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En Lima tampoco se ablanda la quita de bonos

En un foro paralelo al encuentro del BID, el secretario de Finanzas, Guillermo Nielsen, dejó en claro a los acreedores que la quita será del 75 por ciento.
Y culpó al FMI por la crisis y por el negociado del “blindaje”.

 Por Maximiliano Montenegro

“Un país que ha resuelto su default es un país que ha disipado un elemento importante de incertidumbre y que está creando las condiciones para alentar el crecimiento económico. Pero esto no quiere decir que cualquier acuerdo es mejor que ningún acuerdo. Existe un tipo de acuerdo que es peor. Se trata de un acuerdo que nos lleve a un nuevo default.” En esos términos, el secretario de Finanzas, Guillermo Nielsen, envió una nueva señal a los acreedores privados de que el Gobierno no modificará la propuesta original para salir del default, que incluye una poda en la deuda del 75 por ciento. Nielsen tampoco ahorró críticas para el Fondo Monetario, que en la última negociación jugó a favor de los inversores: “La decisión de los organismos multilaterales de mantener la convertibilidad fue una decisión política costosa y no una decisión de mercado”, disparó. Y reveló que si el FMI no hubiera aprobado el “blindaje”, que sólo sirvió para financiar la fuga de los capitales especulativos de Argentina, la quita propuesta sería sólo del 54 por ciento.
El segundo de Lavagna participó anoche de un seminario organizado en Lima por Merrill Lynch, uno los bancos “asesores” del Gobierno, en forma paralela a la asamblea anual del BID que se desarrolla por estos días en la capital peruana.
Durante su exposición, Nielsen desvirtuó la idea de que el proceso abierto con los acreedores pueda considerarse una negociación, en la que tras un largo regateo las partes llegan a un acuerdo sobre el precio justo. “Las negociaciones son un instrumento efectivo para resolver conflictos. Pero con 400 mil tenedores de bonos en Italia, unos 40 mil en Alemania, 30 mil en Japón, 50 mil inversores directos argentinos y unos 9 millones en forma indirecta a través de las AFJP, le corresponde a la República Argentina encontrar una solución de mercado que atienda al interés genuino de cobro de los bonistas y que ofrezca una solución duradera a la reestructuración de la deuda soberana más grande de la historia”, explicó. En otras palabras: para el secretario, la propuesta argentina es en sí la solución, no el primer paso de una negociación.
El comentario no es trivial, porque en las últimas semanas el FMI buscó posicionar al Comité Global de Acreedores, un grupo de acreedores que dice poseer títulos argentinos por 37.000 millones de dólares, como interlocutor privilegiado de una negociación de “buena fe”, que en diccionario de Washington se traduce como pagar más a los bonistas. Como ya lo hizo en su momento Lavagna, Nielsen dejó abierta la posibilidad de mejorar la oferta a los acreedores sólo a través de los bonos enganchados al crecimiento. “Estamos dispuestos a participar en tratativas constructivas que ofrezcan soluciones realistas a la reestructuración de la deuda... Pero advertimos en contra de los que en forma irresponsable presentan el problema como una cuestión de pedir más”, sostuvo el funcionario, ante un auditorio integrado mayoritariamente por banqueros y economistas.
Más importante aún, el secretario de Finanzas apuntó contra el FMI, que en los últimos meses se erigió en el mejor lobbista de los acreedores ante el gobierno argentino. Dijo que el fuerte aumento de la deuda con el organismo, a partir de fines de 2000, mediante los préstamos conocidos como el “blindaje”, fue “muy negativo para la reestructuración actual”, porque sobre la deuda con los organismos multilaterales no está permitido aplicar ningún recorte. “Si la reestructuración hubiera tenido lugar hacia fines del año 2000, la Argentina hubiera podido ofrecer una quita del 54 por ciento en vez del 75 por ciento”, aseguró. Luego criticó la “decisión política” del FMI de convalidar los últimos pasos de la convertibilidad hacia el abismo. “Hoy esa decisión política, junto con el pago completo e integral de toda la deuda multilateral, está aumentando la quita que necesariamente debe aplicarse a la deuda en default”, afirmó. “Para peor, quedamos en una posición de pedirle tanto al mercado –y entre ellos a miles de jubilados en Europa, Japón y Argentina– como a generaciones futuras de argentinos que soportarán todo el costo de esas decisiones políticas erradas”, agregó.
El viceministro de Economía olvidó mencionar que hasta que se derritió el blindaje sirvió para financiar la fuga de los fondos especulativos más sofisticados, que aprovecharon los meses extra que les regaló el Fondo Monetario para cerrar con éxito un ciclo de ganancias extraordinarias de toda una década.
Nielsen se reservó un párrafo final para Anne Krueger. Aunque sin mencionarla, objetó a “los que afirman ligeramente que Argentina tiene que aumentar su superávit primario por encima del 3 por ciento del PBI, como han hecho otros países”. Y repasó las dos diferencias clave que hacen incomparable la situación de Argentina con países como Brasil, que ostentan un superávit superior al 4 por ciento. Por un lado, el Estado argentino privatizó los ingresos previsionales que hoy van a las AFJP (unos 4500 millones de pesos anuales), pero sigue pagando las jubilaciones con recursos propios. Por otro lado, privatizadas todas las empresas públicas, la Argentina no percibe los suculentos ingresos que recibe el fisco brasileño de empresas como Petrobras. Un pequeño anticipo de por dónde pasará la pulseada con el Fondo en los próximos meses.

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