EL MUNDO › MANIFESTANTES Y POLICíAS CHOCARON DURANTE UNA PROTESTA POR AJUSTES ANUNCIADOS EN BARCELONA

Viajan en helicóptero para evitar a indignados

Los incidentes comenzaron por la mañana, cuando los diputados de distintas formaciones políticas catalanas se encontraron con gran cantidad de manifestantes que trataban de impedir su arribo al Parlamento regional.

 Por Oscar Guisoni

Desde Madrid

Un puñado de diputados regionales catalanes se vio ayer obligado a utilizar helicópteros para llegar a la sede del Parlamento regional para evitar las protestas de los indignados que habían rodeado el recinto. El incidente, que se saldó con una cuarentena de manifestantes y policías heridos, se produjo en el momento en que el gobierno catalán se aprestaba a someter a votación de la Cámara los presupuestos para el próximo período legislativo, que incluyen brutales recortes en sanidad y educación, con el objetivo de reducir el gasto público. El movimiento condenó las posibles actitudes violentas que pudieron haber tenido algunos de sus miembros más radicales en Cataluña.

Los incidentes comenzaron por la mañana, cuando los diputados de distintas formaciones políticas catalanas se encontraron con gran cantidad de manifestantes que trataban de impedir su arribo al Parlamento regional. Bajo una lluvia de insultos y cantos hostiles, los pocos dirigentes que se atrevieron a saltar el cerco con la ayuda de los Mossos d’Esquadra, la policía regional, tuvieron que dar marcha atrás o refugiarse en comisarías de la zona cuando los indignados les arrojaron desde cáscaras de fruta hasta pintura en aerosol.

Ante la imposibilidad de comenzar las sesiones del Parlamento, Artur Mas, el líder conservador de Convergencia I Unió recientemente elegido como presidente del gobierno regional y un puñado de diputados de sus partidos, decidieron utilizar helicópteros para llegar al recinto salteándose a los manifestantes. El Parlamento estaba convocado para votar un riguroso plan de ajuste que ya ha merecido críticas y manifestaciones contrarias de sindicatos y partidos políticos de izquierda, que consideran estas medidas como una especie de prueba piloto que anticipa las que tiene previsto tomar el Partido Popular si gana las elecciones generales el próximo año.

El 15-M de Barcelona había convocado durante los días anteriores a manifestarse frente al Parlamento para hacer notar su repulsa al ajuste y la policía regional había intentado durante el día anterior impedir que los manifestantes bloquearan el acceso a la sede legislativa. Pero la multitudinaria manifestación sorteó el cerco policial. Los Mossos no tardaron en reprimir a los manifestantes, provocando heridas a unas 45 personas, al mismo tiempo que la totalidad de las fuerzas políticas catalanas, incluidos los partidos de izquierda, criticaban a los indignados por la virulencia de la protesta. Se ha traspasado una línea roja, bramó un enfurecido Artur Mas cuando comenzó su discurso en un recinto semivacío, al tiempo que advertía a la población que en los próximos días su gobierno se verá obligado a hacer “uso legítimo de la fuerza” para frenar las protestas, y recordó que “en una democracia, la fuerza es monopolio del Estado de derecho”. Por la tarde, bajó un poco la tensión y los diputados lograron salir por la puerta del Parlamento.

Ayer la palabra democracia se instaló también como por arte de magia en gran parte de los comunicados políticos que a nivel nacional hicieron los grandes partidos PP y PSOE, incluyendo a Izquierda Unida, para rechazar lo que consideran un exceso del 15-M. El presidente del Congreso nacional, el socialista José Bono, también clamaba por el uso de la ley contra los indignados y los diputados catalanes recordaban que mientras a ellos los habían elegido 3,2 millones de personas, los manifestantes eran apenas 2000. El líder del PP Mariano Rajoy también se manifestó: “Los demócratas no pueden amparar esto”, advirtió. El nerviosismo y el discurso represor poco a poco va ganando espacio entre una atemorizada clase política, poco acostumbrada a este tipo de escraches. Y los medios de comunicación, que en algunos casos contados habían saludado con entusiasmo la irrupción del movimiento contestatario, comienzan a desplegar su batería de “peros” con el objetivo de aislar al 15-M de las simpatías públicas.

El propio Cayo Lara, coordinador nacional de Izquierda Unida, sintió ayer la fuerza del rechazo que generan los políticos, sin distinción de banderías, entre los indignados. La plataforma Democracia Real Ya, puntapié inicial del 15-M, había convocado a una manifestación espontánea en un barrio de Madrid para impedir el desalojo de una vivienda ocupada por una familia que no pudo hacer frente al pago de su hipoteca. Cayo Lara asistió, junto a unos 500 manifestantes, que lograron impedir el desahucio, pero el líder de IU terminó siendo increpado por un grupo de indignados cuando advirtieron que estaba hablando con los medios de comunicación, al grito de “oportunista”.

Ante la tensión que se ha instalado en las calles, algunos gobiernos regionales, como el de la Comunidad Valenciana, que deberá asumir hoy, han tomado medidas extremas de seguridad para impedir más protestas. En Valencia el denunciado Francisco Camps, del Partido Popular, asume su tercer mandato al frente de la región en medio de un gran escándalo de corrupción que involucra a la plana mayor del partido. La alcaldesa de la ciudad, la conservadora Rita Barberá, criticó duramente a los indignados el martes cuando asumió y los acusó de estar plantando marihuana en las plazas. Nada dijo, en cambio, de los múltiples escándalos de corrupción que sacuden a su partido.

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El diputado López Tena recibe insultos de indignados camino al Parlamento catalán.
Imagen: AFP
 
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