EL PAíS › OPINION

El bache de Los fiscales

 Por Martín Granovsky

En la presentación del plan de seguridad bonaerense hay una página que se llama “Voces de los foros vecinales”. Tiene frases textuales, tomadas de las reuniones en los últimos tiempos. Dicen: “Estuvimos solos”, “Nos abandonaron”, “Nadie nos escuchó”, “Hicimos lo que pudimos”, “Nosotros continuamos trabajando igual”, “Es más difícil el cambio en la policía que en la delincuencia” y “El municipio colabora en todo, pero de palabra”.
El propio Ministerio de Seguridad sacó sus conclusiones. Dijo haber advertido manipulación externa de los foros, o por la policía o por dirigentes políticos, y haber constatado que nadie los capacitó. A la vez, sostiene, ese proceso estaba acompañado por la participación cada vez mayor de la policía en delitos graves.
Con el plan de ayer, el gobernador Felipe Solá y el ministro León Arslanian dieron el primer paso de un programa que, si no se sostiene en el tiempo, terminará produciendo una crisis política nacional: la estabilidad del Gran Buenos Aires es, históricamente, la clave de la estabilidad política del país, y la primera condición necesaria para que el conurbano no sea un terremoto permanente es reconvertir la policía de banda en fuerza de seguridad.
Eduardo Duhalde, que mientras Néstor Kirchner siga con su popularidad alta difícilmente obstruya al gobierno nacional, aparece como uno de los garantes de la presencia de Arslanian. ¿Y Solá? En los últimos días, al menos, parece haber encontrado un corredor propio. No desafía a Duhalde pero se coloca bajo el paraguas de Kirchner para gobernar. Sin poder territorial, su único capital político, y no es poco si le sale bien, es la gestión.
Siempre es difícil saber si una ecuación política se mantendrá. La que se construyó estos días tiene una ventaja: les conviene a los tres. A los dos que tienen el poder y al que está encargado de la gestión. Si efectivamente la sociedad de mutuas conveniencias se mantuviera, la reforma de la policía debiera ser seguida por un cambio profundo en el Ministerio Público, acéfalo tras la muerte del procurador Matías de la Cruz.
Además de policías corruptos y punteros formando asociaciones ilícitas con comisarios de la Bonaerense, el cuadro de la provincia incluye una parte de los jueces con niveles de prestigio bajo cero y un condimento más: fiscales que se dejaron ganar el territorio por parte de la policía brava. Al lado de fiscales valientes frente al crimen organizado hubo otros que ni siquiera se animaron a investigar a los malos policías. Y lo sorprendente es que no hay ningún fiscal sometido a juicio político. Un buen termómetro de la impunidad en la Justicia.

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