EL PAíS › OPINIóN

Recordando a Carlos Mugica

 Por Fátima Cabrera de Rice *

Lo conocí cuando venía a la casa de mis abuelos maternos en la Villa 31 de Retiro, donde yo vivía con mi mamá y mis hermanos. Los domingos después de la misa eran un buen momento para compartir empanadas, vino, chistes y cuentos; siempre con amigos y amigas. Luego de su viaje a Europa, Carlos comienza a levantar su propia capilla en el barrio Comunicaciones. Recuerdo que a su regreso, por su personalidad y popularidad, algunos lo llamaban “El Papá de América”, a lo que respondía con risas.

Siendo apenas adolescente comienzo a participar en el grupo de catequesis y en el grupo juvenil, donde sus charlas y presencia fueron para muchos una marca de fuego que nos viene señalando un camino y un compromiso mayor.

Son muchas las cosas que tengo tan presentes: su apasionamiento por el peronismo. Desde el comienzo, junto a la gente hizo llamar a la Villa 31 Zona Eva Perón. Junto a otros destacados argentinos acompañó el avión charter que trajo a Perón de vuelta a la Argentina en 1972.

Otros aspectos de Carlos: la denuncia permanente en los medios y en todos los lugares, su rabia manifiesta ante la injusticia, sus enojos pero también su gran sentido de humor, como en los partidos de fútbol con los muchachos del barrio, ya que otra pasión suya era el fútbol, y su cuadro favorito era Racing Club.

Asesoraba y acompañaba a los dirigentes de las comisiones vecinales apoyando toda iniciativa comunitaria. Todas estas facetas hacían de él un gran referente. La gente sentía que estaba con ella en todo sentido, más allá de su sacerdocio.

Recuerdo su desconcierto e impotencia ante el asesinato del villero Alberto Chejolán en el año 1974 por efectivos de la policía durante una marcha de la gente de la Villa 31, por la vivienda. Ya comenzaba la erradicación de la Villa 31, que terminaría durante la dictadura militar. Nos tiraron gases y detuvieron a varios jóvenes, entre ellos al hermano de Chejolán y a Alberto Alfaro, un compañero mío después asesinado durante la dictadura, en 1977. Fue el primer golpe duro.

Meses después vino el asesinato de Carlos. Allí sentimos que se nos fue una parte de cada uno. Recuerdo la gran caravana acompañándolo al cementerio. Fue un dolor silencioso y profundo.

Luego se continuó con la erradicación de los seis barrios de la zona a diversos puntos del Gran Buenos Aires y de la Capital, desarmando de este modo los proyectos de las villas más organizadas.

Durante la dictadura militar hubo secuestros, torturas, asesinatos, desapariciones y persecuciones de mucha gente de la Villa 31 o vinculada con ella. Entre ellos están:

- Héctor Sobel, un abogado, gran colaborador, que atendía los reclamos laborales de la gente y asesoraba a las comisiones de los barrios

- Lucía Cullen, una asistente social, que frecuentó durante muchos años la Villa.

- Rodolfo Walsh, que colaboró en la publicaciones del Movimiento Villero Peronista

- Alberto Alfaro, dirigente asesinado y desaparecido en 1977 en el barrio de Ciudadela, a donde había sido erradicada mucha gente de Retiro.

- Mariana Erize Tisseu, una activista que colaboraba en la Villa.

- Gonzalo Cortiñas (hijo de Nora Cortiñas, de Madres de Plaza de Mayo), activista que militaba en la villa.

En la cárcel me encontré con varias mujeres que habían sido secuestradas y luego pasaron a la cárcel de Devoto y que habían trabajado junto a Carlos Mugica: una abogada y una catequista.

Casi todos los dirigentes de la Villa 31 lograron sobrevivir después de mucha persecución. Algunos dirigentes ancianos han fallecido, como José Valenzuela, que fuera durante quince años presidente de la comisión de vecinos de Comunicaciones, el barrio de Retiro donde Carlos tenía la capilla. Julio Lares vive en su provincia nativa de Santiago del Estero. Carmelo Sardina, que era presidente de los vecinos de Güemes, ahora es un conocido dirigente de los pueblos originarios, amigo de Evo Morales.

Todos los años nos encontramos con delegaciones de todas las demás villas en la Capilla Cristo Obrero de Retiro para conmemorar un nuevo aniversario de la muerte de Carlos y evocar su memoria.

En miles de casas desparramadas por todo Buenos Aires se encuentran ex habitantes de Retiro donde casi siempre está presente el retrato de Carlos con sus palabras. Recordar a Carlos es tener presentes muchos años de lucha, de dolor, de ausencias, de amigos/as por todas partes, de creer en una Iglesia comprometida que da la vida por los pobres. Es escucharlo cantar. Su vida fue un testimonio de Jesús entre los más pobres.

* Coordinadora del Programa de Alfabetización, Educación Básica y Trabajo para Jóvenes y Adultos del Ministerio de Educación de CABA.

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