EL MUNDO › POR EL BREXIT LA LIBRA SIGUIó CAYENDO, ASí COMO OTROS INDICADORES BURSáTILES

No hay paracaídas para la crisis británica

Los conservadores, que están mortalmente divididos, necesitan un nuevo jefe tras la renuncia del premier David Cameron. En la oposición laborista el panorama no es mejor: Jeremy Corbyn deberá enfrentar una moción de censura.

 Por Marcelo Justo

Desde Londres

No hay paracaídas para la crisis británica por el Brexit. El ministro de finanzas George Osborne buscó calmar las aguas en su primera aparición pública desde el referendo, el posible reemplazante de David Cameron, el ex alcalde de Londres, Boris Johnson, y su compañero de ruta del Brexit, el ministro de Justicia Michael Gove hablaron de sanar heridas y construir puentes “con los que votaron a favor de permanecer en la Unión Europea y hoy temen sinceramente por lo que puede pasar”, pero las palabras se las llevó el viento y bien lejos.

La libra siguió cayendo -un 10 por ciento desde el referendo -, el índice bursátil de las 100 compañías más importantes, el FSTE 100, se desplomó un 7 por ciento y el sistema suspendió momentáneamente la venta de acciones bancarias cuando el Royal Bank of Scotland y el Barclay se desmoronaron entre el 12 por ciento y el 14 por ciento, todas señales, según varios analistas, de una crisis prolongada con posible recesión a la vuelta de la esquina.

La intervención de la canciller alemana Angela Merkel y del secretario de Estado John Kerry tampoco sirvieron para poner paños fríos en una crisis que se les ha escapado a todos de las manos. El descalabro de los mercados se extendió por toda Europa con caídas en las bolsas de entre 2,5 y 4 por ciento que se sumaban a las del viernes pasado que rondaron el 10 por ciento en promedio.

Un tabloide, el Daily Mirror, calificó la situación de “crisis institucional” y la resumió con ácida ironía. “Nosotros, el pueblo británico, en nuestra infinita sabiduría, decidimos que estaríamos mejor fuera de la Unión Europea. De manera que votamos por el Brexit para estar a cargo de nuestro gobierno sin interferencias extranjeras. El problema ahora es, ¿alguien tiene la menor idea de quién está a cargo? Y además, ¿hay alguien que realmente quiera hacerse cargo con el fenomenal desastre en el que estamos?” En medio de este “desastre”, comenzaron a aparecer votantes arrepentidos de su decisión en el referendo el jueves pasado y se popularizó el hashtag #regrexit (amalgama de regret - lamento - y Brexit). ¿Le recuerda a algo?

La intervención matutina de Osborne en medio de la Brexit- bruma fue un intento de mostrar que había una brújula y un previsor capitán a cargo que había elaborado planes de contingencia “durante meses con el Banco Central y la Financial Conduct Authority” y que en las últimas 72 horas había estado en contacto con los ministros de finanzas de la Unión Europea para una respuesta coordinada. El hecho de que hace solo una semana predijera la misma crisis que ahora procuraba minimizar no ayudó mucho a su causa y menos aún a su cada vez más escasa credibilidad política. Una horas más tarde de su intervención la agencia de calificaciones Standard and Poor’s recortaba la calificación crediticia británica de AAA a AA.

En la Cámara de los Comunes el otro cerebro de la convocatoria al referendo, el primer ministro saliente David Cameron, admitió que la elección de un nuevo líder de los conservadores para sustituirlo en el cargo llevaría muy probablemente a una nueva elección general. En un intento de despejar dudas, el Comité 1922, que agrupa a los diputados conservadores, clave en un sistema parlamentarista como el británico, señaló que debería haber un nuevo líder partidario para principios de septiembre y que las nominaciones se abrirían mañana.

