EL MUNDO › ALEMANIA Y FRANCIA PRESIONAN AL REINO UNIDO PARA QUE PERMANEZCA EN LA UNION EUROPEA

Europa reclama una definición de Cameron

El Reino Unido es la segunda economía de la UE: su salida no sería una buena señal para el bloque. Merkel dijo que la libertad de movimiento de las personas y la legislación contra la discriminación no son negociables.

 Por Marcelo Justo

Desde Londres

Cameron prometió renegociar la relación del Reino Unido con la UE y someter estos cambios a un referendo.
Imagen: EFE.

La paciencia alemana y francesa con el Reino Unido tiene límites. En el Bundestag (Parlamento germano), la canciller Angela Merkel indicó que hay principios fundamentales innegociables y que el Reino Unido debe decidir “qué rol quiere tener en Europa”. En Francia, Le Monde, aprovechando los 200 años de la batalla de Waterloo, publicó un editorial en el que alertaba a los británicos que una brexit (salida británica de la UE) de la UE sería el “Waterloo británico”. En Londres los conservadores euroescépticos respondieron con un intransigente documento en el que exigen que el primer ministro David Cameron consiga una completa renegociación de la relación con la UE o que las islas británicas terminen su vínculo continental.

Con el posible default griego y el tema de los refugiados en Italia, la UE tiene las manos bastante llenas: el referéndum británico es un exasperante dolor de cabeza. El Reino Unido es la segunda economía de la UE, seguida muy de cerca por Francia: una brexit no sería una señal de poder europeo. La canciller Merkel siempre lo ha reconocido. Ayer en el Bundestag exhortó al Reino Unido a permanecer en la UE, pero al mismo tiempo, marcó la cancha. “Hay principios básicos como la libertad de movimiento de las personas y la legislación contra la discriminación que no son negociables”, dijo Merkel.

En una vena menos limitada por la política diplomática, pero a tono con el sentir de la clase política francesa con la excepción del Frente Nacional de Marine Le Pen, el editorial del Le Monde también se mostró esperanzado de que el Reino Unido permaneciera en la UE y lo alertó de los peligros de su actitud aislacionista. “El país que arrinconó a Napoleón no pude sucumbir a Nigel Farage (líder de los antieuropeos). Hoy le decimos solemnemente a nuestros amigos británicos, cuidado con la brexit que puede ser su Waterloo. Al igual que en 1815 su futuro está en Europa.”

El mensaje cayó en oídos sordos en el think tank Politeia de Londres donde ayer presentaron un paper conjunto tres diputados euroescépticos de línea dura: Bernard Jenkin, John Redwood y Bill Cash. El paper de título aparentemente moderado “Britain and the EU: What must change? (Gran Bretaña y la UE: qué debe cambiar). contenía las condiciones básicamente incumplibles que ponen los euroescépticos a la renegociación que lleva adelante Cameron para apoyar la permanencia en el Reino Unido en el referendo. “El enfoque actual centrado en el tema de los beneficios sociales es una distracción. Se necesita terminar con la supremacía de la legislación europea como precondición para pertenecer a la Unión Europea”, especificó Jenkis.

Un cambio así no sólo es radicalmente diferente a la estrategia que sigue Cameron sino que significa una reconfiguración total de la UE que debería cambiar toda la legislación paneuropea incorporada a los tratados que regulan el bloque. En su manifesto para las elecciones del 7 de mayo pasado, Cameron prometió renegociar la relación del Reino Unido con la UE y someter estos cambios a un referendo para que los británicos decidan si quieren in or out de la UE a más tardar en diciembre de 2017. En este contexto hay que entender las advertencias de Alemania y Francia.

En los hechos la relación del Reino Unido con la UE ya está marcada por una serie de opt-outs (exclusiones). Estas cláusulas especiales le permiten al Reino Unido permanecer al margen de dos de las crisis más importantes de la UE hoy: Grecia y los refugiados.

En el primer caso, el Reino Unido adoptó una cláusula que le permite no participar del euro y, por tanto, no ha tenido que colaborar en el rescate de Grecia que, en caso de terminar en default, significaría pérdidas de entre 120 y 160 mil millones de euros para Alemania y Francia. En el segundo caso –los cientos de miles de refugiados que están llegando a Italia y Grecia–, la UE elaboró una propuesta para distribuir unos 40 mil refugiados en el bloque, pero el Reino Unido tiene un opt-out también en esta política.

Es más, Italia ha amenazado con otorgar visas a todos los refugiados si no hay una solución al tema. El acuerdo de Shengen permite que una persona que ingresa en un país europeo viaje por el resto de casi todos los países sin necesidad de un nuevo visado. Esta amenaza no afecta al Reino Unido porque tiene un opt-out del acuerdo de Shengen.

Así las cosas hay cierta exasperación en los círculos políticos de Alemania, Francia y otros países de la UE sobre lo que perciben como una eterna condicionalidad británica. El primer ministro quiere ahora opt-outs para los beneficios sociales y los servicios que pueden recibir en el Reino Unido ciudadanos de otros países europeos, algo que transgrede, como recordó ayer Merkel, principios fundantes de la UE como la libertad de movimiento y el rechazo a la discriminación.

Atrapado entre su promesa de referendo, la presión de los euroescépticos, un electorado volátil y los límites de sus socios europeos, Cameron ha dedicado las primeras seis semanas de su mandato a reunirse con líderes continentales. En su charm offensive ha mantenido encuentros formales con los mandatarios de Alemania, Francia, Italia, Polonia, Bélgica, Luxemburgo, España y Rumania, y ha aprovechado la última reunión del bloque para dialogar informalmente con otros líderes. En la cumbre europea la semana próxima en Bruselas Cameron detallará las reformas que busca el Reino Unido. La cuenta regresiva al referendo comenzará a partir de ese momento.

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