EL MUNDO › OPINIóN

Navegar contra la marea

 Por Fidel Castro *

La pasada semana, el presidente electo de Estados Unidos, Barack Obama, anunció su Programa de Recuperación Económica.

El lunes, primero de diciembre, presentó el de Seguridad Nacional, y a la vez el de Política Exterior.

Con Obama se puede conversar donde lo desee, ya que no somos predicadores de la violencia y de la guerra. Debe recordársele que la teoría de la zanahoria y el garrote no tendrá vigencia en nuestro país.

Ninguna de las frases de su último discurso contiene elementos de respuesta a las preguntas que formulé el pasado 25 de mayo, hace sólo seis meses:

“1º ¿Es correcto que el presidente de Estados Unidos ordene el asesinato de cualquier persona en el mundo, sea cual fuere el pretexto?

“2º ¿Es ético que el presidente de Estados Unidos ordene torturar a otros seres humanos?

“3º ¿Es el terrorismo de Estado un instrumento que debe utilizar un país tan poderoso como Estados Unidos para que exista la paz en el planeta?

“4º ¿Es buena y honorable una Ley de Ajuste que se aplica como castigo a un solo país, Cuba, para desestabilizarlo, aunque cueste la vida a niños y madres inocentes? Si es buena, ¿por qué no se aplica el derecho automático de residencia a los haitianos, dominicanos y demás países del Caribe, y se hace lo mismo con los mexicanos, centroamericanos y sudamericanos, que mueren como moscas en el muro de la frontera mexicana o en aguas del Atlántico y el Pacífico?

“5º ¿Puede Estados Unidos prescindir de los inmigrantes, que cultivan vegetales, frutas, almendras y otras exquisiteces para los norteamericanos? ¿Quién barrería sus calles, prestaría servicios domésticos y realizaría los peores y menos remunerados trabajos?

“6º ¿Son justas las redadas de indocumentados que afectan incluso a niños nacidos en Estados Unidos?

“7º ¿Es moral y justificable el robo de cerebros y la continua extracción de las mejores inteligencias científicas e intelectuales de los países pobres?

“8º Usted afirma que su país advirtió hace tiempo a las potencias europeas que no admitiría intervenciones en el Hemisferio, y a la vez reitera la demanda de ese derecho, reclamando al mismo tiempo el de intervenir en cualquier parte del mundo con el apoyo de cientos de bases militares, fuerzas navales, aéreas y espaciales distribuidas en el planeta. Le pregunto: ¿Es ésa la forma en que Estados Unidos expresa su respeto por la libertad, la democracia y los derechos humanos?

“9º ¿Es justo atacar sorpresiva y preventivamente sesenta o más oscuros rincones del mundo, como los llama Bush, sea cual fuere el pretexto?

“10º ¿Es honorable y cuerdo invertir millones de millones de dólares en el complejo militar-industrial para producir armas que pueden liquidar varias veces la vida en la Tierra?”

No diré ahora que Obama es menos inteligente; por el contrario, está demostrando las facultades que me permitieron ver y comparar su capacidad con las del mediocre adversario John McCain, a quien por pura tradición la sociedad norteamericana estuvo a punto de premiar sus “hazañas”. Sin crisis económica, sin televisión y sin Internet, Obama no ganaba las elecciones venciendo al omnipotente racismo. Tampoco, sin los estudios que realizó primero en la Universidad de Columbia, donde se graduó en Ciencias Políticas, y luego en la de Harvard, donde obtuvo el título de Derecho, lo que le permitió convertirse en hombre de la clase modestamente rica con sólo varios millones de dólares. No era ciertamente Abraham Lincoln ni esta época se corresponde con aquélla, pues se trata hoy de una sociedad de consumo donde el hábito de ahorrar se ha perdido y el de gastar se ha multiplicado.

Alguien tenía que dar una respuesta serena y sosegada, que debe navegar hoy contra la poderosa marea de las ilusiones que en la opinión pública internacional despertó Obama.

Unicamente me falta por analizar los últimos cables. Todos traen nuevas noticias que brotan de todas partes. Calculo que sólo Estados Unidos gastará en esta crisis económica más de 6 millones de millones en moneda de papel, que sólo pueden ser valorados por los demás pueblos del mundo con sudor, hambre, sufrimiento y sangre.

Nuestros principios son los de Baraguá. El imperio debe saber que nuestra Patria puede ser convertida en polvo, pero los derechos soberanos del pueblo cubano no son negociables.

* Publicado en www.cubadebate.cu

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