DEPORTES › USAIN BOLT, EL VELOCISTA RIVAL DE POWELL Y GAY

A cien metros de la medalla

 Por Carlos Arribas *

A Usain Bolt lo presentan en Jamaica como el anti-Asafa Powell, y el jovenzuelo parece disfrutar con el papel que le han asignado los medios de comunicación. Powell, el chico indolente pleno de talento, ha hecho lo justo para batir el record del mundo de los 100 metros (9s74 en septiembre de 2007), pero no le gusta trabajar, transpirar, y no sabe competir, dicen: en las finales se quiebra. Bolt, el niño prodigio (corrió los 200 metros en menos de 20 segundos a los 17 años), se santigua antes de correr, trabaja como un condenado, viaja con su mamá a los campeonatos y no engaña a su técnico, Glen Mills, haraganeando en los entrenamientos. Además, dicen sus hinchas, la mayoría de los medios de Jamaica, su isla, corre muy rápido.

El sábado, por ejemplo, Bolt, considerado hasta ahora solamente como especialista puro en los 200 metros (mantiene el record mundial juvenil de la distancia y logró la plata en los Mundiales de Osaka), lo dejó bien claro en la reunión de Kingston: en sólo su segundo 100 de la temporada que acaba de comenzar, Bolt, que aún no ha cumplido los 22 años, logró una marca de 9s76, la segunda mejor de la historia, lo que lo convierte en el segundo atleta de todos los tiempos que baja, sin manchas, los 9s80. El primero es su compatriota Powell.

Los ensombrecidos son Justin Gatlin (9s77), que purga una sanción de dos años por doping; Mo Greene (9s79), quien, según dijo a los fiscales de California un camello mexicano, Memo Heredia, consumía anabolizantes prohibidos; Tim Montgomery (9s78), marca borrada de las tablas y su poseedor castigado por doping; y Ben Johnson (9s79), el primer gran maldito del atletismo moderno, desposeído de sus marcas y su título olímpico de Seúl ’88 también por doping.

“Nunca se sabe, nunca se sabe”, respondió Bolt, aún sorprendido por una marca que no esperaba ni loco, cuando los periodistas le preguntaron si acabaría batiendo este año el record de Powell. Su marca del sábado, tan sorprendente por tantos motivos, le da pie para la ambición. Lo único lógico de la carrera de los 9s76, disputada al nivel del mar, es la velocidad del viento, 1,8 metro por segundo, fuerte pero en los límites de la legalidad, fijados en 2 metros por segundo. El resto es alucinante: comenzando por las dos salidas nulas previas a la buena (las peores condiciones para una buena marca), continuando por las 27 centésimas de mejora –un mundo– de Bolt en la prueba (su anterior mejor marca en los 100 era 10s03, conseguida dos veces, en septiembre y en marzo pasados), siguiendo con la forma en que lo consiguió (igualado por sus rivales, Patton, Bailey y Spearmon, hasta los 50 metros, Bolt salió disparado como impulsado por una honda, relajado y fluido, como si la primera mitad la hubiera corrido acumulando energía potencial en una cinta elástica), añadiendo la temprana época de una temporada que tendrá su punto fuerte dentro de más de tres meses, en los Juegos de Beijing, y terminando por las propias características físicas del jovencito Bolt, de 1,96 metro y, según la ficha oficial, sólo 73 kilos, que parecía descoyuntarse en sus carreras de 200, con los talones pegando en el trasero.

El menos sorprendido de la noche fue el entrenador de Bolt, quien ya había anunciado que, una vez superados sus problemas de lesiones ligadas a su exagerado crecimiento, Bolt trabajaría este año también el 100. “Yo habría preferido que se lanzara al 400, donde sería una gran figura, pero él ha insistido en el 100”, dijo Mills.

Como en Jamaica florece el talento y en Estados Unidos viven las consecuencias del caso Balco, de repente la pelea por el título de rey de la velocidad ya no es cosa de dos sino de tres: el campeón, Gay; el plusmarquista, Powell; y el aspirante a todo, Bolt. Si a Gay, el doble campeón mundial en 100 y 200 metros, que corrió los 200 en 20s00 en la misma reunión de Kingston, le sorprendió la prestación de Bolt, no lo exteriorizó. “Corrió hermoso –dijo Gay, de quien había ascendido al nivel de gran rival en el futuro olímpico–; corrió muy suave y con decisión.”

* De El País de Madrid. Especial para Página/12.

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