EL MUNDO › OPINION

Federalismo británico

 Por Guillermo Makin *

La independencia no es muy racional desde el punto de vista económico, financiero y regulatorio. Escocia no tiene moneda ni banco central, y el Royal Bank of Scotland y el HBOS fueron dos de los problemas que en 2008 resolvió el Banco de Inglaterra (el banco central británico). Las encuestas, excepto la que causó sensación en el Sunday Times, del 7 de septiembre, basada en una serie de presunciones metodológicamente heterodoxas sobre los indecisos, siguen dando un triunfo ajustado al no.

El tema es que toda encuesta se basa en una muestra, y el universo de los votantes en un país donde no hay voto obligatorio se construye de forma distinta para un referéndum tan movilizatorio que para el de una elección normal. Ese es un problema técnico que afecta la credibilidad de las encuestas.

Salmond, el primer ministro de Escocia, dijo el domingo 14 que no propondrá otro referéndum si pierde.

Una consecuencia en un país que no sabe qué es el federalismo (un invento de EE.UU.) es que, sea cual fuere el resultado, se va a federalizar al conjunto del Reino Unido en forma despareja. Cada caso será distinto con Gales, Irlanda del Norte y las regiones en Inglaterra. Si ganara el sí, la independencia desataría un largo proceso de negociación entre Escocia y los ingleses, estimado en tres años, y con la UE por un lapso similar.

La reina cultiva su tradicional neutralidad política. Se limitó a afirmar su confianza en que el pueblo escocés pensara bien cómo emitir su voto retando por implicación a los ministros que pugnaban por que interviniera. Como reina de Inglaterra y como seguirá siendo reina de Escocia seguramente influirá por medio de sus usuales reuniones semanales con sus ministros donde aconseja y es escuchada dados sus 60 años de experiencia como jefa de Estado.

Con los intereses argentinos en mente, a nuestro país le convendría un Reino Unido desunido con un presupuesto de defensa que no puede construir y equipar portaaviones. La independencia de Escocia forzaría a mudar la base de los submarinos nucleares, un proyecto que con un costo de 16 mil millones de libras sometería el presupuesto de defensa a críticas reconsideraciones

Si compramos aviones de 40 años a Israel –que seguramente informará a los británicos de sus características– y dejamos hundir un barco importante de la flota en los puertos, ¿cómo podemos estar seguros de que sabremos usar la oportunidad que resultaría de una Gran Bretaña disminuida por la independencia de Escocia? ¿Seguiremos con las proclamas, los juridicismos, a la que es tan afecta nuestra Cancillería, y recurriendo a la ONU? A la fecha, dicha táctica, sumada a la falta de credibilidad operativa de las Fuerzas Armadas argentinas en el Atlántico Sur, no llevó ni a una negociación.

* Investigador asociado, Centre of Latin American Studies University of Cambridge, Gran Bretaña.

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