EL MUNDO › ARRANCó LA CAMPAñA POR LAS ELECCIONES AL PARLAMENTO EUROPEO

Europa queda muy lejos de España

Los candidatos a eurodiputados de las principales fuerzas políticas españolas iniciaron una campaña electoral marcada por el desinterés y el escepticismo de la mayoría de los ciudadanos, en un contexto de crisis.

 Por Flor Ragucci

Desde Barcelona

“Ellos se lo guisan, ellos se lo comen”, dicen los españoles cuando el resultado de una acción sólo está destinada a quien la lleva a cabo, es decir, cuando lo único importante es que el guiso lo disfrute el propio cocinero y poco o nada importa el resto de comensales. La popular frase podría resumir lo que en estos momentos sucede en España ante el inicio de la campaña por las elecciones al Parlamento Europeo. “Ellos”, los que preparan el puchero, serían los partidos políticos y el resto de comensales, el pueblo, la gente a la que pareciera darle lo mismo que se convoque o no a las urnas el próximo 25 de mayo. Al menos así lo demuestra la última encuesta del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas), cuyos datos destacan la baja implicación de los ciudadanos en unos comicios que consideran ajenos a su realidad inmediata. Según el sondeo, más de la mitad de los consultados (51,2 por ciento) no sabe qué día se celebrarán las próximas elecciones europeas, y un 76,5 por ciento reconoce que sigue con poco o ningún interés las noticias sobre estas votaciones.

El alto porcentaje de abstención que el estudio del CIS recogió (se teme un 60 por ciento) ratifica la tendencia que ya se observó en las elecciones pasadas, en 2009, cuando el 55,1 por ciento de los españoles no acudió a las urnas para decidir quiénes serían sus representantes en el Parlamento Europeo. Por eso, el llamado a la participación ciudadana es uno de los puntos más reiterados en el discurso de los candidatos desde que este viernes arrancara la campaña electoral.

El descrédito hacia las instituciones y el rechazo generalizado a la política de recortes impuesta por la Troika son dos de los principales motivos de desconfianza hacia la posible capacidad de acción de los eurodiputados ante los problemas de Europa. La gestión de la crisis económica que atraviesa el continente desde hace más de cinco años se plantea como el gran reto de todas las formaciones que presentan candidatura, pero ni las medidas de austeridad que propone el Partido Popular ni las de crecimiento e inversión de los socialistas terminan de convencer a una sociedad, desencantada tras la falta de signos de mejora y el goteo constante de casos de corrupción en el seno de ambas agrupaciones.

Pero más allá de que en las casas poco o nada se hable acerca de las elecciones europeas, la campaña empezó el viernes con bombos y platillos y la batalla entre las dos principales fuerzas políticas es tapa hoy de todos los diarios españoles. Y si bien el tradicional bipartidismo volvió a ratificarse en la encuesta del CIS, ya que entre el Partido Popular (PP) y el socialista (PSOE) aglutinarían más del 60 por ciento de los votos, en comparación con los comicios del 2009 ambas formaciones perderían escaños, abriéndose una brecha para el ascenso de grupos minoritarios. Los populares, que actualmente ocupan 23 sillones en Estrasburgo, obtendrían –de acuerdo con los pronósticos del estudio– 20 o 21 lugares, y el PSOE, que tiene 21 eurodiputados, se quedaría con 18 o 19. El CIS estima que la candidatura del partido de Mariano Rajoy, liderada por Miguel Arias Cañete, obtendría el 33,7 por ciento de los votos, lo cual supondría una caída de nueve puntos respecto de 2009 (cuando recibieron el apoyo del 42,72 por ciento de los votantes), y la lista de los socialistas, encabezada por Elena Valenciano, sacaría el 31 por ciento de los sufragios, ocho puntos menos que en las elecciones anteriores.

Entusiasmada con este posible descenso de los dos partidos mayoritarios, Izquierda Unida (IU) tomó la delantera en la carrera por los sufragios perdidos. El coordinador general de la coalición, Cayo Lara, pidió este sábado en un acto de campaña en Barcelona que “el voto de hoy sea un arma cargada de futuro para acabar con el bipartidismo” y recordó que sólo IU posee “la autoridad democrática de haber estado en todas las movilizaciones, además de contar con un programa, al contrario que PP y PSOE, que no lo necesitan, porque lo marca la Troika”.

Por otra parte, la gran sorpresa que trajo la encuesta fue la posible irrupción en Bruselas de la recién creada candidatura de Podemos, una plataforma que aglutina diversas organizaciones de izquierda contrarias a las políticas de austeridad impuestas por el FMI, el Banco Europeo y los partidos conservadores. De acuerdo con los datos del CIS, el profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid, Pablo Iglesias, se haría con un escaño en el Parlamento Europeo de Estrasburgo, al lograr el 1,8 por ciento de los apoyos en las urnas.

La flamante formación decidió empezar su campaña en Berlín para, según aseguró uno de sus portavoces, “brindar apoyo a los exiliados, denunciar las políticas del gobierno de Merkel y recuperar la soberanía”, al mismo tiempo que aprovechaba para situarse lejos de la batalla campal que desde el primer momento libraron entre sí PP y PSOE. Los mutuos reproches acapararon el debate político, con frases como “si yo fuera socialista les pediría perdón a los españoles por todo el daño que le han hecho”, en boca del candidato conservador Miguel Arias Cañete, o el énfasis en marcar la diferencia con el PP por parte del líder socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, insistiendo en que “no pueden ser iguales dos partidos cuando uno hace lo contrario al otro: el PSOE creó la sanidad universal y la derecha trata de socavar sus cimientos. No pueden ser lo mismo ni en España ni en Europa”.

Las candidaturas cuentan con quince días para convencer al electorado. Pero la falta de propuestas concretas y los discursos centrados en el ataque del rival no parecen ser un buen camino para movilizar al voto a miles de ciudadanos que no se sienten representados por ninguna de las fuerzas políticas españolas ni por el proyecto de una Europa unitaria que se pretende legitimar con las elecciones del 25 de mayo.

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Los reproches mutuos entre el PP y el PSOE acapararon el debate político ante un electorado apático.
 
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