UNIVERSIDAD › LOS PROYECTOS DE LAS NUEVAS AUTORIDADES EN LAS FACULTADES DE LA UBA

“Debatir el modelo universitario”

El decano de Sociales, Sergio Caletti, busca que la facultad sea una referencia para el análisis de los grandes problemas nacionales.

 Por Julián Bruschtein

“La facultad debe ocupar un lugar de referencia para una vasta serie de problemas sociales, políticos, culturales que atraviesan la vida argentina.” El decano de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA), Sergio Caletti, explicó en diálogo con Página/12 el proyecto que impulsará su gestión entre 2010 y 2014. Articular y “producir sinergia” entre las carreras que se dictan en la facultad y profundizar la discusión sobre el modelo universitario nacional son algunos de los puntos que buscará desarrollar en su mandato.

–¿Cuáles son los objetivos de su gestión en Sociales?

–Uno de los puntos importantes es profundizar la relación de la facultad y la sociedad. Es una aspiración muy fuerte de mi parte que la facultad ocupe un lugar, modesta pero no insignificantemente, de referencia para una vasta serie de problemas sociales, políticos, culturales que atraviesan la vida argentina y que se abordan en la facultad. Que ese trabajo pueda formar parte de debates públicos y que la facultad pueda promover, incentivar y participar en estos debates públicos no sólo con la aspiración de mejorar el nivel, sino de contribuir a que las consecuencias prácticas de esos debates tengan mayor vigencia, es un objetivo de esta gestión.

–Sociales es la facultad más nueva de la UBA: ¿faltan acciones para consolidarla, además del edificio único?

–Aspiro a terminar de institucionalizar la facultad. Y por esa misma característica de ser tan nueva tiene una tendencia a compartimentar muchos de sus avances concretos. Por lo tanto, articular, integrar y producir sinergia entre las actividades que cumplen las orientaciones que conviven en los distintos niveles de grado, posgrado e investigación es uno de los cometidos centrales. La participación de los grupos de trabajo en las problemáticas que se vinculan a sus líneas concretas, a la vida interna. Están pendientes la definición y el tratamiento de algunos lineamientos para lograr una diversificación y complementariedad en la oferta del posgrado. Es necesario avanzar en ofertas profesionales y, al mismo tiempo, ampliar ofertas académicas más interdisciplinarias. El posgrado y la investigación, que van juntos, serán una de las zonas en que la facultad seguirá creciendo. En este momento hay ocho programas de posgrado y es probable que pronto se agreguen algunos programas más.

–Después de tantos años de reclamo por parte de la comunidad académica, ¿el edificio único se va a inaugurar durante su gestión?

–En un año y medio finalizará la segunda parte del plan de obra del edificio. Después, el tercer tramo durará cerca de dos años más o menos, con la mudanza de la sede de Ramos Mejía y finalmente la de Marcelo T. de Alvear. Vamos a ver si los tiempos se van cumpliendo en tiempo y forma.

–Existe un debate acerca de la relación de las universidades y el Estado, ¿de qué manera abordará ese vínculo?

–El lugar de la universidad en el país, en los proyectos de país, tiene que ver con las concepciones desde la formación de profesionales hasta el lugar de la producción de conocimientos, las vinculaciones con la sociedad, con el exterior y con los intelectuales en el proceso político y social. Hay una serie de cuestiones que, aun en torno de la Ley de Educación Superior, todavía no terminaron de desobturarse. Este debate tiene más consecuencias de las que pueden estar contenidas en los artículos de una ley. Hay que trabajar en aquello sobre lo que oscila la discusión: el modelo cientificista, el nacional y popular del ’73, el de la primavera alfonsinista...

–¿Cuál cree que sería el modelo para esta etapa?

–Hay que discutirlo. No se han establecido las bases del modelo universitario que le correspondería al país, a su desarrollo, a su vida social, a los sectores mayoritarios. El ingreso irrestricto y la gratuidad son las columnas de la concepción de lo universitario y son herencias que se asumieron legítimamente, pero no a raíz de un debate. Desde el ’83, la Argentina se debe a sí misma un debate que se había postergado infinitamente por el inmediatismo, el peso de la historia –la dictadura, los momentos de primavera nacional y popular o los pasados que fueran–, la reivindicación de otros modelos, típicamente el modelo risierista, que constituye una especie de mito de la universidad argentina. Por eso, mi esperanza es que la Facultad de Ciencias Sociales pueda participar y promover el debate en el seno de la UBA, pero también en el conjunto de la vida universitaria.

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“Aspiro a terminar de institucionalizar la facultad”, dice Caletti.
Imagen: Pablo Piovano
 
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