EL PAíS › LOS ESCENARIOS DE CONFRONTACION QUE IMAGINA EL GOBIERNO

Peleas afuera, peleas adentro

El acercamiento a Brasil crea tensiones con Washington. La pesificación activa “al lobbista Menem”, que sueña con ser Fujimori. El gobernador Kirchner es el electrón suelto.

 Por Sergio Moreno

El Gobierno imagina sus escenarios de confrontación. Además del corralito, que tiene atrapada a esta administración, en la Casa Rosada saben que su decisión de acercarse a Brasil le traerá más de un problema con Washington. Algo de eso comenzó a probar la semana pasada, cuando tanto George W. Bush como la número dos del Fondo Monetario, Anne Krueger, le recordaron aquello de la libertad de comercio. “Nos atacan porque saben que nuestro eje estratégico es con Brasil, que salidos de la convertibilidad y con la paridad más normal podemos pensar una moneda común y, por ende, crear un mercado en serio, una especie de Unión Europea en el Cono Sur a la que se podrían sumar los otros países de la región”, dijo a este diario un alto funcionario de la gestión duhaldista. En lo referente al frente interno, el gobernador santacruceño Néstor Kirchner es el electrón suelto. A Carlos Menem lo consideran parte de los lobbies que, dicen, deben combatir. No ya un político sino un gerente al que aun le queda poder de fuego para defender a sus patrones.
Los colaboradores de Eduardo Duhalde que habitan extramuros del Palacio de Hacienda coinciden en que las expectativas están puestas en aprobar el presupuesto 2002, lo cual dan por hecho, llegar al escritorio del Fondo y traer los 15 o 20 mil millones que irán a pedir para salir de la malaria. Después se verá, dicen, incluso para disponer de la repartición de esa riqueza.
“El plan es tratar de avanzar con la pesificación tratando de no herir al sector financiero. Ese es nuestro frente de batalla ahora”, comentó a este diario uno de los hombres más cercanos al Presidente. La pesificación acerca el tipo de cambio al real brasileño e insufla alguna posibilidad de rejuvenecer el Mercosur de manera tal que la creación de una moneda común puede dejar de ser sólo una expresión de deseos.
El funcionario anteriormente mencionado lo describió así: “Esto apunta a ir formalizando el eje con Brasil, solidificándolo, para buscar un polo de desarrollo estratégico conjunto”. El renacimiento de este amor pone nervioso al Departamento de Estado norteamericano, al decir de un ministro peronista. “Esta alianza les preocupa, ven que si se regenera el mercado interregional sus chances comerciales decrecen; por eso machacan con eso del libre mercado, el libre comercio y el ALCA: es una de las más grandes molestias que tiene Estados Unidos”, reflexionó la fuente citada.
¿Cómo sortear esta nueva desconfianza norteamericana? Los estrategas del Gobierno bajan el tono cuando recuerdan la casi centuria de malas relaciones con el Big Brother. “La charla (telefónica) entre Duhalde y Bush fue buena, y nosotros no queremos enfrentarnos a Estados Unidos. Sólo queremos elaborar una política de desarrollo que durante doce años este país dejó de lado. Para eso está nuestro gran aliado, Brasil.” Sobre la ira que este realineamiento podría despertar en Washington, un secretario de Estado ensayaba: “Si los americanos se enojan, ahí estará la habilidad de nuestra diplomacia. Habrá que replantear la política con Washington, que no pasa por el enfrentamiento sino por la necesidad. Si no producimos, no crecemos; si no crecemos, nos hundimos; si nos hundimos, explotamos. Para evitar todo esto, tenemos que crecer a escala, en el Mercosur, de la mano de Brasil”, se entusiasmó ante Página/12.
La preocupación de los norteamericanos en cuanto al resurgimiento de la alianza Buenos Aires-Brasilia no pasa sólo por la globalizada batalla comercial, según entienden en Balcarce 50. De la siguiente manera lo explicó un ministro a este diario: “En pocos meses habrá elecciones en Brasil y Estados Unidos teme que pueda ganar Lula. A nosotros nos ven como populistas de lanza en mano, dispuestos a cerrar la economía como si esto fuese Albania. Entonces se erizan creyendo ver en ese cóctel, producto de imaginación cuáquera, la desestabilización de la región. Esto los aterra”, sonreía el funcionario mientras ensayaba una explicación desde la ópticaamericana. Por cierto, el ministro negó toda chance de cerrar la economía y mutar a la Argentina pre-década del ‘90. “El muro de Berlín se cayó, la globalización llegó para quedarse. No vamos a ser Albania ni mucho menos”, afirmó.

