EL MUNDO › ESCENARIO

Segundos afuera

 Por Santiago O’Donnell

Lula y los medios, los medios y Lula. En Brasil se da por descontado que los principales medios del país, con la poderosa cadena O Globo a la cabeza, jugaron en contra de Lula en las elecciones del domingo pasado, y le costaron el triunfo en primera vuelta. Primero saturaron sus páginas y programas de televisión con escándalos de corrupción para tapar la discusión de ideas y después quisieron emboscar a Lula en un debate televisivo con un formato diseñado a propósito para hacerlo quedar mal. Cuando no fue, lo pintaron como un cobarde. Lula, por supuesto, hizo su propia puesta en escena mediática. Fue a abrazarse con obreros en las fábricas paulistas para contrarrestar la imagen de la silla vacía que O Globo se empecinaba en mostrar, mientras sonaban las risotadas del público detrás de cámara. A diferencia de sus adversarios, Lula no concedió reportajes durante la campaña.

“Lula no necesita hablar con los medios. Es muy buen comunicador. Es un gran orador y se siente a gusto con las masas”, dice Sayonara Leal, profesora de Comunicación de la Universidad de Brasilia.

En eso se parece un poquito a Hugo Chávez y otro poquito a Néstor Kirchner: ninguno de los tres cree en la neutralidad de los medios tradicionales, hoy en manos de –o fuertemente ligados a– grandes grupos económicos.

“Lula no fue al debate porque el formato no era justo. Los tres adversarios se habían unido para atacar a Lula. Iba a recibir 45 minutos de ataques con sólo 15 minutos para responder”, dice Leal. Para la académica, no fue casual la inclusión en el debate de los dos candidatos sin chances, Heloisa Helena y Cristovam Buarque, dos ex compañeros de Lula pasados a la oposición. “Los dos tienen motivos personales y políticos para atacar a Lula: Helena fue expulsada de partido y Buarque, que fue ministro de Educación de Lula, fue removido del gobierno y tiene una tendencia derechista que se confirmó en estos días cuando dio su apoyo en segunda vuelta a (el candidato derechista) Geraldo Alckmin”, opinó Leal.

Antes del debate, todos los especialistas decían que Lula no debía participar, por una sencilla razón: el favorito tiene muy poco para ganar, pero un tropezón puede costarle la elección. En el debate Nixon-Kennedy, en los albores de la televisión, Nixon transpiró demasiado y ese detalle, según las encuestas, le costó la presidencia.

Lula siempre había participado de los debates en sus múltiples postulaciones anteriores; en cambio el predecesor de Lula, Fernando Henrique Cardozo, nunca debatió, señaló Leal. No es la única distinción que hace entre este gobierno y el anterior y que, según ella, los medios pasan por alto.

“El gobierno de Lula no es perfecto desde el punto de vista social, pero presenta datos significativos con respecto al gobierno pasado. El 20% de la población que vivía por debajo del nivel de la pobreza ascendió de clase. Eso jamás ocurrió en otro gobierno.”

Por mail, la profesora me hizo llegar un informe con no menos de 50 indicadores sociales y económicos que han mejorado durante el actual gobierno, desde el promedio mensual de empleos generados hasta la cantidad de policías en las calles, pasando por la nutrición infantil, la deuda pública y el crecimiento industrial. Es cierto, los tiempos eran otros, pero en todo caso esa discusión no se dio en los medios.

Leal tampoco le escapa al tema de la corrupción, el talón de Aquiles del gobierno petista: “La corrupción existe en Brasil desde su descubrimiento. Este gobierno nunca interfirió con esas investigaciones. Durante la presidencia de Lula se realizaron 183 operaciones contra la corrupción, el crimen organizado y el lavado de dinero. En el gobierno anterior fueron 20”.

Es interesante cómo cubrieron los medios el famoso “dossiergate”, por el cual dos asesores de Lula debieron renunciar cuando se supo que habían querido comprar información incriminatoria de la oposición.

Durante toda la semana previa a las elecciones el público conoció al detalle quiénes quisieron comprar la información, cómo quisieron comprar la información, cuánto dinero estaban dispuestos a pagar y cuáles fueron las normas éticas, jurídicas y políticas que violaron. Las imágenes de los billetes involucrados en la compra se exhibieron hasta el hartazgo. O sea, toda la información y todas las imágenes que perjudican a Lula.

Pero no se reveló el contenido del dossier, casualmente la información que perjudica a la oposición. Un dossiergate sin dossier. A Leal no le sorprende.

“En primer lugar existe un preconcepto en relación al origen del propio presidente. Brasil tiene una tradición de gobiernos de elites, de la elite intelectual, de la burguesía. Lula es un representante de las clases populares y eso para el PSDB (socialdemócrata) y PFL (liberal) es imperdonable.”

Hoy habrá debate. Cara a cara. Mitad del tiempo para Lula, mitad para Alckmin. Segundos afuera.

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