EL PAIS

Qué es de la vida de... Gustavo Beliz

Desde que renunció como ministro de Justicia de Kirchner, en 2004, desapareció de la escena pública. Vive en Washington y trabaja en el BID. Cuando vuelve, se reúne con sus amigos de la política. Carrió lo tentó para que retorne.

 Por Werner Pertot

Poco se supo en los últimos cuatro años de Gustavo Beliz. Desde que renunció al Ministerio de Justicia durante la presidencia de Néstor Kirchner en 2004, fue como si se lo hubiera tragado la tierra. Y el ex líder de Nueva Dirigencia así lo quiere. Alejado de la política y del país –vive con su mujer y sus hijos en Washington–, un contrato con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) sella sus labios a cualquier tipo de aparición pública. Vuelve cada tanto para visitar a sus familiares y amigos. Sólo la líder de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, lo tentó para que regrese en una cena a fines del año pasado. Hasta ahora, sin suerte.

El contrato con el BID le impide hacer cualquier tipo de declaraciones (políticas y de las otras), por lo que Beliz declinó conversar con Página/12. Por estos días, el ex ministro frecuenta unos pocos amigos cuando viene de visita a ver a sus padres y a su hermano, que viven en el Tigre. Entre los que cenan con él cuando el ex ministro está de visita están el peronista Gerardo Conte Grand y los ex fiscales Norberto Quantín y Pablo Lanu-sse. Sólo en privado y con sus íntimos se anima a expresar sus cuestionamientos al rumbo del país y al Gobierno. “No lo veo volviendo a ser dirigente político, ni volviendo al país por el momento. Tampoco creo que se quede desenganchado para siempre de la preocupación por lo público”, cuenta uno de sus allegados.

Dos de los habituales comensales tienen otro tema de conversación con Beliz: los juicios que debe enfrentar por haber divulgado la foto del espía Jaime Stiusso. El funcionario de la SIDE le inició un juicio por calumnias e injurias, en el que lo defiende Lanusse. Por su parte, Conte Grand y el radical Ricardo Gil Lavedra serán sus abogados en un juicio oral que deberá enfrentar por incumplimiento de los deberes de funcionario público y violación de secreto de Estado.

El proceso con el que carga Beliz es por las denuncias que hizo cuando renunció al Ministerio de Justicia. Aseguró que la SIDE era “una policía secreta y un Estado paralelo”, y mostró en un canal de televisión la foto de Stiusso, ante la sonrisa de Mariano Grondona. Fue poco después del 24 de julio de 2004, cuando Kirchner le pidió su renuncia por no haber acatado la orden de que los policías estuvieran desarmados en el operativo por los incidentes frente a la Legislatura.

Dicen quienes lo conocen que le costó conseguir trabajo, que dejó hasta de leer los diarios y que en esa época se mostraba profundamente resignado y hablaba poco y nada de política. Trabajó un tiempo para la Organización de Estados Americanos (OEA) como veedor de distintas elecciones.

Dos años después de su salida del kirchnerismo, puso en alquiler su casa, vendió su VW Gol y se fue a vivir a Washington por tiempo indeterminado. Consiguió allí un puesto bien pago en el BID. Trabaja en el seguimiento de proyectos de financiación vinculados con la calidad institucional en diversos países de América latina. Lo ayudó a entrar su buena relación con el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, aunque algunas versiones dicen que quien le tendió una mano en el mal momento fue el ex canciller Rafael Bielsa.

En Washington vive con su esposa, María Florencia Meritello, y sus cuatro hijos: Clara, Nazaret, Felipe y José. Los varones son hábiles jugadores de fútbol, tanto que un día Beliz llegó a la casa y se encontró al hijo jugando con Marcelo “Muñeco” Gallardo, ex futbolista de River y vecino. La escena tal vez le hizo acordar sus tiempos de periodista en El Gráfico. Su carrera en los medios fue corta: trabajó en esa revista deportiva y luego en el diario La Razón.

