EL MUNDO › OPINION

Ya estuvimos en Annapolis

 Por Robert Fisk*

¿No hemos estado antes acá? ¿No es Annapolis una imitación del jardín de la Casa Blanca y de los acuerdos de Oslo, una serie de reclamos y promesas hipócritas, en las que dos hombres débiles –Abbas y Olmert– incluso utilizan algunas de las mismas palabras de Oslo? “Es tiempo de que el ciclo de sangre, violencia y ocupación termine”, aseguró esta semana el presidente palestino Mahmud Abbas. E inmediatamente uno recuerda a Yitzak Rabin diciendo en el jardín de la Casa Blanca: “Es tiempo de que el ciclo de sangre... termine”.

Jerusalén y su lugar como la capital palestina e israelí no está presente. Tampoco se discutió que si se reconoce que Israel es verdaderamente un Estado –como en realidad lo es–, no habrá ningún “derecho de retorno” para los cientos de miles de palestinos que huyeron (o cuyas familias huyeron) cuando se creó el Estado israelí en 1948. Y qué se debe entender de la siguiente cita del documento final de la cumbre: “El comité directivo desarrollará un plan de trabajo conjunto y establecerá y supervisará el trabajo de los equipos de negociación (sic), que estarán encabezados por un representante de cada grupo”. ¿Perdón?

Hemos visto infinidad de comités directivos antes y nunca han funcionado. Es verdad que ya tenemos una fecha –el 12 de diciembre– para la primera sesión del llamado comité directivo y que contamos con la esperanza injustificada de George Bush, acompañada, por supuesto, por su usual confianza en sí mismo. Según el presidente norteamericano, tendremos un acuerdo antes de fines de 2008. Pero, ¿cómo harán para que los palestinos tengan un Estado sin Jerusalén como la capital? ¿Cómo tendrán un Estado cuando todo su territorio ha sido fragmentado, según las conveniencias de los asentamientos judíos y las rutas construidas por los colonos, y por una guerra masiva que aún hoy continúa?

Sí, por supuesto, todos queremos poner fin al derramamiento de sangre en Medio Oriente. Pero los norteamericanos necesitarán el apoyo de Siria e Irán, o al menos el compromiso de Damasco de que controlará a Hamas. En cambio, Bush continúa amenazando a Irán y advirtiéndole a Siria que no interfiera en las elecciones libanesas o si no...

Sí, Hezbolá responde a Irán y está jugando un rol central en la oposición al actual gobierno libanés. ¿Realmente Bush o Condoleezza Rice (o Abbas o Olmert) piensan que van a tener luz verde durante todo un año para negociar sin las presiones o la interferencia de todos los países y los grupos de poder de la región? Más de la mitad de los palestinos que viven bajo la ocupación son gobernados por Hamas.

Leyendo los discursos –y especialmente el documento conjunto que firmaron al final de la cumbre de Annapolis– parece un ejercicio para alcanzar la autodesilusión. Mientras la situación en Medio Oriente es un desastre infernal, el presidente de Estados Unidos cree que va a descubrir las joyas de la Corona, logrando que todo el mundo se olvide de Afganistán, Irak, Irán y Pakistán. Lo peor de todo el circo de Annapolis es que una vez más los millones que conviven en Medio Oriente –musulmanes, judíos y cristianos– volverán a creer que una solución así es posible y, cuando fracase, volverán a odiarse los unos con los otros por haber roto o traicionado “la paz”.

Durante más de dos años, los sauditas han estado ofreciendo garantizar la seguridad y el reconocimiento de todos los Estados árabes, si Israel retira todas sus fuerzas de los territorios ocupados (los palestinos, pero también los sirios). ¿Cuál es el problema con esta propuesta? En la cumbre de Annapolis, Olmert prometió que “se negociarán todos los temas, incluso los que hasta ahora fueron evadidos”. A pesar de la auspiciosa declaración del premier israelí, la frase “retirada de todas las fuerzas israelíes de los territorios ocupados” simplemente no existe en el documento final de la cumbre.

Como la mayoría de las personas que viven en Medio Oriente, me gustaría convencerme de que estos sueños pueden ser verdad. Pero no lo son. Y si no, esperen a que termine 2008.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

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