EL PAíS › HILDA MOLINA LLEGó AL PAíS Y SE REENCONTRó CON SU FAMILIA, TRAS 15 AñOS DE GESTIONES

“A mi mamá no la voy a dejar”

La médica cubana agradeció al gobierno argentino su intervención para que fuera autorizada a salir de la isla. Prometió que volverá “voluntariamente” a Cuba, pero aclaró que se quedará “todo el tiempo que requiera” la salud de su madre.

Hilda Molina empezó a escribirle todos los días una carta a Raúl Castro cuando supo que había empeorado el estado de salud de su madre, de 90 años. En la carta, escribía que su madre estaba grave, que se podía morir y que podía ir a una iglesia católica a jurarle a Dios que volvería a la isla cuando la mujer “cerrara los ojos”. Ese fue uno de los detalles que la disidente cubana Hilda Molina reveló ayer, después de aterrizar en Argentina. “Escribí con el corazón”, dijo, antes de visitar a su madre internada en el Hospital Tornú de Buenos Aires, de agradecer al gobierno argentino por las gestiones y de señalar que sería bienvenida una entrevista con la presidenta Cristina Fernández.

Molina llegó al aeropuerto de Ezeiza a las 6.20 de la mañana en un vuelo de la empresa Copa Airlines. Ante un enjambre de periodistas, corrió a abrazarse con su hijo Roberto Quiñones y sus dos nietos, Juan Pablo, de 8 años, y Roberto Carlos, de 13, a quienes hasta ahora no conocía. Durante ese lapso dijo pocas palabras, pero la nuera actuó de vocera para anunciar que daría una conferencia de prensa por la tarde, en la casa de su hijo en El Palomar, en las afueras de Buenos Aires.

“Yo nací hoy”, dijo Molina. “A mi mamá no la voy a dejar, ojalá me la pudiera llevar a Cuba. Voy a quedarme todo el tiempo que requiera su salud”, agregó. “Va a ser una medicina para ella, un gran alivio.” No obstante, precisó que piensa volver “voluntariamente” a su país.

La neurocirujana Hilda Molina dirigió el Centro Internacional de Restauración Neurológica (Ciren) del gobierno de Fidel Castro hasta que se apartó en 1994. Molina fue militante del Partido Comunista Cubano (PCC, único) y siempre dijo que se había alejado desilusionada con el régimen, y que la prohibición de salir de la isla durante los últimos 15 años fue una “venganza” o “escarmiento” del gobierno. Los Castro, sin embargo, siempre dijeron que Molina no se fue, sino que la apartaron porque ella iba a quedarse con el Ciren en caso de que cayera el gobierno. Su hijo Roberto Quiñones dejó la isla en 1994 y se nacionalizó argentino dos años después. Hilda Morejón, la madre de la médica, permaneció en Cuba hasta mayo de 2008. Tras una descompensación cardíaca, Morejón quedó internada en el Hospital Tornú con un cuadro de salud delicado. A esta altura se sabe de sobra que el caso Molina tensó las relaciones diplomáticas entre Argentina y Cuba en los últimos años. Y que esa situación cambió en enero con el viaje de Cristina Fernández a la isla. El gobierno de Cuba ahora autorizó su salida por tres meses, prorrogables por once meses más. Ella presentó sus papeles en el consulado argentino en La Habana, que le extendió una autorización semejante.

“Son un tesoro”, dijo de sus nietos quienes actuaron como “si la conocieran de toda la vida”. La mujer de 66 años había dicho antes de salir de Cuba que no guardaba “una gota de rencor” contra los Castro, pero las críticas avanzaron ayer a medida que transcurrieron las primeras horas fuera de La Habana. Dijo que “a Fidel Castro, que ha sido el verdugo de mi familia, le deseo que se mejore en su biología y le deseo la mayor paz del mundo, una paz que sería muy buena para Cuba”. Y habló de los cubanos “cuyos derechos se están burlando y no hablan; no hablo de subversión, pero sí de pedir respetuosamente que se respeten los derechos fundamentales”.

En la conferencia de prensa, agradeció a la Argentina: “Agradezco muchísimo –dijo– al gobierno argentino por su gestión”. Manifestó su “respeto a la jefa de Estado” y se mostró dispuesta a mantener un encuentro: “Si me invita, voy a ir”. También lo confirmó su hijo: “Mi madre estaría agradecida de ser recibida por la Presidenta”.

Sobre una eventual radicación en el país, la disidente cubana expresó que “nunca” se le “pasó por la cabeza” y agregó: “Yo quisiera que mi madre mejorara y que me pudiera acompañar de regreso a mi país”. Aceptó que durante el vuelo a la Argentina “nadie me habló políticamente mal del gobierno cubano”. Y en otro orden, aseguró que no conocía nada del proceso electoral que se encuentra en marcha en el país. “Debe ser que soy tan refractaria a la política –indicó– que no tenía la menor idea de estas elecciones.”

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“Va a ser una medicina para ella”, dijo Molina tras visitar a su madre, internada en el Hospital Tornú.
Imagen: DyN
 
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