EL MUNDO › EN ISRAEL, LA JEFA DEL OFICIALISMO FRACASó EN LOGRAR UNA COALICIóN DE GOBIERNO

Livni irá a elecciones anticipadas

La canciller y líder del centrista Partido Kadima se enfrentará en los próximos comicios a dos serios competidores: Benjamin Netanyahu, jefe del derechista Likud, y Ehud Barak, del Partido Laborista. Netanyahu ya negocia con los religiosos.

 Por Sergio Rotbart

Desde Tel Aviv

La canciller y nueva titular del partido de gobierno (Kadima), Tzipi Livni, le devolvió ayer al presidente de Israel, Shimon Peres, el mandato que éste le entregó semanas atrás para que formara gobierno sin cambiar la actual composición parlamentaria. La sucesora del actual premier, Ehud Olmert, al frente de la principal fuerza política le anunció a Peres que sus intentos negociadores con los otros partidos, encaminados a formar una coalición gubernamental, fracasaron. De esta manera, se abre el camino para el llamado presidencial a elecciones generales, previstas para febrero de 2009.

En los próximos comicios Livni deberá enfrentar a dos serios competidores, los ex primeros ministros Benjamin Netanyahu, líder del derechista Likud, y Ehud Barak, cabeza del Partido Laborista, que ejerce actualmente el cargo de ministro de Defensa. La opción electoral fue inicialmente descartada por la actual canciller precisamente para evitar tener que vérselas con dos contrincantes de gran envergadura en materia de experiencia al frente del Estado, por lo que prefirió, en cambio, la posibilidad de acumular antes su propio bagaje en la gestión gubernamental. Esta última aspiración, sin embargo, se vio prácticamente frustrada cuando el partido religioso Shas decidió rechazar la última oferta que le propuso Livni para incorporarlo a un gobierno de amplia base parlamentaria. Pues si bien en teoría la jefa de Kadima podía insistir en puentear la instancia electoral mediante la creación de una coalición reducida con otros socios (61 o 63 de los 120 representantes en el Parlamento), el rechazo a tan arriesgada estrategia de mínima provino del principal aliado, el Laborismo, y del propio partido de gobierno. Ante tantos frentes de oposición, Livni se resignó finalmente a aceptar el gran desafío de marchar a elecciones generales.

De hecho, la actual canciller ya comenzó su campaña electoral. Como lo afirmara en las elecciones internas de Kadima, Livni se empeña en demostrar que ella representa una “política distinta”, que la distingue sustancialmente de Olmert, cuya carrera de premier quedó empañada tras las acusaciones por varios casos de corrupción que aún penden sobre él. “Yo no estoy dispuesta a rendirme al chantaje político y presupuestario y, por lo tanto, voy a ir a elecciones”, declaró horas antes de comunicarle al presidente su decisión. A oídos de los israelíes atentos a los panoramas políticos difundidos por los medios, la referencia era clarísima: la sucesora de Ehud Olmert no aceptó las demandas de Shas, cuyo cumplimiento habría garantizado la integración de esta fuerza a un gobierno presuntamente estable. Los religiosos exigieron la restitución de los subsidios sociales para familias numerosas por el monto de mil millones de shekels (el “chantaje presupuestario”) y la no inclusión del status de Jerusalén en las futuras negociaciones con la dirigencia palestina (el “chantaje político”). Como contrapartida, Livni no estuvo dispuesta a sobrepasar los 850 millones de shekels de la primera demanda y, en cuanto a la segunda, solo pudo intentar tranquilizar a los “inescrupulosos” de Shas, asegurándoles que la eventual partición de Jerusalén no está incluida en la agenda de Kadima. Con todo, esas promesas no bastaron para satisfacer a la dirigencia del partido ultraortodoxo.

Livni se lanza a la carrera hacia los comicios con un respetable grado de apoyo por parte del público israelí, pero sabiendo que en el terreno abundan los escollos políticos. En primer lugar, dentro de su propio partido. Quien le sigue en la jerarquía de Kadima, Shaul Mofaz (que perdió las internas por una diferencia de apenas 400 votos), seguramente consolidará su puesto de número dos intentando capitalizar una línea más nacionalista que contraste con la imagen moderada de su jefa. Rasgos de esa orientación se manifestaron cuando Mofaz se opuso rotundamente a la retirada israelí de las Alturas del Golán en el marco del posible desarrollo de las negociaciones indirectas que Israel inició con Siria un año atrás. El actual ministro de Transportes propuso, además, frenar el desarrollo nuclear de Irán mediante un ataque israelí. Y, por si fuese poco, sostuvo que la tregua que el ejército mantiene con Hamas en el límite con la Franja de Gaza desde junio pasado solo fortalece al movimiento islamista. Si Mofaz decide hacer de su tradición militarista el toque de distinción que reforzaría su posición en el partido gobernante, será intrigante ver cómo Livni impone su “política distinta” teniendo en cuenta que su vice controla buena parte de la estructura partidaria y, por lo tanto, cuenta con la capacidad de influir sobre la composición de su futura representación parlamentaria.

En la escena nacional, indudablemente el principal rival de Livni en la campaña electoral es Benjamin Netanyahu. El dirigente del Likud ya les aseguró a los representantes de Shas que serán los primeros en ingresar en su coalición gubernamental, en caso de ganar las elecciones. Si así fuera, se regocijan los contrincantes y analistas políticos, Netanyahu le devolvería al partido religioso el mentado subsidio para familias numerosas que él mismo anuló cuando era ministro de Economía del gobierno de Ariel Sharon. Justamente la perseverante y férrea orientación neoliberal de Netanyahu es la que podría perjudicarlo en la captación del voto popular, teniendo en cuenta el tenso seguimiento que impera aquí tras las implicancias de la caída de Wall Street sobre la economía local. Su adhesión al fundamentalismo de mercado, que a mediados de los años ‘90 lo llevó a elogiar el modelo implantado en la Argentina por Menem-Cavallo, no lo encontrará bien parado en momentos en que muchos israelíes ven con preocupación la tendencia declinante de la bolsa de Tel Aviv y se preguntan cómo repercutirá en sus fondos jubilatorios. También en este terreno, para desconsuelo de no pocos, abundan las dudas en torno de la pregunta de si Livni tiene algo distinto que ofrecer.

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“Yo no estoy dispuesta a rendirme al chantaje político y presupuestario”, dijo ayer Tzipi Livni.
 
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