ECONOMíA › EL FMI INSISTE CON EL AJUSTE Y EL BANCO MUNDIAL LES RETACEA FINANCIAMIENTO A LOS PAISES DE INGRESO MEDIO

Una crisis que llega a los multilaterales

Las instituciones de Bretton Woods expresan una estructura de poder internacional que comenzó a modificarse a partir del fortalecimiento de los emergentes. Sin embargo, en esos espacios tienen obturado el acceso a mayores niveles de participación.

 Por Fernando Krakowiak

Desde Washington

La titular del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, volvió a dejar en claro ayer que no prevé medidas concretas para recuperar la demanda en los países avanzados que están en crisis. En el discurso de apertura de la asamblea del organismo multilateral, que pronunció en esta ciudad, redujo las soluciones a mayor consolidación fiscal, políticas monetarias prudentes y desregulación de los mercados de trabajo. A su vez, las autoridades del Banco Mundial les informaron a los representantes de países de ingreso medio en un desayuno de trabajo que, debido al crecimiento que alcanzaron en los últimos años, ahora deben empezar a dejar de ser tomadores de créditos del propio banco y buscar estrategias comunes de autofinanciamiento de su desarrollo. De ese modo, quedó claro que los multilaterales tampoco estimularán la economía mundial a través de los mercados emergentes. “Lo que se ve son señales cada vez más claras de los límites que tienen estas dos instituciones para afrontar la etapa actual”, afirmó a Página/12 el viceministro de Economía, Roberto Feletti.

El FMI desalienta las políticas fiscales expansivas, pero al mismo tiempo insiste en la necesidad de capitalizar a la banca privada que tienen préstamos colocados en el sur de Europa. El argumento es que la banca necesita dinero para salir a prestar, pero la experiencia muestra que las asimetrías de competitividad que impuso el euro forzaron a varios países a entrar en desequilibrio externo y para evitarlo es que empezaron a endeudarse. A su vez, se observa un deterioro salarial paulatino que también obligó a los hogares a endeudarse para mantener su poder adquisitivo. La capacidad de integración y consumo se dio por la vía del endeudamiento. Por lo tanto, son cada vez más los especialistas que advierten sobre la inconsistencia que supone pensar que esos bancos pueden aportar una solución volviendo a prestar. Tanto en el FMI como en el Banco Mundial no se observa un interés por garantizar la demanda global, sino la intención de ordenar la cuestión macroeconómica para adaptarla a la capacidad de repago de los volúmenes de deuda que hay.

La otra estrategia apunta a terminar con los desbalances globales forzando a los emergentes a compartir la crisis. Lagarde lo esbozó ayer al afirmar que el mundo actual es interdependiente y el problema es de todos. Un primer intento fue cuando Estados Unidos intentó solucionar su desequilibrio externo y fiscal a través del ALCA a mediados de la década pasada. Después siguieron propuestas de rebajas arancelarias y apreciaciones cambiarias en los países en desarrollo que van en la misma dirección. Los países de desarrollo medio observan esta situación con claridad y resisten estos planteos al tiempo que fomentan la integración comercial Sur-Sur. Como el Banco Mundial está dando a entender que no los va a acompañar en la fase del desarrollo, la respuesta viene siendo fortalecer instituciones de desarrollo propio. Acumulan reservas, coordinan su uso para que los bancos centrales tengan más capacidad de intervención y tratan, en la medida de sus posibilidades, de desdolarizar el comercio intrarregional. La reunión de la Unasur que se llevó a cabo en Buenos Aires el 12 de agosto fue un ejemplo de ello. “La propuesta de la Unasur es la contracara de lo que se ve en esta asamblea donde predominan planteos de consolidación fiscal, política monetaria prudente y solvencia del sistema financiero”, sostuvo a este diario Feletti, quien acompaña al ministro de Economía, Amado Boudou, y representó al país en la reunión del G-24. Los Brics son un ejemplo, a mayor escala, de una alternativa a ese orden económico internacional que defienden el FMI y el Banco Mundial. De hecho, en esta asamblea se expresaron como un contrapoder y le reclamaron a Lagarde que acelere la reforma del sistema de cuotas y gobernanza del FMI para tener un poder de decisión acorde con su crecimiento, pues por un lado a los países de ingreso medio les retacean financiamiento y por otro lado les bloquean los procesos de reforma destinados a ganar participación en las instancias de decisión. Esa disputa está abierta en el G-20 y se expresó también en la asamblea del FMI. Mientras tanto, la crisis avanza.

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“Cada vez se ven más claros los límites de estas dos instituciones”, afirmó Roberto Feletti.
 
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