EL MUNDO › OPINION

La conjura de los necios

 Por Claudio Uriarte

La gente nada disfruta más que de una buena conspiración. Entonces, cuando surgió la novedad de que el FBI y la CIA habían ignorado pistas sobre los terroristas del 11 de setiembre, pero que informaciones fragmentarias sobre los mismos habían llegado a los ojos del presidente, la conclusión del periodismo sensacionalista estaba cantada: George W. Bush sabía de los atentados de antemano y dejó hacer, a fin de conseguir una excusa para atacar Afganistán. El precedente de Pearl Harbor fue vaga y erróneamente invocado. Desde luego, cualquiera que conozca a Bush o a Estados Unidos sabe que esta teoría es absurda: los costos de demoler el World Trade Center y un ala del Pentágono largamente exceden los presuntos beneficios de una guerra en el inhóspito y paupérrimo Afganistán. Pero lo que el 11 sí puso de manifiesto fue la falta de una Central Nacional de Inteligencia que coordinara las informaciones de una docena de agencias rivales. Esa falla sigue intacta tras los anuncios de ayer.
Porque Bush hizo lo que siempre hace: tratar de contentar a las facciones rivales de su indisciplinada administración –y al mismo tiempo al Congreso– con un emparche de compromiso. De ser seria, la elevación de la fantasmal Oficina de Seguridad Interior al rango de Departamento de Seguridad Interior sólo sumaría una dependencia burocrática más a la superposición de agencias rivales (CIA, FBI, DIA, NSA, FAA, INS, etc.) que ya enturbian el análisis y desciframiento coherente de la información conseguida. Pero no es una medida seria; ya se aclaró que el nuevo Departamento no contaría con financiación adicional, y ni Bush ni menos Tom Ridge, flamante futuro secretario de Seguridad Interior e inocuo augur de alertas que nunca se verifican, tienen la fuerza o la voluntad de sobreponerse a las rivalidades y restablecer la autoridad de agencias que han estado por décadas en guerras por el poder y la influencia. En otras palabras, ésta no es una Central Nacional de Inteligencia, sino el viejo caos con estatus de Departamento.
Probablemente, sin embargo, el contrapeso ya haya empezado a formularse, y desde un ala de la administración a la que Bush atiende sólo intermitentemente: el Pentágono. El mes pasado, el secretario de Defensa Donald Rumsfeld anunció la creación de un nuevo Comando Norte para ocuparse de la seguridad del territorio norteamericano, que presumiblemente trabajará con la Agencia de Inteligencia de Defensa. Ese es el detalle al analizar el “gobierno norteamericano”: que contiene varios “gobiernos norteamericanos” en su interior.

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