EL MUNDO

La vida por un secuestrado

En Colombia voluntarios se ofrecen para relevar a los 4015 rehenes en poder de la guerrilla. Hay ofertas desde Argentina.

 Por María Laura Carpineta

Todo comenzó hace tres semanas cuando un grupo de filósofos y teólogos se reunieron en la Universidad Javeriana de Bogotá para discutir sobre la desesperante situación de los más de cuatro mil secuestrados en poder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Lo que estaba destinado a ser un debate más terminó siendo el germen de un insólito e inédito proyecto. Lo denominaron Operación Kolbe y su objetivo parecía en un principio imposible. Se propusieron buscar secuestrados voluntarios para reemplazar a los 4015 rehenes de la guerrilla. A los pocos días de difundir la idea por Internet, este grupo de religiosos ya cuenta con unas 200 personas interesadas, de las cuales 32 ya han firmado un documento asegurando su participación.

Pero, ¿quién querría pasar por una situación de tormento y angustia para salvar a un desconocido? Los organizadores de esta altruista cruzada responden simplemente citando un nombre: Maximiliano Kolbe. Su historia se sitúa nada menos que en el campo de concentración de Auschwitz. Luego de una fuga exitosa, los guardias nazis necesitaban dar un castigo ejemplificador a los detenidos. Eligieron a diez y los hicieron hacer una fila. En ese momento, uno de los prisioneros, Franciszek Gajowniczek, entró en pánico y empezó a pedir piedad en nombre de su esposa y sus hijos. Por supuesto, el ruego del joven polaco no conmovió a los soldados nazis. Sin embargo, sí a Kolbe. Este viejo sacerdote franciscano le propuso al coronel a cargo tomar el lugar de Gajowniczek. Horas después, él y los otros nueve morían al recibir una inyección de cianuro. Su leyenda, en cambio, estaba recién naciendo.

Y la leyenda creció. A tal punto, que más de 60 años después un grupo de religiosos colombianos busca honrarlo, repitiendo su sacrificio. Pero a diferencia de la fama mundial que adquirió Kolbe, nadie conoce los nombres de las personas que impulsan y que participan de esta operación. El anonimato es total. El único medio por el que se comunican es un mail, por el que reciben inquietudes, halagos, críticas y adhesiones ([email protected]).

El hermetismo instantáneamente llama la atención ya que se trata de un proyecto del que cualquiera se vanagloriaría. Sin embargo, según explicaron los organizadores, es una forma de evitar protagonismos personales –y también seguramente manipulaciones políticas de terceros–.

Este estricto anonimato también se extiende a todos los que respondieron interesados. Entre los mails que recibieron los organizadores hay de todo. Personas que lo tienen que pensar más o que lo deben discutir primero con su familia. “Esto me tomó por sorpresa. Dar su vida... ¿Cuántos tienen? ¿Los 4015? Tengo 70 años. ¿Cuándo empiezan este relevo? Me gustaría dar una respuesta. Necesitaría hablar con mi comunidad y mi familia. No es una decisión fácil. Necesito orar”, explicó una mujer que se identifica solamente como Y. B. Religiosa. Otros, en cambio, no dudaron en sumarse al proyecto. “Estoy dispuesta a relevar a cualquier persona”, afirmó una mujer que firma como L. M. S. de Ll.

Pero los mails que más sorprendieron no fueron éstos. Sin esperarlo, el proyecto traspasó las fronteras colombianas. La propuesta llegó a todo el continente: Estados Unidos, Canadá, Ecuador y Argentina. “Quería decirles que me quería ofrecer para reemplazar a algún secuestrado. Soy de Argentina, creo que eso es un gran inconveniente, pero quería hacerles este ofrecimiento”, afirmó Alvaro.

Nadie sabe si este grupo de colombianos logrará repetir el sacrificio que hizo Kolbe 65 años atrás en Auschwitz. Varios familiares de secuestrados ya agradecieron la oferta, aunque cuestionaron su viabilidad. Coincidieron en destacar que la guerrilla no cambiará a una figura tan importante como la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt por un anciano anónimo de 70 años. Seguramente tengan razón. Sin embargo, este proyecto improvisado y lleno de fallas, de un grupo de desconocidos que están dispuestos a dar sus vidas, ha dejado al descubierto una vez más la falta de voluntad y de valentía del gobierno nacional.

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Ingrid Betancourt, la secuestrada más famosa de la FARC.
 
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