EL MUNDO › OPINION

La muerte de un periodista

 Por Julio Nudler

Ricardo Ortega, el periodista español de Antena 3 muerto de dos balazos en Haití el domingo, suma su nombre a una lista de víctimas que, por un lado, reciben homenajes y elogios póstumos y, por el otro, remueven entre sus compañeros, amigos y conocidos sentimientos de indignación por las condiciones en que esos reporteros vocacionales debieron trabajar en vida. Ortega era hijo de comunistas valencianos. Becado para estudiar en Moscú, se graduó en Física. Trabajando allí como redactor para la agencia EFE, fue luego contratado por Antena 3 cuando abrió su corresponsalía rusa. Durante ese tiempo, Ortega tejió estrecha amistad con Carlos Bradac, gran periodista argentino ya fallecido, ex Clarín, que trabajaba para Diario/16.
Hacia fines de 2000, Antena 3 trasladó a Ortega a Nueva York, donde los funcionarios de migraciones le pusieron dificultades por provenir de Moscú. Tras cubrir el 11/9, fue enviado a Afganistán para aprovechar su pericia, su experiencia y su manejo de idiomas. Cuando Antena 3 fue vendida por Telefónica a Planeta, ésta decidió que era mejor tener en Estados Unidos a alguien más afín con la política exterior de José María Aznar. Por consiguiente, Ortega fue trasladado a la sede española, donde se sintió languidecer en la abulia de la redacción. Para recuperar el entusiasmo, pidió y obtuvo ser enviado a cubrir los acontecimientos en Haití. Allí halló la muerte por sendos disparos en tórax y abdomen, lo que sugiere que no contaba con chaleco protector.
Ahora, el canal lo beatificará, como es de rigor. Quizá como hizo Tele5 con José Couso, asesinado en Bagdad por militares estadounidenses y a quien la empresa le negaba efectivizarlo. Ahora rehúsa ayudar financieramente a la viuda para no sentar –dicen– un precedente. Un calco de lo acontecido previamente con Juanchu Rodríguez, que pereció en Panamá mientras cubría la invasión norteamericana. Este fotógrafo era obligado a trabajar free lance por El País. A su vez, cuando Julio Anguita (h.) murió en Irak, el director del diario El Mundo derramó lágrimas y le rindió homenaje, pero luego se supo que le había enviado un mail para anunciarle su despido al regreso.

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