EL PAIS › LA ASUNCION DE GUILLERMO BORGER EN LA AMIA Y LAS CRITICAS EN LA PLAZA SECA

Dos actos alimentaron la polémica

Después de desmentir que representaría a los “judíos genuinos”, Borger aseguró que trabajará “para todos los judíos”. Fuera de la ceremonia oficial, otra parte de la colectividad criticaba la llegada a la AMIA de “la ortodoxia”.

 Por Adriana Meyer

La plaza seca del edificio de la AMIA, en Pasteur 633, fue escenario de una inédita manifestación de repudio hacia la nueva conducción de la mutual judía, que en el subsuelo realizaba su acto de asunción. Un numeroso grupo de afiliados cuestionó en voz alta tanto al nuevo presidente, Guillermo Borger, como a su circunstancial aliado, el rabino Sergio Bergman, a quien acusaban de haber traicionado a sus votantes. El flamante presidente de la mutual judía negó haber diferenciado a los “judíos genuinos” de los que no usan kipá o forman pareja con alguien no perteneciente a esa religión. Al tiempo que enfatizó que trabajará “para todos los judíos”, pidió condena para los autores del atentado que destruyó esa sede, en 1994, causando la muerte a 85 personas.

Borger comenzó su discurso abordando la polémica. “Algunos términos y títulos profesionales incorrectos que se me atribuyeron en cierto matutino nunca fueron por mí expresados”, aclaró en alusión a una entrevista publicada por Clarín. “Ya lo dije y reitero: reforzaremos el papel de AMIA como representantes de todos los judíos sin exclusiones y con espíritu dialoguista”, continuó. Y prometió trabajar en “el fortalecimiento de las familias judías argentinas promoviendo la difusión de los valores que nos legaran nuestros sabios, cuya vigencia y significación trascienden las olas de la moda, la novedad tecnológica y los avatares de nuestra rica historia”.

Un rato antes, los primeros gritos en la plaza seca clamaban que “en estas condiciones no pueden asumir, que haya elecciones de nuevo, que renuncien”. Un señor muy enojado decía que había votado por primera vez para apoyar a Bergman y se sentía defraudado. “Andá a pedirle que te devuelva el voto”, le respondía otro más irritado aún. ¿Por qué tanta bronca?, preguntaban los cronistas. “El partido ortodoxo sacó la primera minoría, el partido laborista sacó la segunda, y hubo un tercer partido que nació como una propuesta nueva y pluralista, según dijeron, para luchar por los derechos de los judíos conversos, de un cementerio más abierto, y entonces no se entiende cómo su líder, Sergio Bergman, respetuoso de los derechos humanos y de la diversidad, hizo una alianza con la ortodoxia para que sean premiados con la presidencia”, explicó más calmado Fabio Kornblau, prosecretario de la gestión laborista saliente. Los periodistas seguían sin entender las razones de esta alianza. “Creemos que esto le puede permitir a Sergio bajarle el tono social y político a la AMIA para que sea una simple mutual, y tomar esas banderas por su lado. Le allana el camino para diferenciarse”, especuló Kornblau.

“Si me permite le agrego que la AMIA no fue fundada por los ortodoxos sino por los anarquistas y socialistas europeos. Son de derecha y no reconocen al estado de Israel, porque creen que lo tiene que crear el Mesías”, comentó Elías Eisenschloss, acomodándose su gorra a cuadros. “Al socio de AMIA le pido que no se desafilie, porque el judío más vulnerable necesita de la ayuda de la mutual”, clamó Kornblau antes de bajar al auditorio para entregar su cargo. Los que acompañaban a Eisenschloss, que se definieron como “afiliados apolíticos”, aseguraron que fueron muy irritativas las declaraciones de Borger sobre los judíos legítimos. “Pero es culpa nuestra por no haber venido a votar, ellos se hicieron socios en los últimos seis meses y vinieron todos, los dejamos subir”, manifestaron en plan autocrítico.

“Llamen al rabino de Carrió, para que vean, la ortodoxia es un dogma cualquiera, impone kashrut (alimentación tradicional y sagrada) y segregación”, cantaban los adolescentes del grupo Hashomer Hatzair, de azul y rojo. “Olé, olé, olé, olá, queremos AMIA, amplia y plural”, y siguieron las adaptaciones de cantitos de cancha y marchas.

Naum Klilsberg, director de ma trimoniosmixtos.com, se quejaba de que “los conservadores, que los habían calificado de racistas y fundamentalistas, le terminaron dando su voto a sus enemigos los ortodoxos, que ni siquiera reconocen a los rabinos conservadores, y traicionaron a su electorado”. Desde su sitio web pidió la renuncia de las nuevas autoridades. “Los ortodoxos que ahora coparon la AMIA son el 1,5 por ciento de toda la comunidad judía en Argentina, y son nuestros mayores enemigos, nos consideran herejes, pecadores, seres diabólicos. Miles de matrimonios nos preguntan si tienen que sacar a sus hijos de las escuelas o clubes judíos para que no los discriminen con esta conducción en AMIA”, relató. Mezclado entre el público del acto de repudio estuvo Abraham Kaul, antecesor en la presidencia de la AMIA del saliente Luis Grynwald, reacio a hacer declaraciones. “Somos autoconvocados”, bromeó.

La polémica había redundado en una convocatoria mayor a la esperada y el salón auditorio se vio desbordado. “El debate se fue de tono, aunque debe darse, incluso debe darse la pelea, pero buscando lo que nos une porque somos hermanos de un solo pueblo, de una sola comunidad, de manera de no dar regocijo a los enemigos del Estado de Israel”, instó el embajador de Israel, Rafael Eldad. El diplomático felicitó a la nueva comisión directiva y se escucharon silbidos desde la sala de arte, donde los afiliados seguían el acto en pantalla gigante, en medio de las obras de Rocambole.

Los ánimos se aquietaron con las estrofas del himno de Israel, la canción Hatikva (esperanza), que más tarde también se entonaría en el subsuelo.

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En Pasteur 633, la sede de la AMIA se convirtió en símbolo de la división en la colectividad judía.
Imagen: Leandro Teysseire
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