Había optado por el periodismo, aunque se recibió de abogado. Luego abandonó ambas profesiones por la política. Su primera tarea fue escribirle los discursos a Carlos Menem. Los menemistas lo trataban con desprecio. Lo apodaron “Zapatitos Blancos” porque no quería meter los pies en el barro de la política y las sospechas que dejaba caer sobre el comportamiento de sus compañeros. Los radicales tampoco lo adoraban. Enrique “Coti” Nosiglia lo definía con la siguiente frase: “Con este pibe no se puede negociar, porque enseguida te dice que sí”.

El poco cariño que le profesaban no le impidió llegar a ser secretario de la Función Pública de Menem y escalar hasta ministro del Interior. Lo fue sólo unos meses en 1993, pero eso no le ahorró escándalos. Nombró interventora de Corrientes a Claudia Bello, que quedó en el centro de una polémica cuando un elector radical, Ramón Tabaré Bruzzo, desapareció de las faz de la tierra e impidió que ganara la gobernación el candidato del radicalismo, Noel Breard. Entre las versiones que circularon, se decía que le habrían pagado cerca de un millón de dólares para que desapareciera. El dinero supuestamente se lo habría dado Julio Aurelio, el jefe de asesores de Beliz. Bruzzo afirmó a través de un video casero que se fugó “por motivos morales”. También durante la gestión de Beliz se descubrieron las “fichas ideológicas” que confeccionaba la Policía Federal.

En 1993, Beliz renunció por primera vez a un ministerio y lo hizo a su manera: lanzando denuncias en todas las direcciones y asegurando que había descubierto que el menemismo era un “nido de víboras”. Aseguró que se iban a pagar coimas para conseguir que se aprobara la reelección del entonces presidente. En su entorno estaban en ese momento Jorge Argüello, Víctor Santa María, Andrés Rodríguez, Roberto Digón y Patricia Bullrich. Con la mayoría se fue distanciando. Un martes a la noche se fue con su esposa a caminar por los bosques y le dijo que, después de una misa, había decidido que iba a abandonar el PJ, “harto de la corrupción”.

Fundó su partido Nueva Dirigencia y compitió en la ciudad, donde fue legislador a fines de los ’90. Tuvo un coqueteo con José Octavio Bordón para ser candidato del Frepaso a jefe de gobierno, pero no prosperó. Se alió, en cambio, con Domingo Cavallo en un “frente antimafia”. En más de una oportunidad se pelearon a muerte: “Cavallo es capaz de vender a la madre por un poco de poder. Su ambición es casi bulímica”, dijo Beliz cuando se enteró de que el ex ministro de Economía pensaba ser candidato a jefe de Gobierno, un cargo para el que él se preparaba “desde hacía seis años”. Finalmente hubo reconciliación y Beliz fue su compañero de fórmula. En esa época acuñó una frase que luego retomaría Mauricio Macri en 2007: “Ante cada agravio responderemos con una propuesta”, recitó entonces Beliz. No le alcanzó: fueron derrotados por Aníbal Ibarra.

Aquella noche, mientras Mingo insultaba a Ibarra, desencajado sobre el palco (“partisano”, “lacayo” y otras lindezas), a Beliz se lo veía impaciente por escapar. No apareció ya en la segunda vuelta. “El que se va sin que lo echen vuelve sin que lo llamen”, había ironizado Menem cuando Beliz abandonó su gobierno y rompió con el PJ. En algo tuvo razón el riojano: Beliz fue candidato a senador del peronismo en 2001 y discutió en la Justicia por la banca con Alfredo Bravo hasta que falleció el socialista. Beliz, de todas formas, no llegó a ocupar esa banca. Ya lo había convocado Kirchner para el Ministerio de Justicia.

Tras su nueva renuncia al ministerio, con denuncias incorporadas, fue procesado por mostrar la foto de Stiusso. Esa causa es la única actividad pública que tiene por el momento. El año pasado, cerca de las elecciones, tuvo un encuentro entre político y familiar con Carrió. Beliz fue con su mujer y compartieron una cena. Entre plato y plato, tuvieron muchas coincidencias con la líder de la CC, quien se lo imaginaba como uno de sus ministros en el gabinete virtual que había armado. Pero su respuesta no fue positiva.

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