EL MUNDO › EN COLOMBIA, EL EX CONGRESISTA OSCAR TULIO LIZCANO ESTUVO MáS DE OCHO AñOS SECUESTRADO

Guardián y rehén de las FARC se fugaron

El guerrillero alias “Isaza” decidió escapar y llevarse con él al político conservador. Marcharon tres días por la selva. Lizcano permanece en una clínica en Cali, con un débil estado de salud. Isaza puede asilarse en Francia.

 Por Katalina Vásquez Guzmán

Desde Medellín

Ni se lo imaginaba. Oscar Tulio Lizcano, congresista colombiano secuestrado hace más de ocho años, regresó ayer a la libertad ayudado por su carcelero, quien decidió fugarse de la guerrilla llevándolo con él. “Cucho, viejo, yo me voy y lo voy a sacar a usted”, le dijo a Lizcano alias “Isaza”, ex comandante de la cuadrilla rebelde que tenía a su cuidado a Lizcano y que se encontraba bajo presión de la fuerza pública colombiana desde julio pasado, lo que, inicialmente, llevó a creer que Oscar Tulio había sido rescatado por las fuerzas militares. Pero no. Se trató de una fuga inesperada y de película como casi todos los episodios en los que, en este país, los secuestrados recuperan su libertad. Isaza, ahora ex integrante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombiana (FARC) tampoco esperaba lo que encontró a su regreso a la vida civil: una millonaria recompensa, el apretón de manos de Uribe y una oferta de asilo en Francia.

Secuestrado y carcelero estaban felices, así como sus familiares con quienes se reencontraron tras difíciles años de vida en las húmedas y espesas selvas del Occidente colombiano. La esposa de Lizcano, Marta Arango, habló con PáginaI12 en su paso por Medellín antes de abordar el avión que la llevaría a la ciudad de Cali, donde su esposo permanece en una clínica. “Estoy muy contenta, aunque lo veo muy agotado, muy demacrado y muy flaco, pero libre, gracias a Dios.”

De nuevo, el drama del cautiverio terminó para otra familia colombiana que, como la de aquellos que fueron entregados al Comité Internacional de la Cruz Roja a principio de este año y quienes fueron rescatados en la Operación Jaque hace tres meses, sufren los ires y venires de la pruebas de vida, las congeladas negociaciones de un canje humanitario, los anuncios de rescates armados, las amenazas y noticias de ejecuciones y, escasamente, el relato de la libertad. El de Oscar Tulio Lizcano comenzó en la mañana de ayer, después de tres noches y tres días de marcha por la selva tras separarse del grupo de guerrilleros. A las ocho, Isaza y Lizcano se toparon con un punto de bloqueo del Ejército. Hombres de la Brigada XIV Móvil recibieron a los fugados e informaron al Ministerio de Defensa. Al mediodía la noticia ya corría por el país y le llegó a doña Marta de Lizcano. “Me avisaron por teléfono. La felicidad fue enorme. Ahora espero que lo revisen, que su estado de salud empiece a mejorar y podamos rehacer nuestra vida”, dijo la señora a este diario.

Lizcano apareció ante los medios con la mirada perdida. Estaba barbado, con ojeras, arrugado y de pelo largo, con botas de caucho y remera negra enlodada y vieja. Se veía agitado, con miedo, recién llegado de la inhóspita selva y atemorizado. El ministro Juan Manuel Santos le palmoteaba la espalda y él, al principio, reaccionaba con movimientos bruscos. De pronto, comenzó a llorar. Se cubrió la cara con la mano izquierda y en la otra tenía un móvil. Hablaba con la esposa. “No sé describir lo que sentí en ese momento”, expresó Marta Lizcano.

Después, Lizcano se repuso y habló para los periodistas. Estaban cerca a la ciudad de Cali, en una base del ejército a donde llegaron en helicóptero tras el encuentro con los militares en San José del Palmar, territorio entre los departamentos de Risaralda y Chocó, donde la fuerza pública adelantaba operativos desde julio pasado. Otro ex guerrillero, alias “Moroco”, se fugó de la guerrilla y se entregó al gobierno el pasado 10 de octubre. Este ofreció información de la ubicación exacta de la cuadrilla que movilizaba a Lizcano y comenzaron las presiones. “Realizamos un despliegue de ejército y policía en la zona, y mientras se mantenía la presión alias Isaza tomó la decisión de escaparse con el doctor Lizcano”, explicó Santos, y le dio la palabra al ex rehén.

“Deben comprender mi incoherencia por la falta de ejercicio de la palabra toda vez que en la selva no podía hablar”, dijo el político, quien agradeció, primero, al carcelero “que fue valiente saliendo conmigo tan viejo y tan enfermo”, y luego al gobierno colombiano. “¿Qué lo mantuvo vivo todo este tiempo?”, le preguntaron. “Mi barquerita”, dijo refiriéndose a su esposa a quien, en cautiverio, le escribía poesías. “Se me quedaron las últimas veinte que le escribí”, se lamentó. “El me lo había expresado en las pruebas de supervivencia. Siempre decía que él aguantaba por mí, que vivía por sus hijos”, dijo su esposa, quien lo contó a este diario el principal plan que tiene ahora que su marido está libre: “A quererlo mucho, a bregarlo, y a superar juntos todas las secuelas horribles del secuestro”.

Mientras en la Clínica Valle de Lili de Cali constataban que Lizcano está deshidratado y desnutrido, el carcelero ofreció una especie de rueda de prensa para Uribe, quien lo entrevistó sobre lo acaecido en la fuga. “Nos buscaron, pero como estábamos en el monte no éramos fáciles de encontrar”, le dijo Isaza al presidente, quien lo presentó ante los medios de comunicación y lo mandó saludar a todo su gabinete presente. “Vaya, salude al defensor del pueblo, al ministro Arias, a la viceministra de Justicia”, le decía el presidente al ex guerrillero, a quien calificó de “ejemplo”. “Mientras su situación jurídica se resuelve el ejército lo tendrá en las mejores condiciones”, le dijo antes de rematar, en nombre del país, con un “muchas gracias, Isaza”.

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Lizcano apareció con la mirada perdida; estaba barbado, con ojeras, arrugado y de pelo largo.
Imagen: EFE
 
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