EL MUNDO › OPINION

Siete preguntas sobre Israel

 Por Pedro Lipcovich

¿Puede homologarse la política del Estado de Israel a la del Estado nacionalsocialista alemán?

Sólo parcialmente. Los bombardeos indiscriminados sobre ciudades y población civil fueron practicados también por los aliados en la Segunda Guerra Mundial, señaladamente sobre la ciudad de Dresde, y por Estados Unidos contra Japón y Vietnam. Si bien Israel practica sistemáticamente la tortura, la destrucción de viviendas y la limitación de movimientos a civiles en territorios ocupados, no ha recurrido hasta ahora al encierro concentracionario seguido de asesinato masivo.

- ¿Existen antecedentes en la historia y tradición judías que pudieran ser aplicables al actual conflicto?

La rebelión del ghetto de Varsovia, en 1943, podría aproximarse a las acciones de grupos palestinos contra el ejército israelí: en ambos casos, se trata de poblaciones confinadas en un espacio ocupado por el enemigo, bajo condiciones de hacinamiento, miseria y limitación de movimientos. Por otra parte, el antecedente más antiguo de atentado suicida se halla en la historia bíblica de Sansón, quien, en situación desesperada, derrumbó sobre sí y sobre sus captores los pilares del Templo.

- ¿Está en juego en el conflicto árabe-israelí una “ética judeocristiana” que se contraponga a otros valores éticos o culturales?

De ningún modo. En términos doctrinarios, el cristianismo se desarrolló en oposición a la concepción ético-religiosa judía y, en términos históricos, la persecución criminal antijudía fue constante en los países cristianos y, desde fines del siglo XIX, se exacerbó en toda Europa hasta llegar a su paroxismo en el Holocausto; por el contrario, la pacífica convivencia entre musulmanes y judíos ha sido una tradición milenaria en los países islámicos.

- ¿Cuál es entonces la perspectiva del apoyo activo de sectores fundamentalistas cristianos, poderosos en Estados Unidos, a la política del Estado de Israel?

La táctica de apoyo a un Estado judío en Medio Oriente se inscribe en una concepción milenarista que a largo plazo involucra, explícitamente, la desaparición del judaísmo. En la probable eventualidad de que el experimento fracase, previsiblemente los judíos quedarán una vez más librados a su suerte, que dependerá entonces de la posibilidad de una convivencia con el pueblo que está siendo victimizado por Israel.

- ¿La actual situación en Medio Oriente afecta la experiencia personal de los judíos en el mundo?

Sí. Toda política de Estado criminal implica un quiebre ético para los ciudadanos que la sustentan o la consienten y todo judío es, en virtud de la denominada Ley del Retorno, potencialmente un ciudadano de Israel. Dado que la ética no es un ornamento de la personalidad sino que se ubica en el núcleo constitutivo del psiquismo humano, es previsible que esta situación afecte disruptivamente, según la singularidad de cada sujeto, la experiencia personal de cada judío en el mundo.

- ¿Puede un judío en la diáspora tomar una perspectiva distinta de la del israelí ante la situación actual? ¿Debe hacerlo?

En la diáspora, el judío cuenta con más posibilidades para tomar una perspectiva distinta de la del que, en Israel, se halla sumergido en las emociones colectivas propias de un conflicto bélico. La obligación de actuar en función de una perspectiva crítica es de orden ético, es decir que el sujeto, lo admita o no, debe responder por ella.

- ¿Hubo quien de algún modo anticipara, antes de la creación del Estado de Israel, que se llegaría a una situación como la actual?

Sí. En 1942, en su libro La cuestión judía, así lo hizo el militante socialista Abraham Leon, nacido en 1920 en el ghetto de Varsovia. Leon fue asesinado por los nazis en el campo de exterminio de Auschwitz.

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