DEPORTES › SERGIO “MARAVILLA” MARTINEZ RETUVO EN VELEZ EL TITULO DE LOS MEDIANOS VERSION CMB

Ganó en las tarjetas lo que no en el ring

El campeón tuvo una durísima batalla ante el retador inglés, Martin Murray, que lo complicó con un planteo cerrado e incluso lo derribó en el octavo round, en el momento más dramático de la noche. Pero los jueces, en fallo unánime, le dieron la pelea al quilmeño.

 Por Pablo Vignone

Martínez descarga su zurda entre la guardia de Murray, quien prácticamente no la bajó nunca.
Imagen: Alejandro Leiva.

Las más de cuarenta mil almas que soportaron estoicamente la lluvia durante las seis horas que duró el festival boxístico en Vélez recibieron una compensación enorme por tanto sacrificio cuando los tres jurados del combate estelar dieron ganador en forma unánime 115-112 al campeón mundial de los medianos versión CMB, Sergio “Maravilla” Martínez. A lo largo de los doce rounds de la pelea, Martínez no había dejado la mejor impresión y la sensación era que el desafiante, el inglés Martin Murray, podía haberse quedado con el triunfo por un par de puntos de ventaja.

El furor de la multitud que acompañó a Maravilla fue apagándose con el correr de los rounds, a medida que notaba cómo el boxeador de Quilmes iba perdiendo el dominio de la pelea. Algunos gritos tibios (“A este puto le tenemos que ganar”) intentaron producir una reacción, pero sólo en el último round el boxeador argentino pretendió comandar las acciones buscando el nocaut que, a esa altura del combate, cuando la lluvia ya había cesado, parecía la única opción de victoria.

Maravilla se tomó tres rounds de estudio para plantarse en la pelea, pero fue el inglés el que terminó ocupando el centro del ring y desde allí manejó las acciones. Con una defensa muy cerrara, esperó conocer el plan de pelea del campeón para recién aplicar el suyo, y como el campeón pretendió contragolpear a partir del quinto round, Murray comenzó a inclinar la balanza. Boxeador con mañas, resistente, terminó imponiendo un mejor estado físico que Maravilla.

El argentino, con la guardia baja para invitar a pelear, casi no sacó sus manos. Recién en el round decisivo pudo aplicar sus combinaciones más explosivas. Pero para entonces su imagen ya estaba desdibujada. La mano izquierda, esa que se había fisurado en Las Vegas, salió poco buscando el rostro de Murray, cayó demasiado en los trucos del inglés, y los que esperaban una clara demostración de técnica, como la que se había visto siete meses atrás en Las Vegas, en la recordada noche en la que Martínez derrotó a Julio César Chávez Jr, se vieron defraudados.

Fue en el octavo round que se vivió el momento más dramático de la pelea, el aviso final de que las cosas no estaban saliendo como Maravilla, su rincón y sus fanáticos pretendían. Una combinación de Murray, primero una izquierda y luego una derecha ascendente, que impactó sobre el rostro del argentino, lo derribaron. El estadio enmudeció. Maravilla se recuperó brevemente, pero la sensación era que la suerte del combate estaba cambiando y que el argentino tendría que apelar a un recurso extremo, el del nocaut, para darlo vuelta.

En esos últimos rounds se vieron la inteligencia de Murray para llevar a Maravilla sobre las cuerdas y la guapeza del campeón para intentar dar el todo ante su gente.

Por eso se vio un último round vibrante, con un fuerte intercambio de golpes en el que, a diferencia de los rounds anteriores, Maravilla llevó la mejor parte. Quizás esa última demostración de coraje haya sido la que inclinó la balanza de las tarjetas.

Maravilla volvió anoche a pelear en la Argentina después de once años. Había hecho su último combate en el país en febrero de 2002, cuando la Argentina comenzaba a consumirse entre las llamas, ganándole a Francisco Mora antes de marcharse a España. Ayer consumó su regreso pugilístico al país con una victoria unánime, pero quedó en deuda con los fanáticos que se mojaron durante horas y horas para poder vibrar con la técnica cautivante del quilmeño, esa que tanto exhibió en Las Vegas y que ayer estuvo ausente en Vélez. A los 38 años, Maravilla seguramente festeja este triunfo pero, inteligente como es, sabe que este no es el camino para seguir conservando la corona. Su preparación física no pareció haber sido la ideal y su técnica, prácticamente no apareció. La pela no fue buena, la gente se fue mojada, pero igualmente feliz.

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