ECONOMíA › EL ADIóS A DANIEL AZPIAZU, INVESTIGADOR DE FLACSO. FALLECIó AYER, A LOS 63 AñOS

Una obra que desnudó al neoliberalismo

Internado, víctima de su adicción al cigarrillo, ayer murió Daniel Azpiazu. Dejó una trayectoria brillante como investigador en temas de desarrollo industrial y un feroz crítico de las privatizaciones. Como pocos, luchó por abrirle los ojos a la sociedad.

 Por Raúl Dellatorre

Pese a que llevaba varios días internado, la noticia tomó por sorpresa a un grupo de jóvenes profesionales que bien podrían ser considerados sus discípulos. Poco antes del mediodía, Matías Kulfas se acercó a la mesa en la que exponían Martín Schorr y Nicolás Arceo, les pidió que bajaran del estrado y les comunicó la desagradable novedad: había fallecido Daniel Azpiazu, en el Sanatorio Otamendi de la Capital Federal. Schorr y Arceo ya no volverían al panel y la noticia corrió por el recinto de la Facultad de Ciencias Económicas donde se desarrollaba el Congreso de AEDA, una joven asociación de investigadores económicos que estudian las limitaciones estructurales y las condiciones para un desarrollo económico más equitativo. Justamente, un campo en el que Azpiazu, con sus estudios y publicaciones de los ’80 y los ’90, fue un precursor central.

Daniel Azpiazu, investigador de Flacso y el Conicet, murió a los 63 años. Es decir que cuando trascendieron sus primeras publicaciones sobre la industria y el rol de las empresas transnacionales, entre 1985 y 1986, tendría aproximadamente la edad de los jóvenes investigadores, como Kulfas, Schorr, Arceo y otros, que hoy buscan recoger su legado. El compromiso político, el esfuerzo por aportar a entender los acontecimientos, la mirada con “luces largas” para comprender qué camino se está transitando fue lo que caracterizó la labor de Azpiazu. Características que esta nueva generación, que ayer lo despidió con un aplauso, indudablemente recoge.

A favor de la generación actual podría decirse que no enfrentó la dificultad mayor con que peleó Azpiazu (y otros contemporáneos) de nadar contra la corriente. En pleno auge del neoliberalismo, cuando el modelo se presentaba como la fórmula infalible del éxito, Azpiazu, junto a Eduardo Basualdo y Miguel Khavisse entre otros, lo enfrentaron para desenmascararlo.

Sus trabajos más destacados de la década del ’80 están ligados al estudio del comportamiento de la industria de punta, la que tracciona inversión en los modelos de desarrollo y la que incorpora tecnología. La electrónica, la informática, la siderurgia, los laboratorios fueron la temática de sus estudios sectoriales de aquellos años. En tiempos de desindustrialización, fue de los pocos que advertía sobre los costos sociales de un modelo concentrado en la producción primaria.

Sus estudios históricos de esa misma etapa abordaron, justamente, los condicionantes estructurales de la excesiva concentración en la economía y, en particular, la industria. La concentración de la industria argentina en 1974, Estructura de los mercados y la desindustrialización 1976/81, Empresas exportadoras de manufacturas, son algunos de sus títulos (junto a otros autores) de esa época.

Ya en la década del ’90, tempranamente Azpiazu advirtió sobre los costos que tendría la política de privatizaciones y apertura externa. Sus publicaciones de 1992 a 1995 ya señalaban que el principal impacto de tales políticas del menemismo no serían el progreso económico, sino la concentración, la exclusión y discriminación en los servicios públicos y la acumulación de beneficios extraordinarios en manos de una elite empresaria.

Durante toda esa década y la siguiente, la primera del siglo actual, siguió desarrollando dos vías paralelas y complementarias de análisis: el estudio de las políticas públicas en servicios públicos y las consecuencias estructurales. Un ejemplo de ello son dos publicaciones que conocieron la luz en los difíciles años 2002/2003: La renegociación con las privatizadas bajo la administración Duhalde, junto a Martín Schorr, y Privatización y poder económico: la consolidación de una sociedad excluyente.

En 2009, Azpiazu señalaba que “el 60 por ciento de la población no tiene cloacas, pero hay un celular y medio por habitante”. Ese mismo año, en una entrevista para Cash, apuntaba que pese a que la actual etapa política había quebrado el proceso de desindustrialización, no había revertido la concentración económica. Los grandes exportadores “son los dueños de las divisas y tienen capacidad de coacción sobre las políticas públicas”, advertía.

Siempre así. Investigando para comprender y explicar la realidad. Buscando abrir el debate sobre qué camino seguir. Provocando con sus advertencias, desafiando al modelo actual para que no se detenga, no se resigne al statu quo de la desigualdad. Porque Azpiazu era un intelectual comprometido, un tipo jugado. Uno de los necesarios, imprescindible.

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Azpiazu desarrolló una tarea incansable por anticipar y demostrar los efectos del modelo neoliberal.
Imagen: Rafael Yohai
 
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