EL PAIS › LA ORGANIZACION TUPAC AMARU, LIDERADA POR MILAGRO SALA, CONSTRUYO UN BARRIO A TODO CONFORT

“El único requisito es ser solidario”

En las afueras de San Salvador de Jujuy se encuentra el barrio de viviendas sociales diseñado y construido por Túpac Amaru. Piletas de natación, canchas de fútbol y casas que se distinguen por sus comodidades prueban el buen uso de los recursos.

 Por Werner Pertot

Desde Jujuy

“Bienvenidos al cantri de la Túpac Amaru”, reza el cartel en la entrada del barrio de viviendas sociales, para burlarse de los que lo llaman “el country de los villeros”. Adentro, decenas de niños del barrio Alto Comedero, en las afueras de San Salvador de Jujuy, juegan en una pileta comunitaria. Cerca de allí, en un quincho, se huele el aroma de un asado de domingo (sin alcohol, la disciplina de la Túpac es estricta), mientras un grupo de obreros juega al fútbol en una cancha de cemento. La organización barrial Túpac Amaru, que lidera Milagro Sala, tiene allí uno de sus epicentros, que se extienden capilarmente con cientos de comedores, guarderías, salas de atención médica, tres fábricas (una cementera, una textil y una metalúrgica) y dos escuelas en el centro de Jujuy. “La Túpac está donde hay una necesidad, por más que los compañeros no estén afiliados”, dice Sala, que acompañó a Página/12 en una recorrida por su vida y obra.

Dirigente de ATE, empleada del departamento de folklore del gobierno provincial, Milagro empezó con “cuatro o cinco compañeros” a extender la militancia gremial a los barrios, por pedido de Víctor De Gennaro. Era 1999 y los cortes de ruta en Jujuy y Salta estaban a punto de caramelo. “Volteamos cinco gobernadores, pero nos seguíamos perjudicando los que menos teníamos. Allí fue que empezamos con los hornos comunitarios: salíamos a vender empanadas, pizzas, locro y otras comidas. Con la plata, financiábamos las primeras copas de leche”, explica Milagro.

La copa de leche es la base de la organización. Todos los que se convierten en delegados de la Túpac tienen que haber coordinado una copa. “El requisito para entrar es ser solidario”, resume Milagro. Existen cerca de 900 delegados, que conforman la asamblea de la Túpac, que se reúne una vez por semana a tomar decisiones. De la experiencia árida de fines de los noventa, pasaron a tener 70 mil afiliados y a darles la copa de leche a 45 mil pibes: hay unas 400 en toda la provincia, que funcionan como las unidades barriales del movimiento, donde también hay huertas comunitarias, roperos comunitarios, talleres de apoyo para primaria y secundaria.

En 2004 consiguieron el primer financiamiento del gobierno nacional para construir viviendas. Les exigían que tuvieran arquitectos, ingenieros y contadores. “Nosotros le decíamos que teníamos todo, pero no –se ríe Milagro–. Empezamos a aprender de los compañeros albañiles, de los maestros mayores de obra.” Las casas y edificios que construyen pasaron rápidamente de ser las clásicas prefabricadas a tener un diseño propio, a tener inventiva (un ejemplo es el jardín maternal, al que decidieron construir como un castillo de cuento). La sede central de la Túpac, un edificio imponente, la hicieron en seis meses. Allí tienen una pileta climatizada, un tomógrafo y un ecógrafo.

También hay una pileta en la primaria para adultos Germán Abdala y secundario Olga Arédez. Tienen tres materias obligatorias: autoestima, historia y cultura de Jujuy y de los pueblos originarios y lucha del movimiento obrero. Ahora van a ir por un terciario. Estudiar es una obligación para cada obrero de la Túpac: si no completaron la secundaria, salen antes de turno de la fábrica y entran en la escuela. “El edificio no importa, si les tenemos que enseñar bajo un árbol, les enseñamos”, dice Milagro.

También hay otra pileta comunitaria en una estación de tren que recuperaron como centro recreativo al que puede asistir cualquiera: allí hay un escenario donde ensaya la murga Los Alegres Quemagoma y varios grupos de rock. La única condición es que no traigan alcohol. Ayer en el centro recreativo se repetía la escena: decenas de niños bañándose, escapando al calor, entre el decorado de duendes que puso la Túpac. Hay otras 7 piletas, una por cada barrio que construyeron. ¿Por qué tantas? “Porque acá en Jujuy era un símbolo de status de las familias de clase media o alta. Los pobres no iban a la pileta, se bañaban en ríos contaminados”, responde Raúl, el marido de Milagro. La más simbólica de las que construyeron está en el Hogar Escuela que había hecho Evita. Ella había construido una pileta allí, pero con el tiempo la taparon y edificaron encima una iglesia. Toda una señal para los pobres.

El cantri

Cuando llegaron era un terruño, con maleza, que se inundaba por las crecidas del arroyo Las Martas. Hicieron una obra de canalización del arroyo con cuatro enormes tubos de concreto que construyeron ellos mismos y evitaron que se siguiera inundando. Tuvieron que construir plataformas para las casas, porque la tierra es arcillosa –a las viviendas sociales que hizo el Estado provincial se les está resquebrajando el suelo; a las de ellos, no–, y aun así las viviendas las hicieron en tiempo record.

También construyeron sus propias fábricas –todas tienen pinturas incaicas en su fachada–, un polideportivo y hasta una iglesia, que les pidió el obispo Marcelo Palentini. Tiene un estilo soviet, y una cruz gigante. Después de que la hicieron, estuvo un tiempo deshabitada, hasta que un día Milagro levantó el teléfono y le dijo al obispo: “O me ponés un cura o me hago una bailanta ahí”. El cura apareció. El barrio tiene seguridad por las noches “organizada por los compañeros”, un centro médico, una ambulancia propia, un jardín maternal, un mercado, un cibercafé, todos administrados por una cooperativa. Las casas varían de colores según la etapa de la obra: las hay verdes, rosadas, celestes. Sus habitantes las decoran con cortinas distintas, una tiene dos cisnes en la entrada; otra, una bandera de River.

Las fábricas están en medio del barrio: la mitad de sus empleados son mujeres, así como tienen en la construcción plomeras, electricistas y oficiales albañiles. “Jujuy es una sociedad muy machista. A mí me costó y por eso creo que a Cristina le cuesta también. Pero nos impusimos. Los hombres, cuando nos gobernaron, vendieron todo y nos hicieron morir de hambre. Así que las mujeres tuvimos que salir a la ruta”, cuenta Milagro. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner estuvo para inaugurar la textil, poco antes de que la Túpac volcara una multitud al acto en Las Hieras por el 25 de mayo, en medio del conflicto con las entidades rurales.

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Milagro Sala es la cabeza de la organización, que tiene 70 mil afiliados en la provincia.
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