EL MUNDO › EL RESPALDO A LA PROTESTA VA MáS ALLá DE LOS RECLAMOS EDUCATIVOS

Los estudiantes chilenos levantan temperatura

Las últimas encuestas sólo dan un 24 por ciento de apoyo a la gestión de Piñera, el más bajo desde que volvió la democracia.

 Por Christian Palma

Desde Santiago

La pareja bordeaba los 70 años. El vestía una campera café. Ella, un abrigo en el mismo tono, para capear el frío otoñal en Santiago. Pero la gélida mañana duró poco. De a poco los entusiastas abuelos se confundieron con la masa que otra vez salió a las calles a reclamar por un modelo económico que los deja fuera, que no les abre las puertas a ese Chile mejor que pregona La Moneda. Y el calor invadió la interminable fila que cruzó Santiago.

“Por el futuro del país, de no-sotros, exigimos derechos: a la educación, a la salud, a la seguridad social, al trabajo, a salarios dignos, a la dignidad. Gracias por luchar”, se leía en un cartel que los abuelos se turnaban en mostrar con orgullo en medio del carnaval en que se transformó esta nueva convocatoria de los estudiantes universitarios y secundarios del país, coloreada con miles de lienzos, pancartas, disfraces, tambores bulliciosos y hasta algunos intentos de desnudos.

La leyenda ejemplificaba el sentir ciudadano y que no pasa solamente por el reclamo contra la mala educación chilena sino por carencias que se han arrastrado por varios lustros y que la población ya no tolera más.

Este rechazo se ha visto plasmado en las últimas encuestas, que sólo dan un 24 por ciento de apoyo a la gestión del presidente Sebastián Piñera –el más bajo desde que volvió la democracia–, a pesar de grandilocuentes proyectos de ley como una reforma tributaria para captar más recursos en pos del sistema educativo, sacar a la banca del sistema de becas educacionales o números positivos en generación de empleos o crecimiento económico. Sin embargo, las cifras macro no convencen y las calles fueron otra vez el escenario perfecto para criticar a la clase política.

Esto porque la oposición, que gobernó Chile por veinte años, también ha sufrido el descontento ciudadano en las encuestas de opinión. La única que escapa a este descalabro político es la ex presidenta socialista Michelle Bachelet, que desde una silente posición en la ONU, y casi sin despeinarse, exhibe más del 50 por ciento de las preferencias cuando en los sondeos se pregunta quién quiere que sea el próximo presidente de Chile.

Sus contendores de derecha y de la misma Concertación miran desde lejos los tacos a Bachelet; sin embargo, esto a los jóvenes poco importa.

“No dejemos que nos sigan pasando por encima. Marchamos porque tenemos convicciones profundas: una reforma tributaria que redistribuya la riqueza del país y no este ajuste hecho a la medida de los ricos, para poder financiar una reforma que comprende la educación como un derecho”, arengaba de entrada Gabriel Boric, el presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH). Ante las cámaras de televisión, añadió: “No salimos a marchar porque nos guste, pero tenemos la convicción de que la educación es un derecho social que debe ser garantizado por el Estado. Salimos a la calle con alegría, pero también con mucha impotencia de ver cómo después de un año de movilización no avanzamos. La educación en Chile segrega, debemos recuperar nuestra capacidad de indignación frente a este tema”, sostuvo.

Por su parte, Noam Titelman, de la Universidad Católica, precisó los dos problemas más urgentes que el gobierno no ha resuelto: “Qué harán para evitar que recursos de todos los chilenos financien proyectos con fines de lucro (en alusión a los planteles de educación superior) y qué medidas tomará el gobierno para revivir una educación pública que está a medio morir. No queremos caer en los mismos errores que ha caído el gobierno, anunciando la solución a todos los problemas”, indicó.

Al final del día, fueron más de cien mil personas las que caminaron por la Alameda. El marco de gente puso los pelos de punta en el gobierno, tomando en cuenta que el próximo 21 de mayo, Piñera, haciendo honor a una vieja tradición republicana, dará cuenta al país de su gestión y de su lineamiento político futuro en el Congreso en la ciudad-puerto de Valparaíso. Lugar en el que podrían realizarse protestas masivas como ocurrió el año pasado, cuando los proyectos en educación presentados en el discurso del presidente no convencieron a los dirigentes. Esto encendió la chispa de la crisis del sistema en Chile, que a la fecha ya ha generado el cambio de tres ministros de Educación, una baja inédita en aprobación ciudadana al gobierno y la irrupción de Camila Vallejo y otros dirigentes estudiantiles como una opción de cambio al rancio y empaquetado establishment chileno.

“Sabemos que esta marcha es la antesala al discurso presidencial del 21 de mayo. No sólo queremos criticar sino también ser parte de la solución”, dijo Titelman en un claro llamado a la autoridad para ser considerados en las propuestas. A su vez, Boric señaló que “esperamos que Piñera no sólo se refiera a lo que se ha hecho en educación sino que además asuma la responsabilidad que viene para adelante... que se comprometa a asumir cambios de fondo, de paradigma en la educación en Chile”.

Cerca del fin del acto que dio por concluida la marcha, Gabriel Boric tomó la palabra otra vez. Aseguró que los 700 millones de dólares que se recaudarán con la reforma tributaria están muy lejos de las estimaciones mínimas, que hablan de 5 mil millones de dólares para financiar toda la educación chilena. “Pongámonos serios. Se lo pedimos por favor, dejen de tomarnos el pelo”, dijo. Acto seguido, lanzó un duro discurso que calentó más los ánimos. “¿Podemos los estudiantes creer en lo que dice el presidente? Estamos acá para pelear por un nuevo tipo de democracia. Esta lucha no se va a acabar este año, tenemos que recuperar nuestros derechos. Nos dicen que pedimos algo extemporáneo, pero es el sistema actual el que no convoca a nadie... Vamos a seguir siendo rebeldes, queremos transformarlo todo y no vamos a cejar hasta que este sistema cambie. No queremos migajas.” Finalizada la marcha, jóvenes a cara cubierta se enfrentaron con carabineros a pedradas, lanzaron bombas molotov y destruyeron propiedad pública y privada, como es habitual en cada manifestación estudiantil. Detenidos y mucho gas fue la respuesta de carabineros.

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La marcha excedió el reclamo estudiantil para alcanzar a toda la gestión de Piñera.
Imagen: EFE
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