DEPORTES › OPINIóN

Honraron su condición femenina

 Por Daniel Guiñazú

La noche del jueves fue la más gloriosa de todos los tiempos para el boxeo femenino argentino. Diez mil espectadores colmaron el Luna Park y le dieron marco de muchedumbre a la victoria en fallo unánime de la “Tigresa” Marcela Acuña ante Alejandra “Locomotora” Oliveras por la unificación de sus títulos mundiales supergallo en las versiones de Asociación y el Consejo. Y como si nada de esto resultara suficiente, en el combate preliminar, Jessica Boop alcanzó, con sólo seis peleas profesionales, la corona minimosca de la Asociación Mundial, al vencer por puntos a la venezolana Ana Fernández.

De ahora en más, le costará mucho al pugilismo color de rosa que todo lo bueno le vuelva a suceder en la misma noche. Que una multitud colme otra vez el mítico estadio de Corrientes y Bouchard, que se gane limpiamente un campeonato del mundo y que las dos boxeadoras más convocantes del momento protagonicen la primera de las dos versiones de su duelo (la próxima tendrá lugar en Córdoba a mediados de 2009). Por eso, es preciso ser prudente, no afiliarse a optimismos apresurados y no creerse que el boxeo femenino ha recibido para siempre el calor de las masas.

Si un aporte le hicieron Acuña y Oliveras a una actividad a la que los viejos hombres del ring siguen mirando de costado y que las nuevas generaciones de aficionados consumen como una variante deportiva de la industria del entretenimiento, fue el bajo perfil con el que procesaron su rivalidad. Cada una con su estilo, ninguna hizo declaraciones de mal gusto ni se prestó a la tentación de un show de baja estofa con tal de vender una entrada más. Más allá del desagradable body painting negro con el que Oliveras se presentó al pesaje del miércoles, en todo momento primero fueron mujeres y después, boxeadoras. Y lejos de la bufonada, se dieron un gusto grande: llenaron el Luna, hicieron una pelea seria y emotiva y les taparon la boca a quienes imaginaron otra clase de espectáculo. Más allá de la opinión que pueda merecer que dos mujeres se peguen sobre un ring, la Tigresa y la Locomotora honraron su condición femenina. Y ése es el mejor elogio que se les puede hacer.

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