Fronteras adentro
“El corralito nos tiene atrapados, pero está claro que vamos a la pesificación y eso va a ayudar a desarmarlo”, cuenta otro hombre cercano al Presidente, como una letanía que se ha instalado en toda la línea de funcionarios desde hace tres días.
Preparando el terreno para que “un par de bancos se caigan”, al decir de la fuente, debido a que la posibilidad de transferir depósitos de un banco a otro dejaría a algunas entidades sólo con los carteles de marketing, el Gobierno dice poder aguantar la ola de histeria que la desaparición de “dos o tres bancos” causaría.
Ahí va a reaparecer Carlos Menem, estiman, que tratará de montarse en el descontento de los ahorristas. “Pero sus palabras no harán más que ayudarnos. Cuando habla Menem, los argentinos empiezan a putear”, calculan.
Menem ha pasado a ser, para el duhaldismo gobernante, un lobbista del capital concentrado, de aquellas empresas “a las que les regaló el país, por lo que llegamos a este subsuelo donde estamos”, se indignan. Quizás sea por eso, y por lo devaluada que está su voz, que en el Gobierno poco inquietan sus palabras. “Cuando terminemos de negociar con los bancos, petroleras y privatizadas, y cuando cerremos con el FMI, Menem tendrá poder sólo en La Rioja, y hasta ahí nomás”, se envalentonó otro secretario de Estado ante este diario, no sin antes intentar colar la cizaña que se ha hecho moda en el duhaldismo: “A no ser que intente algo apoyado en algún uniforme”, escupió. En el Gobierno no dudan en disparar que el riojano alienta alguna salida tipo Fujimori: alianza con el capital financiero y las Fuerzas Armadas para asaltar el poder.
Más preocupado tiene al Gobierno el alto nivel de criticismo con el cual se ha señoreado Néstor Kirchner. El gobernador santacruceño viene tomando distancia del Gobierno desde el mismo momento en que no aceptó la Jefatura de Gabinete que le ofreció Duhalde. Ayer mismo, en un reportaje concedido a Página/12, el patagónico fijó su (o)posición ante el rumbo que ha adquirido el Gobierno, y no se cansó de nominar como “doctor Duhalde” a su viejo amigo y aliado.
“No confundamos a Kirchner con Menem –alerta uno de los incondicionales del Presidente–; ‘Lupín’ (así llaman al gobernador santacruceño) es uno de los nuestros, Menem es un enemigo de la Argentina”, disparó. Pero aclarando que el mandatario patagónico seguirá en su política de diferenciación. “Está tan obsesionado con que puede ser presidente, ha comprado esa hipótesis con tanta fuerza, que salió a buscar un perfil opositor”, dice el funcionario. Según la fuente, Kirchner, si quiere aportar “tal como le dijo a usted en el reportaje, podría sumarse a la mesa de Consenso de la Iglesia. Si quiere plantear lineamientos para que este país salga adelante, sin pelos en la lengua, puede sentarse a la mesa del diálogo. El que se queda afuera, está buscando algo personal.”
Uno de los delegados del Gobierno en la mesa que comparten con obispos y Naciones Unidas desgranó ante Página/12 una teoría sobre el futuro de la política a partir de la concertación: “El que no se siente a esta mesa está en problemas. No hay chance de que el próximo presidente no haya pasado por acá. Este es un espacio creado por la bronca de la gente, por la necesidad de volver a ser serios y creíbles. Kirchner tiene ese problema, pero no es el único”, sostuvo.
La última referencia de su frase tiene nombre y apellido: Elisa Carrió. Según decodifican en la Rosada, Lilita está callada “porque no tiene nadaque decir. Además de su problema de salud, no sabe si acudir al diálogo o no. Está en un brete porque ella, que es tan católica, no puede negarse a hablar con los obispos. Ni puede negarse a criticar todo lo que quiera -que es su especialidad– frente a los curas, que la van a escuchar”.

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En el Gobierno ya no ven a Menem como un político o un ex presidente: es un gerente lobbista.
 
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