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“Un equipo de fútbol juega como vive y piensa su director técnico”

Gustavo Alfaro, el entrenador de Quilmes, ya lo salvó del descenso y está por clasificarlo a la Copa Libertadores. Se identifica con Bianchi y asegura que aprendió de la polémica entre Menotti y Bilardo. “El equipo es la expresión del entrenador”, insiste.

“No bien llegué a Quilmes me propuse terminar con todas las brujas.” Así de tajante, Gustavo Alfaro describe el inicio de su gestión en Quilmes, que comenzó hace un año cuando el conjunto del sur aún militaba en la B Nacional y pugnaba por retornar a la Primera tras cinco intentos fallidos. Hoy, a seis fechas del final de la temporada, el equipo está salvado del descenso y tiene una clara posibilidad de clasificarse para la próxima edición de la Copa Libertadores. Y así dialogó con Página/12.
–¿Imaginaba al comienzo de la temporada que, a esta altura, Quilmes estaría salvado del descenso y con firmes chances de clasificarse a una copa internacional?
–La verdad es que no. Nuestro objetivo era mantenernos en Primera. Para eso sabíamos que debíamos ubicarnos en la mitad de la tabla general. Esa era nuestra meta: armar un equipo que reuniera entre 15 y 20 puntos por torneo. Lo que sucedió fue que tuvimos una primera parte de temporada muy buena, en la que sumamos 35 puntos, lo que sin dudas constituyó un hecho excepcional. La performance que realizamos en el Clausura tiene más que ver con la realidad de este equipo.
–¿Qué significación personal tiene para usted haber logrado la permanencia con Quilmes en Primera cuando faltan 6 partidos para el final del torneo?
–Para mí es una gran realización. Me demostré que podía dirigir en Primera. Durante el 2000 había tenido una experiencia en la categoría dirigiendo a Belgrano, pero no fue buena. Poseía trayectoria como entrenador en la B Nacional y necesitaba demostrar que podía trabajar en el fútbol de alta competencia. Es una etapa muy linda porque creo que mi carrera va a entrar en un escalón superior en el cual voy a ser más respetado.
–¿Usted dudaba de su propia capacidad?
–No, en absoluto. Pero necesitaba un resultado para demostrar que sabía y podía. Este logro es también un homenaje a todos los grandes entrenadores que tiene el ascenso y que todavía no tuvieron la chance de trabajar en Primera. Tipos como Pascutti, Caruso Lombardi y Pasini tienen una gran capacidad y podrían dirigir sin problemas en esta categoría.
–Cuando usted llegó a Quilmes el club venía de perder cinco oportunidades consecutivas para lograr un ascenso a Primera. Se hablaba de una maldición sobre el equipo. ¿Alguna vez le dio crédito a esa versión?
–No bien llegué me reuní con los jugadores y les dije que eso era una pavada. Había que barrer con las brujas y con todas esas historias de maleficios. Por supuesto que hubo cosas negativas y tuvimos que remar mucho para volver a Primera pero cuando un equipo está en ganador no hay cábala ni bruja que pueda detenerlo.
–¿Cuál fue el momento más difícil de su gestión?
–Fue tras lograr el ascenso. Tuve que transmitirles a jugadores que habían sido muy importantes durante la B Nacional, decirles a Cristian Torres o Gustavo Raggio, entre otros, que no los iba a necesitar en la etapa que seguía. Fue algo muy traumático. Pero fui de frente y les dije la verdad. A la larga, el futbolista siempre valora esa actitud.
–Usted dijo que con esta campaña su carrera como entrenador ingresaba en un escalón superior. ¿Piensa que le llegó la hora de dirigir un equipo grande, por ejemplo?
–Sí, tal vez. Por ahora estoy disfrutando el momento. Después veré si sigo en Quilmes o si acepto otra propuesta.
–A veces se trata de mensurar en porcentajes la influencia que ejerce un entrenador en la conformación de un equipo. ¿Está usted de acuerdo con esta visión?
–Para mí, no hay porcentajes. Un equipo es la expresión de un entrenador. Me animaría a decir que un equipo juega como vive y piensa su director técnico.
–¿Cuáles son sus referentes?
–En la actualidad trato de seguir los pasos de Carlos Bianchi, es un tipo exitoso que sabe lo que quiere y lo transmite muy bien a sus dirigidos. Pero creo pertenecer a una generación de técnicos jóvenes que tomamos lo mejor de los entrenadores que nos precedieron. Madelón, Astrada, Gorosito, Borelli o Ischia no nos encasillamos en la vieja polémica entre Menotti y Bilardo. Nosotros nos enriquecimos con todas esas discusiones y sacamos lo mejor que tienen esas dos concepciones del juego para progresar.
–Cuando Quilmes enfrente a Boca, el Apertura ingresará en una etapa de definición. ¿Cómo manejará el tan trillado tema de la incentivación?
–La incentivación está penada y está mal. No comparto la idea de recibir dinero extra para hacen algo que el jugador debe tener en su esencia: salir a ganar siempre. No lo aceptaría y no permitiría que mis jugadores lo hagan.
Entrevistó: Leonardo Castillo.

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