EL MUNDO › ARAFAT SIGUE SITIADO Y HUBO UN ATENTADO EN TEL AVIV

Y esto es sólo el comienzo

Estados Unidos dio su apoyo a la operación israelí contra los palestinos. El Consejo de Seguridad de la ONU votó un pedido en favor del repliegue de Ramalá y otras ciudades autónomas. La violencia no cedió y un kamikaze se inmoló en Tel Aviv.

Con el líder palestino Yasser Arafat aislado por el ejército israelí en Ramalá, se fue otro día de sangre en Medio Oriente que incluyó un ataque suicida palestino –esta vez en Tel Aviv y provocó 29 heridos– y la incursión del ejército israelí en distintas ciudades de Cisjordania y la franja de Gaza. Ayer trascendió que Arafat habría recibido un ultimátum del ejército israelí: o entrega a individuos buscados por el ejército y que se encuentran en el interior del edificio donde se halla o los soldados ingresan a capturarlos. Hacia la noche, Israel desmintió que su ejército planear entrar nuevamente en el edificio, como había asegurado Arafat horas antes. Mientras, el premier Ariel Sharon aseguró que usaría “todos los medios a su alcance” para detener los ataques palestinos.
A pesar de las insistentes versiones palestinas que indicaban que el ejército israelí planeaba entrar en el edificio en que se encuentra recluido Arafat, funcionarios israelíes lo rechazaron, y las denuncias no pudieron ser confirmadas de modo independiente. Por segundo día consecutivo, el líder palestino se encontraba acorralado por tanques israelíes a pesar de un pedido de antenoche del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para que Israel se retire de Ramalá y de otras ciudades bajo control palestino. Pero los reiterados llamados de Arafat y de sus asesores fueron rechazados por el vocero de la cancillería, Gideon Meir, que fue terminante: “Hay un solo objetivo del gobierno israelí y es el de aislar a Arafat”.
En este sentido, el ministro de Defensa Benjamín Ben Eliezer reiteró que la operación contra los grupos armados palestinos no tendría “límites geográficos”. El ejército israelí realizó numerosas detenciones en Ramalá: 145 hombres de entre 16 y 45 años fueron apresados para ser interrogados. Residentes palestinos dijeron que la incursión israelí en esa ciudad, en la madrugada del viernes, ya había causado 40 muertes, mientras que otras fuentes hablaban de una veintena de muertos y unos 150 heridos en enfrentamientos. En algunos barrios de esa ciudad, bajo toque de queda, no había agua ni electricidad. De cualquier manera, los enfrentamientos entre soldados israelíes y palestinos disminuyeron ayer. Además, el ejército incursionó en Hebrón, franja de Gaza y en Saida, un pueblo autónomo cerca de Nablus.
Desde Estados Unidos, el presidente George W. Bush apoyó el accionar israelí. Bush dijo “comprender perfectamente la necesidad de Israel de defenderse”. Además, insistió en que Arafat “debe hablar claro, debe tomar una posición firme y condenar los ataques terroristas contra civiles inocentes”. El mandatario también afirmó que tiene garantías del gobierno de Sharón de que Israel “garantiza el bienestar de Arafat y no busca hacerle daño”. Además, el secretario de Estado norteamericano Colin Powell aseguró ayer que estaría dispuesto a viajar a la zona de conflicto “cuando haya un motivo para ello y sirva para un propósito”. De todas maneras, el enviado Anthony Zinni continuará en la región.
Por la noche tuvo lugar un nuevo atentado en Tel Aviv, cuando un miembro de los Mártires de Al Aqsa, el grupo armado vinculado con el grupo Al Fatah de Arafat, se inmoló en un café de la calle Allenby del centro de la ciudad. El estallido destrozó casi completamente el café. El kamikaze, Muhamed Parhat, de 21, de la ciudad cisjordana de Nablus fue el único muerto. Otras 29 personas fueron heridas, cuatro de extrema gravedad. Luego del ataque, un gran número de manifestantes de derecha se acercaron para protestar cerca del local. Un comunicado de Sharon sostuvo que el “ataque es una continuación de la campaña de asesinatos” contra los israelíes en cualquier parte. Como represalia, un helicóptero israelí disparó un cohete contra un edificio cercano a las oficinas de Arafat sin provocar heridos.
Agregando un nuevo foco de tensión, el grupo libanés Hezbola disparó contra las fuerzas israelíes en el sector de las granjas de Cheeba en el sur del Líbano. Las granjas son reivindicadas por los libaneses, aunque Israel las considera parte del Golán sirio ocupado.

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