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Elogio de la sensibilidad

 Por Fernando Signorini *

Según Albert Einstein, “muchas veces la imaginación es más importante que el conocimiento”. Sin querer ser irrespetuoso, se me ocurre sugerir que ambas, sin la indispensable compañía de la sensibilidad, pueden dar lugar a hechos horrorosos, como las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki nos lo recuerdan permanentemente... Cuando esta trilogía no es completa, la ecuación final muy difícilmente terminará por perpetuarse como un placentero recuerdo en la memoria –y el corazón– de los individuos.

Por ello me atrevo a imaginar que “la imaginación y el conocimiento son como un ave que, privada de las alas de la sensibilidad, se ve impedida de remontar el vuelo hacia cimas de grandeza”. Las cautivantes sinfonías con que en los últimos años nos ha deleitado el formidable juego del Barcelona son una acabada muestra de lo que pretendo exponer.

Cierto es que los once celestiales violines encargados de ejecutar a la perfección cada partitura poseen un virtuosismo muy difícil de igualar, pero la cerrada ovación con que el conmovido auditorio premia el final de cada función, como la de anoche, tiene un destinatario tan incuestionable como merecido. ¿Quién puede negar que el gran responsable de semejante puesta en escena es Pep? Suya es la idea, suyo el modo de transformarla en irrenunciable convicción, suya la elección de los intérpretes y la deliciosa armonía de sus acordes, como también el proverbial señorío ante esos dos grandes impostores, la victoria y la derrota...

Me consta que su obstinado modo de perseguir el conocimiento lo llevó a vaciar las bibliotecas de aquellos a quienes eligió como sus guías, más allá del lugar del mundo en que estuvieran. Consciente de que “quien sólo sabe de fútbol, ni de fútbol sabe”, se interesó por cultivar su espíritu abrevando en las generosas fuentes de los más conspicuos referentes de las distintas expresiones del arte. Descuento que ya por entonces, su imaginación comenzaba a vislumbrar un estilo capaz de parir tardes llenas de estruendosos ¡olé! y blancos pañuelos al viento, como espontánea reacción por la desbordante alegría generada.

Siempre supo que si sólo perseguía la victoria, nunca llegaría hasta el sol; ese objetivo únicamente sería posible si su obra solamente era derrotada en el resultado, nunca en el juego. El objetivo más preciado sería el de emocionar a través de una propuesta profundamente ligada tanto a la estética de los movimientos como a los innegociables principios éticos que su raza de jugador le exigía.

En algún punto, el fantástico estilo del mejor equipo de la historia tiene el valor de elevar nuestro espíritu hasta el paroxismo, tal como las más bellas coplas del Nano Serrat, los eternos poemas de Federico García Lorca, Pablo Neruda o Antonio Machado, o el mágico rasguido de las cuerdas de Paco de Lucía. Como cualquiera de ellos, posee conocimientos e imaginación como para dejar grabado su nombre en el bronce de la historia; como a cualquiera de ellos, las radiantes alas de su exquisita sensibilidad lo proyectarán más allá de ella, hasta posarlo directamente en el reino de la leyenda.

Por el íntimo regocijo con que maravillan mis sentidos, Pep y su endiablada pandilla pueden estar seguros de que –como aquéllos– “irán conmigo, mientras proyecte sombras mi cuerpo y quede a mi sandalia arena”.

P.D.: Adhiero con entusiasmo a las enfáticas y coincidentes declaraciones vertidas últimamente por muchos técnicos y jugadores compatriotas cuando, hartos por la lluvia de críticas recibidas debido a la insoportable vulgaridad de sus equipos, se despacharon con un desopilante “¡Quien quiera ver espectáculo, que vaya al teatro!”. Vale aclarar que el empleo de eufemismos es una costumbre muy arraigada entre noso-tros. Aunque algún malintencionado haya preferido entenderlo como un rencoroso “¡Terminen con el verso, lo único que importa es ganar de cualquier manera!”, no caben dudas de que la correcta interpretación de sus expresiones no es otra que un ine-quívoco: “¡Quien quiera ver espectáculo, que vaya a ver al Barça!”. Es que, ¿cómo haríamos para disfrutar de tanta belleza, si no existiera tanta fealdad?

* Ex preparador físico de Diego Maradona en Barcelona y de la Selección Argentina.

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