EL MUNDO › MAS DE LA MITAD DE LOS PROYECTOS DE ESTADIOS, AEROPUERTOS Y REDES VIALES ESTAN DEMORADOS

Lo que falta en Brasil para el Mundial

De las doce ciudades-sede del evento deportivo, sólo cinco empezaron parte de las obras previstas. Hay problemas en licitaciones y denuncias de corrupción que generan embargos judiciales. El gobierno asegura que todo estará listo a tiempo.

 Por Eric Nepomuceno

Desde Río de Janeiro

Dilma Rousseff y el ex futbolista Pelé visitaron el viernes el estadio Mineirao de Belo Horizonte.
Imagen: EFE.

Faltan menos de mil días para el 12 de junio de 2014, cuando empieza en Brasil el Mundial de Fútbol. Y faltan muchas otras cosas: estadios, aeropuertos, falta una red de telecomunicaciones capaz de soportar la demanda que vendrá, faltan plazas hoteleras y redes viales urbanas, faltan obras de estructura.

De un total de 81 proyectos, que van de reformas de estadios a ampliación de aeropuertos, pasando por grandes intervenciones urbanas, 52 no han salido del papel. O sea, más de la mitad: 64 por ciento. No se sabe cuál será el volumen de inversiones demandadas por la realización del Mundial de 2014, pero un estudio rápido señala al menos unos 15 mil millones de dólares destinados directamente a la realización del Mundial. El gobierno asegura disponer de reservas de hasta 17.500 millones de dólares para que todo esté listo a tiempo. Y ese es el gran enigma: ¿estará?

El resumen del cuadro es preocupante: pasados casi cuatro años del anuncio oficial de que Brasil tendría su Mundial en 2014, más de la mitad de las obras previstas, y que el país asumió como compromiso, todavía no han empezado. Ahora hay que contar con la suerte para que no haya huelgas en las obras (ya las hay), problemas en licitaciones (hay, y son muchos), denuncias de corrupción (aumentan a cada día) que generen embargos judiciales (ya empezaron a ser decretados), y que las constructoras beneficiadas por contratos millonarios cumplan con su cronograma (técnicos e ingenieros dudan que al menos tres estadios estén listos a tiempo).

Las grandes intervenciones urbanas, en especial las relacionadas con transportes y soluciones viales, serían, según el discurso oficial, el principal legado del Mundial para las ciudades brasileñas. De las 49 anunciadas, solamente nueve empezaron.

Para esas obras urbanas están previstas inversiones superiores a unos 7 mil millones de dólares. Para apresurar su realización, será necesario aumentar considerablemente ese valor, inyectando nuevas cláusulas y condiciones en los contratos con los gigantes de la construcción. De las doce ciudades-sede del Mundial, cinco empezaron, tímidamente, parte de las obras previstas. Las demás, nada.

Cuando se trata de identificar y localizar los principales talones de Aquiles de la organización del Mundial de 2014, la impresión es que se está delante de un ciempiés. Por donde quiere que se mire, se detecta de inmediato un punto altamente vulnerable. Docenas y docenas de talones de Aquiles.

Los aeropuertos brasileños, por ejemplo, son un desastre de eficacia y un derroche formidable de dinero en obras inútiles. Parecen enormes y carísimas construcciones sin función práctica, ya que los servicios e instalaciones que efectivamente interesan –capacidad de las pistas, instalaciones destinadas a embarque y desembarque, almacenaje y distribución de carga y equipajes– son de alta precariedad.

Para remodelar, ampliar, modernizar y reformar los aeropuertos de las ciudades-sede fueron destinados 4 mil millones de dólares. Basta con conocer a cualquier aeropuerto brasileño para preguntar si esos recursos serán suficientes, ya que son de una precariedad impactante y la calidad de instalaciones y servicios, casi ofensiva.

Fue precisamente en las obras de los terminales aéreos que la Justicia empezó a descubrir indicios consistentes de desviación de recursos, sobreprecio y otros flagelos hartamente conocidos de la corrupción en nuestras comarcas.

En todo caso, de poco o nada serviría tener aeropuertos aptos para recibir a torrentes de turistas atraídos por la magia del fútbol sin que existan estadios para los partidos, y ese es otro punto de tensión. Hay huelgas intermitentes en las obras de los estadios de Belo Horizonte (presupuesto de remodelación: unos 400 millones de dólares) y del mítico Maracaná en Río de Janeiro (presupuesto de reforma: 505 millones de dólares). Hay demoras preocupantes en los estadios de San Pablo (presupuesto de construcción: 482 millones de dólares, lo que significa que sale más barato construir un estadio de 65 mil plazas que reformar el Maracaná con sus 78 mil) o Natal, en el nordeste (presupuesto de construcción: 235 millones de dólares), cuyas obras siquiera han empezado.

Pese a todo, interlocutores cercanos a la presidenta Dilma Rousseff aseguran que ella tiene certeza de que todo estará listo a tiempo y con la calidad exigida y esperada. Nada le quita a la presidenta una de sus características centrales: la de gestora eficaz y rigurosa, conocida por su obstinación por detalles y datos minuciosos y concretos. No hay semana en que no pida explicaciones, explanaciones, minucias, sobre cada una de las obras relacionadas con el Mundial de 2014.

Si para la inmensa mayoría de los mortales la certeza de Dilma se parece a un surto de optimismo exagerado, para sus allegados se parece claramente a convicción. Ella dice y reitera que todo saldrá a contento.

Ese es el panorama general cuando faltan menos de mil días para que empiece el segundo Mundial disputado en Brasil. El anterior, en 1950, tuvo un final de pesadilla. Brasil brilló en las canchas más que las estrellas en el firmamento. En el partido final, frente a Uruguay, le bastaba con un empate para sacramentarse como lo que era: el mejor del mundo. Perdió por dos a uno. Fue el estreno del Maracaná, y lo que se oyó de las 200 mil personas que aquella tarde desbordaban el estadio ha sido, en palabras del dramaturgo y cronista deportivo Nelson Rodrigues, “el más elocuente de los silencios”.

Por lo que se vio hasta ahora, el desempeño del equipo que se prepara frente al Mundial de 2014 está muy parejo a lo que se ve fuera de las canchas: totalmente desencontrado. Pero al menos de momento, mejor dejar ese tema para otra crónica. Ya basta con las otras preocupaciones, que exigen a más de un Pelé para superar los obstáculos. Y más: dos años después del Mundial, Río de Janeiro tendrá los Juegos Olímpicos de 2016. Hay mucho con que preocuparse, y mucho más habrá.

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