DEPORTES › OPINIóN

Sobre la practicidad y otras ambiciones

 Por Pablo Vignone

Julio Falcioni no le mintió a nadie. No prometió que su formación tenía pensado florearse en el camino hacia la consagración. La practicidad es el signo de su tarea, ya que no puede decirse de su arte. Y lo recuerda a cada momento, cuando se reflota la discusión sobre la filosofía general del Boca campeón del Apertura. El entrenador no pierde el humor, paradójicamente: “Si querían campeón con brillo, vayan a la ferretería a comprar Blem”, disparó el lunes. Es probable que tenga preparados otros dardos listos para ser lanzados en ocasión de nuevos cuestionamientos.

A Falcioni lo contrataron para una tarea: sacar campeón a Boca. Después de un arranque trepidante, con altibajos, incluso con desencantos (el equipo de la Ribera terminó séptimo en el Clausura 2011, a once puntos del campeón Vélez), se dio vuelta la situación en la segunda parte del año. Se reforzó la defensa con Orion (en lugar de Lucchetti, de pobre actuación en el Clausura) y Schiavi, Riquelme tuvo más minutos en la cancha y con mayor continuidad, absorbió la ida de Palermo (seis goles en el Clausura) con Viatri y/o Blandi (cuatro cada uno en el Apertura) más la llegada de Cvitanich, consolidó el sistema de juego con enganche y dos delanteros cuando en el torneo anterior había llegado a probar con cinco defensores y un solo atacante.

Sólo Falcioni sabe en su fuero interior cuántas concesiones debió hacer, o qué principios dejó en suspenso, para armonizar mejor el plantel a disposición y transformarlo en un verdadero equipo, que era lo que precisaba para cumplir con su tarea. Una tarea para lo cual lo contrataron los dirigentes de Boca y de la cual los hinchas de Boca parecen estar orgullosos.

Sin embargo, el universo del fútbol es más amplio. Es una verdad de Perogrullo. Desde allí se construyen múltiples miradas no necesariamente vinculadas con la pertenencia a la divisa, que puede aplaudir o eventualmente disculpar, según sea el caso, la utilidad del conjunto. Desde otros ángulos, también desde el periodismo, se evalúa el rendimiento con otra perspectiva, no obligatoriamente divorciada de la persecución del resultado. Esto hay que subrayarlo.

Falcioni no tiene por qué pensar en el espectáculo; pero los que miran fútbol sin cálculo de rédito –que no son pocos– reclaman algo más que la eficacia. Si no fuera así, toda esta polémica directamente no tendría lugar, ni los futbolistas se verían empujados a defender el sistema que les reportó el éxito.

Tampoco debiera importarle tanto al técnico –en realidad hasta podría considerarlo un elogio– si se argumentara que su equipo campeón fue más defensivo que ofensivo, en la medida en que buscaba el resultado que logró. “Barcelona hay uno solo”, asegura el entrenador, para despejar el debate. Real, pero el equipo catalán no se arroga el monopolio de la virtud. Imitarlo no es sencillo: ahí está el ejemplo de la Selección Argentina pergeñada por Batista. El intento le costó el cargo a su entrenador en menos de un año. Pero no por azarosa, la apuesta está prohibida.

Echando una ojeada a las últimas campañas de los campeones en los torneos más importantes del mundo, el Barcelona consiguió una eficacia fabulosa, en la última Liga de España, del 84 por ciento (95 puntos en 38 partidos), pero Boca lo sigue con 75 por ciento (43 en 19), delante de Borussia Dortmund (74), Milan (72), Manchester United (70) y Corinthians (62), considerando a los torneos hispano, inglés, italiano, alemán, brasileño y argentino como las más poderosos, teniendo en cuenta que Boca sólo necesitó jugar la mitad de partidos que el resto de los campeones para ganar el título.

Pero en porcentaje de partidos ganados, Boca cae en la tabla: Barcelona sigue adelante (30 de 38, casi el 80 por ciento), Borussia queda segundo (23 en 34, 67 por ciento) y Milan (24 en 38) y Boca (12 en 19) igualan el tercer lugar (63 por ciento), delante del Manchester (23 en 38) y el Corinthians (21 en 38).

Pero en cuanto al promedio de gol por partido, el equipo argentino retrocede al último puesto de la consideración. Con 25 goles en 19 partidos (1,31) está detrás del Barcelona (2,5), el Manchester United (2,05), el Borussia (1,97), el Milan (1,71) y hasta el Corinthians (1,39). Se dirá: la escasez goleadora es proporcional a la cantidad de tantos marcados en el Clausura 2011. Pero lo concreto es que el Boca campeón del Apertura marcó apenas un gol más (25 a 24) que los que había señalado el mismo equipo para ser séptimo en el Clausura. Suena a que la cifra es independiente de la situación general del fútbol local y tiene más que ver con la propuesta del equipo. ¿No querrían los hinchas de Boca gritar más goles de su equipo mientras salen campeones? Sugerirlo no supone una nueva expresión de fundamentalismo, ¿no?

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