EL MUNDO › SUGIRIó QUE LAS TROPAS ESTABAN EN AFGANISTáN PARA PROTEGER LOS INTERESES ECONóMICOS DE ALEMANIA

La “gaffe” que pudo con Horst Köhler

La abrupta renuncia de Köhler a la presidencia seguramente avivará el debate que existe en Alemania sobre la altamente impopular misión del país en Afganistán. Llega en un momento de caída de la aprobación de Merkel.

 Por Tony Paterson *

El presidente conservador de Alemania, Horst Köhler, presentó su renuncia ayer después de que fuera criticado por comentarios que parecían sugerir que las tropas de su país estaban en Afganistán para proteger los intereses económicos alemanes. El presidente, que es miembro del partido gobernante de la canciller Angela Merkel, la Unión Cristiana Demócrata, dijo que se retiraba inmediatamente de un cargo esencialmente protocolar, en lo que pareció ser un ataque de despecho.

La televisión mostró a Köhler, de 67 años, en el palacio presidencial Bellevue de Berlín con su mujer, Eva Luise. El presidente tenía lágrimas en los ojos mientras anunciaba su decisión de renunciar después de estar en funciones durante seis años. “Fue un honor para mí servir a Alemania como presidente”, dijo. Negó rotundamente que hubiera relacionado la presencia militar de su país en Afganistán con resguardar los intereses económicos de Alemania. “Estas acusaciones son totalmente injustificadas –dijo el ex director gerente del FMI–. No se me ha demostrado el respeto debido como presidente de Estado.”

La abrupta partida de Köhler seguramente inflamará más la controversia que ya existe en Alemania sobre la altamente impopular misión del país en Afganistán, a la que se opone por lo menos el 60 por ciento de la población. El tema será uno más de la creciente lista de preocupaciones políticas, monetarias y económicas que enfrenta el aquejado gobierno de coalición de Merkel.

La canciller alemana describió la renuncia como un golpe serio para su gobierno. Merkel frecuentemente consultaba a Köhler, un ex dirigente del Fondo Monetario Internacional, sobre la crisis del euro. “Traté de hacerlo cambiar de opinión, pero no fue posible. Mucha gente lamentará su partida”, dijo.

El problema surgió hace diez días, después de que el presidente hiciera una breve visita al contingente de 4500 efectivos de las fuerzas armadas alemanas en Afganistán. A su regreso, dio una entrevista en la que reiteró la línea de su gobierno, que Alemania estaba en Afganistán para darle seguridad al país y que era correcto y adecuado que el tema se discutiera. Sin embargo, agregó: “Un país de nuestro tamaño, con su dependencia en comercio exterior, tiene que saber que en casos de desplazamiento militar de emergencia también es necesario para proteger nuestros intereses, por ejemplo las rutas de libre comercio”.

Sus comentarios fueron interpretados inmediatamente como un alejamiento de la línea radical del gobierno en Afganistán, que insiste en que las tropas Bundeswehr están ahí para proteger a los ciudadanos alemanes de ataques de los grupos terroristas islámicos. Köhler dijo que había sido mal interpretado. Un vocero de su oficina aclaró que su comentario se refería al rol de la marina alemana para combatir la piratería internacional y que no había tenido ninguna intención de relacionarlo con Afganistán.

Pero políticos de todos los principales partidos de la oposición de Alemania acusaron al presidente de violar la Constitución al aprobar una misión militar destinada a salvaguardar los intereses económicos alemanes. Tomas Opperman, el líder parlamentario de la oposición Social Demócrata, acusó a Köhler de erosionar la irregular aceptación del público de la misión del ejército alemán en Afganistán. “No estamos luchando una guerra por intereses económicos; es por nuestra seguridad”, insistió.

Klaus Ernst, un alto miembro del Parlamento del partido La Izquierda (ex comunistas), dijo que Köhler había expuesto la “verdad” desnuda de que “los soldados alemanes estaban arriesgando su salud y sus vidas para las cuotas de exportación de enormes empresas”. Varios editorialistas acusaron al presidente de usar una “diplomacia de cañonera”.

La súbita decisión del presidente no pudo llegar en un peor momento para el gobierno de conservadores y liberales libre-demócratas de Merkel. Su coalición está pasando por el nivel más bajo de popularidad en cuatro años, en gran parte como resultado de su mal manejo de la crisis del euro. Afganistán sigue siendo un tema altamente sensible. La oposición pública a la misión alemana aumentó mientras un creciente número de efectivos Bundeswehr han muerto o resultaron heridos en acción en su área de desplazamiento en la provincia del norte de Kundus, que una vez fuera considerada comparativamente pacífica. El año pasado, el rol de las fuerzas armadas alemanas al dirigir un ataque aéreo en un camión tanque secuestrado que mató a docenas de civiles provocó un clamor de pedidos para una total retirada alemana.

En respuesta a las acusaciones de que los políticos están deliberadamente minimizando o ignorando la guerra para aplacar a la opinión pública, Merkel nombró el año pasado al popular político conservador Karl Theodor zu Gutenberg como ministro de Defensa. Una de sus principales contribuciones fue usar la hasta ahora palabra tabú “guerra” en lugar de “misión para mantener la paz” cuando se habla de Afganistán.

El gobierno anunció ayer que Jens Bohrnsen, el socialdemócrata titular de la Cámara alta de Alemania, el Bundesrat, actuaría como presidente interino.

De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.
Traducción: Celita Doyhambéhère.

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