CONTRATAPA

Un encuentro para vivir y recordar

 Por Por Osvaldo Bayer
Desde Berlín

Sí, claro, como no podría ser de otra manera, ya estoy en Berlín. Por supuesto, lo primero que hice fue llevarle flores a Marlene. Rosas rojas. También le agregué unos alelíes en nombre de José Pablo Feinmann. El mármol negro sólo tiene una palabra: Marlene. Y es suficiente, lo dice todo.

Berlín ya preparado. Es que hoy se juega lo que aquí se considera la verdadera final del Mundial. Alemania y la Argentina se lo merecen. Ni Inglaterra ni Francia, ni Italia, esta última ni qué hablar. ¿Brasil?... podría ser... pero eso sería una “final latinoamericana”. Un comercio de Berlín ha puesto en la vidriera once camisetas argentinas a la derecha y once alemanas a la izquierda.

Hoy se juega todo. Alemania, si pierde, entrará en la depresión más grande... se dejarán de vender camisetas y banderas y banderitas, pero aumentará en altos porcentajes la salida de cerveza y otros medios que hacen soñar con otras latitudes y otros horizontes y hacen olvidar las penas... sí, tal vez haya más diálogos sobre Goethe o la poesía del siglo XVIII, o el romanticismo o tal vez, sí, sobre cómo mejorar las relaciones familiares. Y si gana, se venderán más banderas y banderitas y subirán los mismos niveles de venta de cerveza y también, algo más aristocrático, los vinos blancos del Mosela y del Rin. Veremos cómo se amanece el sábado y el domingo. O todo permanecerá mudo y dormido y las nubes ensombrecerán los cielos o habrá desfiles de banderas y abanderados en todas las calles.

Los dos mejores equipos, Argentina y Alemania, para la opinión general. ¿Qué va a pasar con el fútbol cuando hoy alguno de los dos tenga que irse de las canchas? No lo quiero ni pensar. Bueno, podríamos salir del paso recurriendo a la demagogia de los acostumbrados a no jugarse: “que gane el má’ mejor”.

Pero ya están los verdaderos ganadores en las estadísticas. Por supuesto, aparecen en la sección Economía. Todos los diarios han publicado hoy la gran noticia. “Adidas, el verdadero campeón mundial”. Sí, vendió quince millones de pelotas de fútbol marca mundial. Quince millones. Esos sí que pueden cantarle hasta a Gardel. Además, vendió un millón y medio de camisetas del seleccionado germano. Se calcula que con el torneo, esa firma alemana ganará 1200 millones de euros. Ha derrotado totalmente al consorcio norteamericano Nike. El mismo Blatter, el presidente de la FIFA, muy sospechado él en cuanto a negocios, tuvo que reconocer toda la influencia que tiene el comercio sobre el fútbol, al decir textualmente. “Debemos marcar límites acerca de la ganancia de dinero con el fútbol y en este mercado debemos elegir lo más óptimo y no lo máximo.” Reconoció que a los clubes de fútbol “llegan sumas millonarias, que nadie sabe de dónde provienen y por eso los clubes ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres”. Bueno, por fin, por eso siempre salen campeones de las ligas los “grandes” y, si no, véase el vergonzoso negociado del fútbol italiano.

Dejémoslo ahí porque si seguimos con este tema vamos a consumir todo el espacio. Pero, aunque yo aparezca de nuevo como un prehistórico, debo decir con nostalgia que el fútbol que más me gustó fue aquel en que los jugadores no llevaban propaganda en la camiseta de sus clubes, jugaban siempre en el mismo equipo y las canchas no tenían avisos hasta en el césped, como ahora.

Vamos ahora a algo inocente pero lleno de fantasía: el diario de Bonn General Anzeiger está realizando una “polla” con los resultados de los partidos y los participantes son gente a las que se divide según su trabajo. Por ejemplo, se toman veinte empleados del Estado y se suman sus aciertos; se toman veinte choferes de taxi y se suman sus aciertos, y así, con otros oficios y profesiones. Lo increíble es que hasta ahora van primero los curas católicos, que son los que más han acertado, seguidos por las amas de casa, luego las peluqueras, los choferes de taxi, las maestras... y últimos, sí, últimos, con apenas 19 puntos de un total de 100, los periodistas deportivos... (cómo está el mundo, mamá). Sí, los curas, ¿que pasará? ¿Tendrán algún dato divino? ¿O son los que más ven fútbol en televisión y estos días le dan menos a la plegaria? La verdad es que después de esto, los psicólogos alemanes están muy preocupados. Un periodista amargado ha dicho con sorna injustificada: “Bueno, ahora lo único que falta es que ganen la polla las feministas...”

Pero no todo es fútbol. Hay actividades que a uno lo llenan de gratitud y fe en los seres humanos. Aquí en Berlín, justamente en el enorme edificio de la sede del burgomaestre de la ciudad, se hizo un acto de la Organización Federal de los Centros Psicosociales para Exiliados y Víctimas de Torturas. Hablaron los representantes de ocho organizaciones europeas. Y me tocó a mí recordar el Mundial de fútbol del ’78 en la Argentina bajo la dictadura de la desaparición de personas. Recordé que el grito de gol llegaba en toda su potencia a la ESMA, donde se cometía el más cobarde de los crímenes del poder: la tortura contra los detenidos y luego su traslado en aviones desde donde eran lanzados al río. Eso lo hizo un almirante llamado Massera. Y recordé que Massera, en una conferencia que dio en la Universidad Católica del Salvador, culpó a tres hombres de “la actual crisis que padece la humanidad: Marx, Freud y Einstein”. Y después de esa cita dije: “Extraño, pienso, que los tres más grandes subversivos de la historia del mundo fueron productos de las universidades alemanas. Y que sus libros fueron los primeros que fueron quemados por Hitler en la Plaza de la Opera de Berlín. Y que 43 años después, los militares argentinos repetían la misma ignominia. Latitud sur, Freud, Marx, Einstein”.

El acto terminó con las melodías tangueras del trío argentino Stazo Mayor. La melancolía y el recuerdo de aquellas madres encintas a las cuales antes de “desaparecerlas”, en el idioma cínico y cobarde de nuestros militares, se les robaba el niño que acababan de dar a luz para entregarlo a matrimonios de militares y policías. Sí, sí, durante aquel Mundial del ’78 también. No lo olvidemos.

Aplaudamos hoy a quien gane y pierda en esta fiesta del deporte. Pero tengamos presente que en estos dos países, Alemania y Argentina, se cometieron crímenes por los cuales siempre se avergonzará la humanidad.

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