DEPORTES › MUSEO DEL FUTBOL EN SAN PABLO

Cómo ganar 20 Copas

Hartos del Mundial, decidimos darnos una refrescada cultural yendo a un museo: el Museu de Futebol. Je. Nos habíamos hablado maravillas, pero ya se sabe que lo brasileños exageran siempre un poco. Veamos. Corto viaje en subte y llegamos a la estación Clinicas, en el Barrio Pacaembú, y enfilamos hacia el estadio en el que Corinthians le ganó 2-0 a Boca la final de la Libertadores. Ahí está el museo. Seis pascualitos el boleto de acceso, 30 pesos. Ya en la entrada nos empezamos a sentir como curas en el Vaticano, antropólogos en el DF de México, pintores en El Prado, pibes en Disneylandia. En el hall central se deben atravesar varios arcos (arcos de fútbol, claro) que llevan escritos en el travesaño las referencias de todos los mundiales. En el piso se explica, con humor y pluma con estilo, por qué ganaron o perdieron en cada caso. Dicen por ejemplo que no pudieron en el ’86 porque “infelizmente” Maradona no nació en el Matto Grosso; que en el ’58 ganaron porque Pelé y Garrincha derrotaron a los vikingos, a los romanos, a las tropas de Napoleón y a todos los que se pusieron enfrente y que vencieron en el ’70 porque trataron a la pelota como Drummond a las palabras. Drummond es Drummond de Andrade, el genial poeta que le cantó como pocos al amor y que alguna vez se preguntó: “¿Se juega al fútbol en el estadio?”. Y se respondió: “Al fútbol se juega en la playa, al fútbol se juega en la calle, al fútbol se juega en el alma”.

Hay fotos de cracks en las paredes y tridimensionales que se perfilan y van cambiando en un sala casi a oscuras, con fondo musical afro de tambores que marcan el paso del desfile de figuras: Pelé, Garrincha, Sócrates, Falcao, Carlos Alberto, Ronaldo, Zito, Zagalo, Tostao, Rivelino y muchos más. Están todos los que tienen que estar. De ahí uno puede subir hasta la segunda planta atraído por el grito (volumen al mango, buena acústica) de las hinchadas. También están todas: las cariocas Flamengo, Fluminense, Botafogo, Vasco; las paulistas Palmeiras, Corinthians, Santos, las mineiras Atlético y Cruzeiro, las gaúchas Internacional y Gremio, los de primera, las de segunda. Imagen y sonido, banderas, serpentinas, cantos, gritos de gol. La piel de gallina de pensar esa sala en el gran museo argentino que nos falta.

Todo sorprende. Se pueden patear penales a un arquero virtual y te marcan la velocidad de la pelota; se puede hacer jueguito mano a mano con Neymar en la pantalla; se pueden ver las pelotas de todos los mundiales, botines de todas las épocas; la pelota de la final del ’58 que se robó el masajista Mario Américo, que era un personaje muy pintoresco, después de gambetear al arbitro; se pueden mezclar realidad y leyenda en las dosis que uno quiera.

Y más. Una sala dedicada al Maracanazo con un video que se cierra con una frase de Vinicius de Moraes: “De la muerte nacemos inmensamente”. Y un video en el que se combinan expresiones artísticas con el fútbol y juegan en yunta con los grandes cracks Portinari, Chico Buarque, Di Cavalcanti, Jorge Amado, Carmen Miranda... Más: en una sala más ancha que larga, con capacidad para 50 personas sentadas, se proyecta sobre una pantalla de unos 15 metros de largo el documental que explica con agudo humor cómo ganó Brasil las 20 Copas del Mundo que ganó. Hablan periodistas, escritores, Beckenbauer, Pepe, Gerson, Paolo Rossi... Todos se enganchan en el jueguito que incluyen acciones convenientemente alteradas para que entren pelotas que habían pegado en el palo rival y reboten las que habían sido goles de los contrarios. Fenomenal trabajo de edición en un deslumbrante video de 17 minutos. No ganaron veinte copas, pero son campeones mundiales de la sensibilidad hecha museo.

Compartir: 

Twitter
 

Brasil2014
 
DEPORTES
 indice

Logo de Página/12

© 2000-2019 www.pagina12.com.ar | República Argentina | Política de privacidad | Todos los Derechos Reservados

Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.