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El Tula, embajador del bombo argentino en Japón

 Por Raúl Kollmann

Carlos Tula estuvo hace exactamente diez días en la Casa Rosada recaudando fondos para su quinto viaje a un mundial. Seguro le salió caro: no menos de 45.000 pesos, incluyendo el pasaje, un mes de estadía y las entradas. También había pasado por el Congreso, aunque él afirma que gran parte de los gastos se los pagó el empresario Norberto Feldman, un hombre que tuvo notables vínculos con los popes de la dictadura militar, con el controvertido nuncio apostólico Pio Laghi y después con el menemismo. El Tula es el bombista oficial de Carlos Menem, del peronismo, la CGT, de más de un jefe sindical. Se lo vio antes con Carlos Ruckauf y ahora con Eduardo Duhalde. En Rosario dicen que tuvo que dejar la ciudad cuando conducía la barra brava de Central y lo acusaron de pasarle datos a la policía. “Marcaba gente”, le siguen imputando.
Las fuentes de su financiamiento son un verdadero misterio. Tiene unos quince músicos y siempre aparece indefectiblemente cuando el oficialismo necesita un poco de aliento. Un hombre cercano a Carlos Menem lo recuerda con sentimientos encontrados: “A veces venía con el bombo hasta a las conferencias de prensa. No sabíamos cómo sacarlo de encima. Los de Ceremonial se agarraban la cabeza porque dejábamos una imagen impresentable”.
–¿Pero alguien del Gobierno le pagaba? –insistió este diario.
–Sí, uno lo veía por la Casa Rosada como pancho por su casa. Algunos decían que tenía relación con Alberto Kohan, que es rosarino como él, otros que cobraba de los fondos reservados de la SIDE para organizar los apoyos al Presidente, y también están los que decían que tenía un sueldo en el Congreso. No sé. Lo único que puedo asegurar es que entraba a la Casa Rosada con más facilidad que yo, que tenía un cargo.
De su supuesto benefactor, Norberto Feldman, se saben pocas cosas, pero todas sorprendentes.
u Era el centro de una empresa constructora, Comarco, que entre otras cosas hizo una buena parte de las obras de la Biblioteca Nacional. La compañía tuvo innumerables contratos con el Estado.
u En su momento se hizo famoso por las increíbles fiestas que organizaba en su quinta, llamada Silvia, lindera al Hindú Club de Don Torcuato. Allí acudía lo más granado de la dictadura militar y la Iglesia.
u Feldman nació en el seno de una familia judía pero se convirtió al cristianismo. Sus buenas relaciones con el nuncio apostólico Pio Laghi le permitieron conseguir una dispensa del Papa para volver a casarse. Tenía un primer matrimonio con tres hijos, pero el Vaticano le habilitó la reincidencia, esa segunda vez con la secretaria del consulado de Italia. Después terminó formando pareja con una conocida modelo.
u En la Silvia era famoso un tren inglés que había . Viajó a Europa a comprar elementos para la decoración y contrató a un escenógrafo del Colón, para que ambientara cada camarote con las cosas de un país distinto. Allí albergaba a sus huéspedes.
u Siempre fue afecto a las cirugías y a hacer regalos impresionantes a los funcionarios. Tal vez esa generosidad derivó en el viaje del Tula.
Ayer, desde Oriente, el bombista trató de explicar lo inexplicable. “Tengo una jubilación de 198 pesos, me ayuda mi hija y mis amigos. Feldman me regaló el pasaje. Además, perdí una riñonera con todo el dinero y al llegar a Tokio me asistió el cónsul argentino Carlos Rubio, que me pagó la primera noche en el hotel. Después me consiguió un amigo y estoy parando en la casa.”
–¿Tiene entrada para Argentina-Inglaterra? Miren que valen dos mil dólares en la reventa –le preguntaron desde Radio Mitre.
–No, no tengo. Por ahí me regalan una entrada.
En su casa de Lomas de Zamora, el Tula tiene una tortuga que se llama Cafiero. Seguro que el bombista es bastante más ligerito y, como diría Maradona, no se le escapa la tortuga.

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Carlos Tula llegó a Japón para hinchar por la Selección.
 
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