ECONOMíA › LAVAGNA ABROQUELO AL SECTOR INDUSTRIAL DETRAS DE LA DEFENSA DEL DOLAR ALTO

En qué creen los que no creen en el plan

“Quien postule tipo de cambio alto y a la vez eliminar retenciones o se engaña a sí mismo o los está engañando a ustedes.” Así, el ministro de Economía descalificó a quienes no creen en el plan económico y hacen planteos parciales de caminos alternativos.

 Por Claudio Scaletta

Desde Córdoba, donde cerró el primer Foro Nacional de la Industria, el ministro Roberto Lavagna arremetió contra los adversarios de la política económica oficial. En la lista no faltó nadie: el campo que aboga por la eliminación de las retenciones, el liberalismo populista que asocia tipo de cambio alto con salarios bajos, el sector financiero que pretende revaluación y altas tasas de interés, y el siempre equivocado Fondo Monetario Internacional. También replicó a algunos de los expositores de las jornadas, como el gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota, y su par de Santa Fe, Jorge Obeid, quienes habían criticado los impuestos al comercio exterior. “No se puede tener tipo de cambio alto y a la vez eliminar las retenciones. Quien dice esto o se está engañando a sí mismo o los está engañando a ustedes”, retrucó.
En la misma mesa que los funcionarios de Economía, los dirigentes de la Unión Industrial Argentina escuchaban satisfechos. No les faltaban razones. Habían logrado que el grueso de los empresarios deje de lado las diferencias de la hora y se encolumne cerradamente tras los lineamientos marcados por la dirección. “Se tuvieron que disciplinar”, comentó un dirigente a este diario, no sin cierta displicencia para quienes mascullaban críticas en los pasillos. “Usted no se tiene que olvidar que en 2002 en la UIA las elecciones las hubiese ganado Menem”, recordó aclarando la heterogeneidad de la dirigencia empresaria. En Córdoba las líneas del consenso fueron, casi sin matices, las de la política económica del Gobierno. El broche de oro lo puso el ministro desde el estrado, quien repitió, casi al pie de la letra, los mismos objetivos que habían trazado los industriales y que fueron explicitados por el titular de la UIA, Héctor Méndez, quien precedió al ministro en la palabra.
Lavagna comenzó su exposición debatiendo contra los fantasmas azuzados “por quienes no creían en el programa económico”. Entre ellos recordó la hiperinflación y la profundización del derrumbe productivo, las propuestas de dolarizar la economía, los seguros de cambio, la indexación de los balances, el “veranito” seguido por la “meseta” y luego el “rebote” de la actividad, la imposibilidad de vivir sin un acuerdo con el FMI y la concesión de una quita menor durante la renegociación de la deuda. “Todas y cada una de estas ideas se fueron cayendo. Y al hacerlo demostraron que había otra forma de hacer política económica”, afirmó. Estos mismos sectores son los que hoy proponen “la idea de que debemos subir la tasa de interés para enfriar la economía y de una supuesta, necesaria, revalorización del peso”, agregó para meterse de lleno en el debate por el tipo de cambio, el eje indubitable de las jornadas y la razón última de los intereses de la mayoría de las ramas industriales.
Aunque Lavagna reconoció que la cotización del dólar “no es la única variable relevante” para el crecimiento, “al mismo tiempo creemos que un tipo de cambio sobrevaluado sería el peor de los errores que podríamos cometer (...). No es condición suficiente, pero sí necesaria”, sostuvo. Para justificar la afirmación recorrió, como ya es habitual en sus exposiciones, distintos períodos de la historia económica argentina, demostrando que durante los 17 años en los que, en las últimas tres décadas, existió sobrevaluación, ésta fue acompañada por desprotección de la producción y el empleo nacional y por largos períodos de crisis. Por esta razón hoy “al reabrirse el debate sobre la política cambiaria nuestra posición es clara”, aunque “sabemos que esta política no le gusta a los inversores en colocaciones financieras, ni a los acreedores, ni al FMI, ni a los ortodoxos”, reflexionó.
En adelante, el ministro se dedicó a explicitar cuál es la política para sostener la cotización, un camino con cinco vías principales en las que arremetió contra todos y cada uno de los intereses que se le oponen. La primera de estas vías es la política fiscal, punto en el que criticó duramente a quienes se oponen a las retenciones. “No se puede tener tipo de cambio alto y a la vez eliminar las retenciones. Decir otra cosa es un engaño”, sintetizó.
Mientras algunos empresarios festejaban la réplica al campo y a los gobernadores que habían participado del foro, otros, principalmente los del sector alimentario, se reacomodaban en sus sillas, por momentos algo incómodas. En la misma línea que la UIA, Lavagna sostuvo también que el superávit alto resultaba clave “para que el Estado no sea tomador neto de recursos en el mercado financiero” local y, de esa manera, no compita por el crédito con el sector privado.
Sobre la segunda vía, la de la política monetaria, el ministro defendió la necesidad de evitar la suba de tasas, pues ello sólo retroalimentaría la entrada de capitales especulativos, proceso que reforzaría la revaluación del peso.
En cuanto a la relación con el FMI, defendió la postura de reducir deuda y recordó que ya se le pagaron a los organismos cerca de 13.000 millones de dólares, más de la mitad a dicho organismo, entidad que al aceptar que la Argentina no cambie su programa económico y “conformarse con cobrar” reconoce de hecho que “no ha sabido, no ha querido o no ha podido apoyar el proceso de recuperación argentino”.
Fue la cuarta vía, la política de ingresos, la única que cosechó la interrupción de los aplausos. Lavagna embistió contra la idea de que el tipo de cambio alto significa salarios bajos. “Eso puede ser cierto para quien gana en pesos y consume en dólares en Miami, Punta del Este o París, lugares que, por ahora al menos, no son frecuentados por el grueso de los trabajadores y de la sociedad argentina. A un trabajador o un profesional local, los que se encuentran en la parte inferior y media de la pirámide, lo que le interesa es el poder de compra en moneda local.” En el auditorio, aplaudían precisamente quienes no estaban comprendidos en la primera descripción.
La quinta vía enunciada por Lavagna fueron los cambios en la productividad de la economía. El ministro destacó que, a diferencia de la década pasada, el actual crecimiento de la productividad no es sólo para el capital, sino que incluye una mayor participación del trabajo.
Por último, al igual que Méndez, el ministro instó a los empresarios a aprovechar las actuales condiciones macroeconómicas para crecer, “el desafío es hacerlo por lo menos hasta el 2010”, concluyó.

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Roberto Lavagna en el foro de la UIA. Sus palabras sonaron como música para los industriales.
 
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