EL MUNDO › LOS SINDICATOS Y LOS PARTIDOS DE IZQUIERDA UNEN FUERZAS CONTRA LA POLITICA DE SARKOZY

París bien vale una huelga nacional

Todos los servicios públicos paran hoy bajo el lema de la defensa del empleo y el poder adquisitivo. El plan de reactivación impulsado por el gobierno conservador en plena crisis mundial sólo favoreció a la gran industria.

 Por Eduardo Febbro

Desde París

La combinación de la crisis mundial y una serie de medidas adoptadas por el Ejecutivo francés convergen hoy en Francia en una huelga nacional convocada por todos los sindicatos y los partidos de izquierda en contra de la política del presidente Nicolas Sarkozy. El jefe del Estado enfrenta en la calle una inédita unión de todos los sindicatos así como el retorno a la corriente de los movimientos sociales del Partido Socialista francés, ausente hasta ahora de la escena política. Trenes, autobuses, aviones, Metros, hospitales, servicio público, radio, televisión, teatros nacionales o la educación nacional, todos los sectores se aunaron a una protesta cuyo lema es la defensa del empleo, del poder adquisitivo y de los servicios públicos.

A la crisis financiera mundial, cada día más ensombrecida por los anuncios de recesión, se le agregó todo un paquete de reformas impulsado por el Ejecutivo que transforman el funcionamiento del mercado laboral, la Justicia, el sector audiovisual, la salud y los servicios públicos. Estos últimos, por ejemplo, verán a sus funcionarios recortados en forma sustancial. Los imponentes planes de rescate financiados con dinero público contrastan con los recortes presupuestarios cada vez más secos y numerosos que afectan a muchos servicios históricos de Francia. El plan de reactivación económica impulsado por Sarkozy en plena crisis mundial sólo favoreció a las inversiones y a la gran industria y no a los salarios o al poder adquisitivo. El contraste entre la generosidad hacia algunos sectores y la estrechez hacia otros, el alza del desempleo, el temor de que la recesión se cobre más víctimas sociales y las campanas que marcan el fin de un sueño que Sarkozy hizo nacer durante la campaña electoral con su slogan “trabajar más para ganar más”, han colocado las piezas para que, por una vez, sindicatos y partidos tengan una voz común.

Los sindicatos esperan que hoy sea el día en que se inicie una inflexión en la política gubernamental o que, al menos, se abra un corredor de dialogo con el gobierno. En Francia las huelgas y las manifestaciones son parte intrínseca de la identidad nacional y de una inclinación legítima a no perder los beneficios conquistados a lo largo de la historia. Las organizaciones sindicales apuestan por una jornada histórica mientras que el Ejecutivo, empeñado hace meses en restarle legitimidad a los movimientos sociales, ha cambiado su posición y pasó de casi criminalizar las huelgas a aceptar que, como lo dijo el presiente Sarkozy, “en una democracia es normal que la gente proteste”.

El coctel de descontento sobrepasa en esta ocasión el ámbito sectorial o la mera reivindicación sindical para inscribirse en un horizonte más amplio y peligroso para el Ejecutivo. El problema al que Sarkozy está confrontado hoy radica en su propio discurso y en la realidad mundial: por un lado la crisis y sus consecuencias, por el otro la decisión del presidente de seguir con las reformas cuestionadas desde el principio de su mandato por las organizaciones sindicales. Pero entre ese momento y hoy algo ha cambiado. En julio de 2008, Nicolas Sarkozy había dicho que cuando hay una huelga en Francia nadie se da cuenta. Tal vez hoy sea diferente.

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A la protesta se pliegan autobuses, aviones, metros, hospitales y educación nacional.
Imagen: EFE
 
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