EL MUNDO › LA FOTO DEL CADAVER DE LA ACTIVISTA MEXICANA APARECIO EN SU CUENTA DE LA RED SOCIAL

Asesinada por tuitear contra los narcos

Se presume que sus captores la obligaron a entregar su contraseña y que ellos mismos postearon las fotos y los mensajes póstumos de esta médica y activista que desde hace años combatía al crimen organizado desde las redes de Internet.

 Por Gerardo Albarrán de Alba

Desde México, D. F.

Fuentes Rubio, antes y después de su asesinato tal como aparece en su cuenta de Twitter.

“Encontré la muerte a cambio de nada, están más cerca de nosotros de lo que creen”, dice el último tuit posteado en la cuenta de Felina, la usuaria @Miut3. La advertencia es más que clara: el cadáver de María del Rosario Fuentes Rubio, su verdadero nombre, yace de espalda, los brazos arriba de la cabeza y el rostro ensangrentado. La foto está junto a otra de ella misma, aún con vida, poco antes de ser asesinada. Se presume que sus captores la obligaron a entregar su contraseña y que ellos mismos postearon los mensajes póstumos de esta médica y activista que desde hace años combatía al crimen organizado desde las redes sociales.

El jueves por la tarde, Twitter cerró la cuenta de @Miut3, quien colaboraba con Responsabilidad por Tamaulipas, una página en Facebook que comparte reportes de situaciones de riesgo en el estado con otro sitio, Valor por Tamaulipas, sobre cuyos gestores el narco puso precio a su cabeza en febrero del año pasado: unos 45 mil dólares. El crimen forma parte de un clima de amedrentamiento contra todos aquellos que en Tamaulipas usan Twitter, Facebook, blogs y todo tipo de redes sociales como vía para informarse e informar sobre temas de seguridad pública ante el vacío de autoridades y prensa local.

En los últimos tres años, 27 tuiteros y blogueros han sido asesinados en Tamaulipas. Entre septiembre y octubre de 2011, cuatro personas murieron a manos de sicarios, lo que provocó la publicación en redes sociales de un Manifiesto Tuitero, que denunciaba no sólo la ineficacia de la guerra contra el narcotráfico desatada en la administración de Felipe Calderón, sino el amedrentamiento de la prensa por parte del crimen organizado y la consecuente autocensura que acarreó, así como el temor ciudadano ante la impunidad y los ataques sufridos. “Nos sentimos desprotegidos ante semejantes atrocidades y tenemos miedo, porque la guerra ahora ya ha cobrado víctimas hasta en el ciberespacio, que es el elemento donde nos movemos”, denunciaron.

El documento que circuló en Internet demandaba al gobierno que diera “garantías para la libertad de información, expresión y prensa, ya que el crimen, la violencia y la corrupción están acabando no sólo con el periodismo, sino con nuestros periodistas y con el pensamiento crítico”, y “que se garantice la seguridad cibernética ante el uso de las redes sociales y los medios de comunicación en línea, para que la ciudadanía de a pie se pueda expresar con libertad”.

Los tuiteros y blogueros advirtieron que “tampoco estamos dispuestos a vivir bajo las reglas establecidas por la violencia, la corrupción y la impunidad”. Desde que se publicó ese manifiesto, otros 23 tuiteros y blogueros han muerto en esta zona fronteriza con Estados Unidos, incluyendo a María del Rosario Fuentes Rubio, @Miut3, secuestrada y asesinada el jueves pasado.

Tamaulipas es una de las zonas del país bajo control del crimen organizado que mayor poder ejerce sobre la prensa local, al extremo de manejar la agenda pública de los medios. En julio de 2012, el diario El Mañana, de Nuevo Laredo, se convirtió en el tercer periódico mexicano que anunció en un editorial que dejaba de “reproducir hechos violentos producto de la guerra entre grupos delictivos”. Para ese momento, el periódico ya había sufrido dos ataques con granadas contra sus instalaciones.

Artículo 19 ha documentado el asesinato de 12 periodistas en Tamaulipas en los últimos 14 años, aunque la cuenta podría elevarse al doble, según fuentes locales. Tal violencia ha generado vacíos informativos en materia de seguridad pública que han sido cubiertos desde las redes sociales.

Eso hacía Felina desde su cuenta en Twitter, hasta que la callaron para siempre. Días antes le habían lanzado amenazas desde varias cuentas en Twitter. “Amigos y familiares, mi nombre real es María del Rosario Fuentes Rubio, soy doctora hoy que mi vida ha llegado a su fin”, decía el primero de los tres tuits que se publicaron en su propia cuenta después de su desaparición forzosa. En el siguiente se muestra el cadáver de la activista junto con una advertencia a los usuarios del hashtag #rey

nosafollow: “Cierren sus cuentas, no arriesguen a sus familias como lo hice yo, les pido perdón”. El último tuit es un epítome del terror impuesto en esta zona de México: “Encontré la muerte a cambio de nada, están más cerca de nosotros de lo que creen”.

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