En el sistema parlamentario británico, el líder del principal partido es el primer ministro: la renuncia de Cameron el viernes significa que los conservadores necesitan una nueva figura en la jefatura partidaria. El problema es que los conservadores están mortalmente divididos. Los dos principales candidatos son el Brexit Boris Johnson y la pro-europea ministra del interior, Theresa May, apoyada por el grupo ABB (Anybody But Boris) que echó a andar la dupla Cameron-Osborne.

En principio May contaría con más votos porque una mayoría de diputados conservadores se inclinaron por la permanencia en la Unión Europea y, luego de cuatro meses de feroz campaña, son rabiosamente ABB. El gran obstáculo que tienen es que los británicos acaban de votar en contra de la permanencia en el referendo: la legitimidad de un nuevo primer ministro pro-europeo sería cuestionable.

En la oposición laborista las cosas no van mejor. Entre el sábado y el lunes unos 40 diputados, descontentos con el liderazgo de Jeremy Corbyn, renunciaron al llamado “gabinete en la sombra”. Anoche Corbyn procuró convencer a su bancada que era “hora de estar unidos frente al momento dramático que estamos viviendo debido a este gobierno conservador”, pero ni la invocación del enemigo “tory” sirvió para acallar los pedidos de su renuncia.

Hoy los 252 diputados laboristas votarán una moción de censura. Una victoria de los diputados anti-corbynistas no significaría automáticamente su dimisión porque en la elección el pasado septiembre Corbyn ganó por más de 50 por ciento de los votos y cuenta con el respaldo de los sindicatos. Anoche una manifestación de miles de simpatizantes afuera de la Cámara de los Comunes tenía una petición firmada por 250 mil personas pidiendo la unidad.

La crisis, por supuesto, no se reduce al Reino Unido. El proyecto paneuropeo que domina la política del Viejo Continente desde los años 50 se encuentra en uno de sus momentos más críticos. El proyecto que comenzó con seis miembros, siguió con nueve en los 70, 12 en los 80, 15 en los 90 y 28 en este siglo, sufre por primera vez la partida de un miembro, pero en muchos países el referendo fue saludado por europeos hastiados de los problemas económicos, el desempleo y la austeridad.

La eurozona está empantanada desde 2010 en una crisis sin salida a la vista, Grecia está en virtual default y recesión, en Italia el difuso movimiento alternativo euroescéptico Cinco Estrellas de Beppe Grillo acaba de ganar las alcaldías de Roma y Turín, y el primer ministro Metteo Renzi viene de pedir una UE que apueste por el crecimiento.

Las divisiones son más que evidentes entre los pro-austeridad liderados por Alemania y los que buscan un plan más “keynesiano” con Francia a la cabeza. Desde el estallido financiero de 2008 y la crisis de la deuda dos años más tarde, Angela Merkel ha impuesto su estrategia con escasas concesiones al resto. El descontento que dejó en evidencia el Brexit y el efecto dominó en otros países que por derecha exigen referendo sobre la UE no parecen haber cambiado mucho las cosas.

Ayer la canciller alemana volvió a imponer su autoridad al decir que “solo el Reino Unido” podía invocar el artículo 50 del Tratado de la Unión Europea para el llamado “proceso de divorcio”. Esto le da al Reino Unido tiempo para resolver su “crisis constitucional” frente a la serie de mandatarios europeos que había exigido una definición ya, pero la misma Merkel aclaró que el proceso tenía que empezar poco después que hubiera un nuevo primer ministro (ver aparte).

La realidad es que, por el momento, el Reino Unido sigue perteneciendo a la UE porque no inició la separación. Los líderes europeos temen que una prolongación de este estado de incertidumbre contagie con un nuevo virus a una economía enferma. Más allá de eso no tienen un plan alternativo a ni grandes posibilidades de concebirlo con un elenco político obsesionado con las fórmula del ajuste.

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Suspendieron la venta de acciones bancarias cuando el Royal Bank of Scotland y el Barclay se desmoronaron.
Imagen: AFP
 
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