EL MUNDO › HOY SE VOTA EL REFERENDUM INDEPENDENTISTA

Escocia decide si se desune el Reino Unido

Las encuestas le dan una exigua ventaja al “no”, pero la clave del resultado la tienen los indecisos, entre el 15 y el 20 por ciento del electorado.

 Por Marcelo Justo

Desde Londres

Con un simple “sí” o “no” a la pregunta “¿Debería Escocia ser un país independiente?”, más de cuatro millones de escoceses van a un referéndum hoy que puede poner fin a su unión con Inglaterra y Gales. Las encuestas le dan una exigua ventaja al “no” y las casas de apuestas se han jugado por la permanencia de Gran Bretaña, pero la clave del resultado la tienen los indecisos, entre el 15 y el 20 por ciento del electorado.

En un último día frenético de campaña, los partidarios del “sí” sacaron a la calle a unos 40 mil militantes para repartir tres millones de folletos explicando por qué llegó la hora de que Escocia se independice. Más de 500 actos callejeros transmitieron el mismo mensaje, cargado de pasión militante y sueños de refundación nacional.

El “sí” planea seguir su campaña hoy durante la votación. Los activistas se harán presentes en las 2608 urnas del país para dar la bienvenida a los votantes. “Si ven una cara sonriente antes de emitir el voto, puede ser decisivo porque cada voto cuenta”, se esperanzó en declaraciones al Financial Times Norman Mac Leod, concejal del Partido Nacionalista Escocés.

La gran diferencia entre el “sí” y el “no” ha sido esta pasión militante y el potencial que ofrece el sueño de la independencia. El “no” –“Better together” es el título de la campaña– se ha caracterizado por un mensaje de apocalipsis económico-social si se separan de Inglaterra y Gales combinado con promesas y confesiones un poco tardías de amor cuando los sondeos vaticinaron un triunfo del “sí” hace 10 días.

Esta semana los líderes de los tres principales partidos británicos –el primer ministro conservador David Cameron, Ed Miliband por los laboristas y Nick Clegg por los liberal demócratas– se comprometieron a profundizar la actual autonomía de Escocia y mantener la “fórmula Barnett” que les otorga a los escoceses un mayor gasto fiscal por persona que a cualquier otra región de Gran Bretaña.

En Londres, el lunes unas cinco mil personas se congregaron en Trafalgar Square, encabezadas por el músico Bob Geldorf, para pedir a los escoceses que siguieran en la unión. “We love Scotland. Please stay with us”, decía una de las pancartas. Pero no todo ha sido amor. Las amenazas han estado a la orden del día. Las empresas, los bancos, los políticos, la inmensa mayoría de los medios, encabezados por The Economist, han advertido sobre un futuro aciago si se adopta la ruta de la independencia.

La batalla por el voto se trasladó a las celebridades. El futbolista David Beckham, el ex beatle Sir Paul McCartney, el físico Stephen Hawkings y la actriz Judi Dench se manifestaron a favor del “no”. El James Bond de Su Majestad Sean Connnery, el músico Rod Stewart y la creadora de la moda punk Vivienne Westwood se inclinaron por el “sí”.

La misma reina Isabel II consiguió transmitir su mensaje sin abandonar la exigencia constitucional de que, como jefa de Estado, se mantenga enteramente imparcial en cualquier votación. “Espero que los escoceses reflexionen detenidamente sobre su voto”, dijo la monarca. A nivel internacional el ex presidente Bill Clinton, el ex jefe de la Reserva Federal de los Estados Unidos Alan Greenspan y el Premio Nobel Paul Krugman apoyaron el “no”.

El peso de estos nombres en los votantes parece virtualmente nulo. Un escocés, Andy Arthur, tuiteó que “nada va a alterar la decisión informada que alcancé por mí mismo”. No sorprende porque el nivel de debate político ha sido notable en un país como el Reino Unido, que se caracteriza más bien por la apatía. Un 97 por ciento del electorado se ha registrado para votar y se calcula que la participación será como mínimo de un 80 por ciento. Según el actual jefe de gobierno de Escocia y líder de los nacionalistas, Alex Salmond, “ésta ha sido una fiesta de la democracia, del empoderamiento de la gente”.

Los sondeos indican que la clase trabajadora, muy golpeada por la desindustrialización thatcherista de los ’80, se inclinará por el “no” y que hay un creciente efecto dominó sobre la importante masa de laboristas escoceses que ven en la independencia una alternativa al gobierno conservador del primer ministro Cameron. Entre los jubilados predomina el voto por el “no” por el temor a que la independencia afecte el financiamiento de sus pensiones. El resto –dividido por género o por edad o extracción social– divide su intención de voto en partes más o menos iguales.

La proporción de miedo y esperanza que decida el voto de los indecisos será clave. Un diálogo registrado por la prensa británica es ilustrativo. “Puedo ver la validez de ambos argumentos, pero no me puedo decidir”, le indica un votante a un activista del “sí”. “¿Quiere un folleto?”, le ofrece el activista. “No, ya tengo suficientes folletos. Lo decidiremos por la noche con mi esposa.”

Razones para la indecisión no faltan. Entre las preguntas que plantea el “sí” hay dos de enorme incertidumbre: ¿mantendrá Escocia la libra esterlina?, ¿seguirá siendo un miembro de la Unión Europea o tendrá, como nuevo Estado, que ponerse en la cola de los que solicitan membresía? La respuesta a estas preguntas se sigue con mucho interés en España, que tiene que lidiar con el separatismo de vascos y catalanes.

En una intervención, este martes por la noche, en el programa más influyente de la BBC, Newsnight, el secretario de Estado de Asuntos Europeos de España, Iñigo Méndez de Vigo, señaló que la membresía de un nuevo Estado en la Unión Europea tomaría “al menos cinco años” y sólo se lograría con “la ratificación por los 28 Parlamentos nacionales, y siempre que los 28 gobiernos lo hayan aprobado por unanimidad”. El peso de este argumento es relativo si se tiene en cuenta que el premier Cameron ha prometido un referendo en 2017 si gana las elecciones del año próximo para que los británicos decidan si el Reino Unido debe seguir o no en la Unión Europea.

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La clase trabajadora, muy golpeada por la desindustrialización thatcherista, se inclinará por el “no”.
Imagen: AFP
 
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