EL MUNDO › LíDERES DEL GOBIERNO FRANCéS DENUNCIAN “MéTODOS FASCISTAS” DE LA PRENSA

Acorralado, Sarko culpa a los medios

A falta de poder desacreditar a la fuente que destapó el escándalo de los pagos ilegales al partido de Sarkozy, el poder empaña al difusor de la información. Parte de las revelaciones ya fueron corroboradas por la policía.

 Por Eduardo Febbro

Desde París

El poder político francés, acorralado por copiosas sospechas de corrupción al más alto nivel, sacó las garras contra la prensa para desacreditar la implacable acumulación de evidencias que asedian al Ejecutivo de Nicolas Sarkozy. Al día siguiente de las afirmaciones de la contadora de la heredera de la fortuna del creador de la multinacional L’Oréal, Liliane Bettencourt, los líderes de la gobernante UMP salieron en los medios a denunciar los “métodos fascistas” de la prensa, según la expresión empleada por Xavier Bertrand, secretario general de la UMP. La víspera, Claire Thibout, la ex contadora de Bettencourt, amplió en una entrevista publicada por el portal Mediapart las informaciones que había suministrado antes a la policía. La ex responsable de la cuenta dijo que el partido del presidente francés recibió aportes en efectivo por un monto de 150.000 euros para su campaña electoral. Ello condujo a la Fiscalía de Nanterre a abrir una investigación judicial sobre las afirmaciones de Thibout que implican como figura central al actual ministro de Trabajo, Eric Woerth, quien además es el tesorero de la UMP.

Según adelanta el diario Le Monde en su página de Internet, parte de las revelaciones de la ex contadora ya fueron corroboradas por la policía. Claire Thibout contó que en 2007 el administrador de la fortuna de Liliane Bettencourt, Patrice de Maistre, le encargó que extrajera 150.000 para la campaña de Sarkozy. La mujer le habría dicho que sólo tenía autorización para sacar 50.000 euros de las cajas de Liliane Bettencourt. Según ella, el resto del dinero, cien mil euros, fue obtenido por De Maistre y entregado a Eric Woerth. El periódico indicó que la policía dio con las huellas de los 50.000 euros extraídos en la agencia y el día precisado por la contadora. El ministro de Trabajo, Eric Woerth, cuya esposa trabajaba en la gestión de la fortuna de Bettencourt cuando Woerth era titular de la cartera de Presupuesto, refutó la autenticidad de los hechos que lo ligan a esta historia y presentó una querella contra X por “denuncia calumniosa”. Al mismo tiempo, la UMP subió al escenario para defenderlo a través de un ataque afilado contra la prensa. A falta de poder desacreditar a la fuente, el poder participa en ese conocido deporte que consiste en empañar al difusor de la información.

Ministros y líderes conservadores compitieron en una feroz danza de declaraciones hostiles dirigidas a los medios, en particular Mediapart, cuyo director, Edwy Plenel, es un ex periodista de Le Monde que ya fue víctima del espionaje ilegal organizado por el difunto presidente socialista François Mitterrand. El ministro de Industria, el de Defensa y otros hombres políticos de peso abrieron fuego cruzado hacia la prensa acusándola de “tiranía” y de “colusión trotskista”. Algunos culparon a Mediapart de estar manipulada por los socialistas, otros argumentaron que las revelaciones cotidianas aportadas por Mediapart no eran sino parte de una guerra entre la prensa tradicional y los medios en Internet. El director de Mediapart, Edwy Plenel, decidió presentar una querella ante la Justicia por esos ataques que traducen el nerviosismo que agita al poder. El primer ministro francés, François Fillon, cerró filas para proteger al ministro salpicado por el escándalo y terminó asegurando: “No cederemos a toda esta agitación”.

Edwy Plenel calificó la ofensiva de la clase política conservadora como “un desprecio profundo de la democracia y la justicia”. Por su parte, el sindicato SNJ-CGT de los periodistas puso en tela de juicio lo que consideró como “un auténtico ataque en regla contra la profesión”. El Ejecutivo no cede al avance aplanador de las informaciones que cercan cada día más al ministro de Trabajo. El titular de esta cartera es un hombre clave en el dispositivo del presidente francés por cuanto en él recae la misión de llevar a cabo la reforma del sistema de jubilaciones, la medida más importante y controvertida del mandato de Sarkozy. No obstante, la andanada de declaraciones de ayer ponen a Francia en total contradicción con la tradición histórica de libertad de expresión que reivindica. “Cacería humana, “olor a sangre”, “época de Stalin”, “fascistas”, la contraofensiva del poder no escatimó términos para ensuciar a la prensa. Sarkozy también intervino para burlarse de Edwy Plenel, al que acusó de estar vestido con la ropa de “mártir” heredada del espionaje telefónico de Mitterrand y que ahora “utiliza sin ética ni metodología”. No es nada sorpresivo que las revelaciones más comprometedoras vengan de los medios en línea. Hay en Francia pocos medios escritos o audiovisuales capaces de mantener una línea coherente o una investigación sólida, sea cual fuere el poder atacado. Su servilismo, su gusto inmoderado por la glosa y la opinión, la autopromoción, el vicio aburrido por las figuras de estilo en lugar de la información, la falencia sobrenatural de protocolos de verificación, su proximidad carnal con el sistema político y el hecho de que la casi totalidad de los medios pertenezcan a corporaciones multinacionales no hacen de la prensa nacional un ejemplo de calidad, de independencia y de legitimidad. No obstante, la UMP parece haber perdido un eslabón de la comprensión de los medios, sobre todo los de Internet, muy utilizados por la juventud. La ofensiva de ayer no termina de aclarar el tema de fondo, más bien levanta una cortina de humo que deslegitimiza a sus protagonistas.

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Sarkozy no cede al avance aplanador de las informaciones que cercan cada día más a su ministro de Trabajo.
Imagen: EFE
 
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