EL PAíS › MARTíN HOUREST, LEGISLADOR PORTEñO DE IGUALDAD SOCIAL

“Vivimos prisioneros de nuestros egos”

 Por Werner Pertot

En el escritorio de Martín Hourest hay un laberinto de papeles en el que conviven diarios, revistas, documentos de la Legislatura y análisis económicos. La oficina del legislador de la CTA, que antes perteneció al socialista Norberto La Porta, está despojada de cuadros. En diálogo con Página/12, analiza el “encanallamiento de los egos” del centroizquierda, reclama romper la lógica de los límites e incluso dialogar con Aníbal Ibarra para lograr una unidad del centroizquierda.

–¿Gabriela Michetti es imbatible?

–No, Michetti tiene la indulgencia de un sistema político que no se atreve a discutir. No podría haber atravesado sin costo la crisis de los votos dobles. Si ahora quisiera ser legisladora, cuando nunca utilizó su capacidad legislativa como vicejefa, sería una tomadura de pelo.

–¿Qué expresa el acuerdo de Macri con Solá y De Narváez?

–Expresa la percepción de muchos sectores, incluida la Coalición Cívica, de que la salida de la experiencia de Kirchner es por derecha. Es decir, una democracia todavía más miserable que la que tenemos hoy. La derecha asumió que si quiere tener vocación de poder tiene que tener coaliciones sostenibles en el tiempo. Y esto es un gesto de lucidez, que el centroizquierda no tiene. Vivimos prisioneros del encanallamiento de nuestros propios egos y nuestros egoísmos. En América latina, casi todas las coaliciones de centroizquierda están gobernando y en la Argentina no existe una coalición de centroizquierda.

–¿Cómo se llega a este panorama de fragmentación?

–La izquierda perdió la capacidad de la reforma social y la llevó a estrategias de contención social o de mera reproducción: reproducción de las asimetrías, reproducción de la dominación, reproducción de las desigualdades. Esto emparentó la izquierda con la derecha.

–¿Con qué fuerzas va a buscar su espacio tener coincidencias?

–Hay que buscarlo con todo el progresismo de la ciudad de Buenos Aires.

–¿Con Aníbal Ibarra también?

–Obviamente. Están los que dicen que no se puede unificar el centroizquierda porque se fracasó tantas veces. La realidad es que, porque hemos fracasado tantas veces, tenemos la obligación ética de no convertirnos en miserables e intentarlo de vuelta.

–Algunos plantean que “Ibarra es el límite”...

–Es cierto que la experiencia de Ibarra dejó muchas cosas en el tintero y cometió errores. Pero si yo creo que hay que defender lo público, necesito de la experiencia de Ibarra. Ni yo compro el pasado de Ibarra ni pretendo que Ibarra compre el mío. Pero para el futuro necesito de ese espacio. Sólo el egoísmo puede plantear dividirnos por el pasado. La democracia del límite es la democracia del corral. El límite es clausurar de antemano mi universo. Los que aplican democracia de corral cerrado –“tengo todas estas vacas y son mías”– lo que están haciendo es quitarle a la democracia la posibilidad de imaginar. La democracia tienen por obligación que romper límites. No tiene que ser tampoco baladí, ni democracia de burlesque, donde uno se junte con cualquiera por cualquier cosa.

–¿Qué opina del posible retorno de Luis Zamora?

–Zamora es una persona con muy buena capacidad de interpelación y terribles dificultades en la construcción, que se pagaron terriblemente con un bloque que se desgranó en individualidades. Lo que necesitamos es meterse el orgullo en los bolsillos más chiquitos y ponerse a construir coaliciones. No puede ser que para un plenario de dirigentes haya que usar la cancha de River, porque cada ego ocupa una platea. No: hay que ser humildes, saber que nos derrotó la derecha y pensar en serio cómo se junta el centroizquierda.

–En la provincia, ¿Víctor De Gennaro y Martín Sabbatella deberían ir juntos?

–Yo no tengo dudas. De Gennaro y Sabbatella tendrían que estar juntos en una misma expresión política. Tuvieron prácticas muy cercanas.

–¿No los divide la caracterización del gobierno nacional?

–El kirchnerismo ya pasó. No me interesa discutir la caracterización del gobierno nacional, sino discutir si éstas son democracias que van a gestionar el malestar o si van a generar el bienestar.

–¿Cómo ve el rol de Eduardo Buzzi en la Mesa de Enlace?

–Se mantiene una situación de ambigüedad entre organización social y política. Tanto Buzzi como De Gennaro, que tomaron decisiones políticas, deben tomar la decisión de la participación electoral, que es una forma más de la lucha política. La estrategia de pelear con la desigualdad y no combatirla políticamente yo no la entiendo, ni la entendí cuando fracasó el Frenapo en su construcción política. Allí teníamos la masa crítica como para jugar. Eso hay que ponerlo en disputa.

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