) de ejecutar sin fisuras la iniciativa del Ejecutivo de Ariel Sharon. “Durante años las IDF han protegido los asentamientos como parte de una misión nacional. Ahora llevaremos a cabo otra misión comprendiendo vuestro profundo dolor. Sin embargo, las IDF, como ejército de un país democrático, llevará a cabo esta labor en su totalidad...”, reza el texto distribuido. La movida se produce con el trasfondo de declaraciones en que el general del aire Dan Salutz, comandante de las Fuerzas Armadas, expresó su temor a que los soldados que se oponen a la evacuación de Gaza lleguen a formar “milicias dentro del ejército” y de una situación política inestable para Sharon, que en una encuesta publicada por el diario Haaretz apareció detrás de su rival político de derecha, el dimisionario ministro Benjamin Netanyahu, por 33 por ciento a 47 por ciento si hubiera ahora elecciones internas en su partido, el Likud.
El 15 de agosto, los militares presentarán a los colonos las órdenes formales para abandonar los asentamientos. En caso de que no obedezcan, los soldados comenzarán dos jornadas después la evacuación por la fuerza, aunque, según los planes previstos, los uniformados no emplearán armas, salvo que constaten riesgo para sus vidas. Los colonos aseguran que en ningún caso se opondrán violentamente, pero otro cantar es el de los 2000 extremistas judíos infiltrados en la Franja de Gaza y que han prometido resistencia.
La radio militar israelí informó ayer que las familias (unas 70 personas) del asentamiento de Dugit, al norte del territorio ocupado por Israel desde 1967, han aceptado voluntariamente salir de Gaza. Y el 80 por ciento de los 1000 residentes en la colonia de Nisanit, también al norte, ya se han ido. Pero éstas son comunidades de pobladores laicos y que además están aislados de Gush Katif, donde en una quincena de asentamientos viven su fervor religioso unas 7000 almas y donde pueden brotar conatos de violencia.
Las autoridades, preocupadas por la negativa de algunos militares a participar en la operación, que se prolongará entre dos y tres semanas, afirman que unos 50.000 soldados y policías participarán en su ejecución. No se trata sólo de que se vayan las personas, hay que transportar también miles de toneladas de material y trasladar 48 tumbas. Además, el gobierno también ha previsto evacuar 20 familias beduinas colaboracionistas con Israel y cuya vida corre serio peligro una vez retiradas las tropas hebreas. El gobierno correrá con todos los gastos de quienes acaten la orden en el plazo de 48 horas. “Tendrán a su disposición a los soldados y a las compañías de mudanzas para transportar todos sus enseres sin importar el número de contenedores o camiones precisos y podrán partir con sus vehículos”, señala la carta firmada por el general en jefe del Comando Sur, Guy Tzur. Quienes la rechacen no podrán regresar y perderán sus bienes, además de parte de los beneficios económicos establecidos en la ley que regula el llamado plan de desconexión de Gaza. Eran Sternberg, portavoz de Gush Katif, tomó la misiva como “una amenaza para la gente que hace lo que es natural, vivir en sus casas”.
Para los colonos que voluntariamente han abandonado ya la Franja, los problemas continúan en su nuevo lugar de residencia, Nitzan, un enclave entre las ciudades de Ashdod y Ashkelón, a escasas decenas de kilómetros del territorio dejado atrás. Igal Yasinov, diputado del partido laico Shinui encargado de asuntos sociales y firme defensor de la evacuación, enumeraba ayer a este diario infinidad de carencias que padecen los aún escasos evacuados: “Hay muy pocas casas. La construcción de algunas de ellas no está terminada. Varias tienen grietas y goteras y las frágiles ventanas y puertas no sirven para evitar robos. No tienen trabajo ni dinero, porque aún no han recibido los 200.000 dólares por familia prometidos por el gobierno. A algunos les han robado también las pertenencias que dejaron en sus viviendas en las colonias de Gaza y que el ejército no protege. No disponen de médicos y no hay escuelas para escolarizar a los niños. Los accesos por carretera no han terminado de construirse...”.
Por si fuera poco, Yasinov añade que las precarias viviendas se están levantando en una zona ecológica protegida. Y que “los colonos prefieren no dar sus nombres. Tienen miedo y no disponen de información suficiente sobre lo que les espera en el futuro”.

* De El País de Madrid. Especial para Página/12.

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Una soldado israelí en un simulacro de evacuación.
 
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