EL PAíS › PIGNANELLI AMAGO CON SU RENUNCIA
PERO AHORA QUIERE QUE DUHALDE LO FORTALEZCA

En su rigna Lavagna casi guadagna a Pigna

La lucha entre el ministro de Economía y el presidente del Banco Central por poco termina con la fuga del segundo. El Gobierno optó por minimizar la renuncia que decidió presentar ayer Pignanelli, pero dos ministros la aceptaron públicamente. Ahora el jefe del Central reclama más poder.

 Por Claudio Zlotnik

“Estoy podrido. Estoy cansado. Me vuelvo a la fábrica”, le dijo Aldo Pignanelli ayer al mediodía a uno de sus colaboradores más estrechos. “Hoy renuncio”, prometió sin vacilar. Redactó la dimisión y guardó el papel en el bolsillo izquierdo del saco. El funcionario estalló de bronca cuando se enteró de que Roberto Lavagna, su rival político, había recibido un nuevo borrador de Carta de Intención del Fondo Monetario y lo mantuvo en secreto, dejándolo totalmente afuera de las negociaciones con Washington.
Pignanelli también estaba enfadado por lo que él denomina “operaciones de prensa” en su contra, supuestamente armadas desde el Palacio de Hacienda. Después de una reunión en la cual participaron Pignanelli, el jefe de Gabinete, Alfredo Atanasof, y el superintendente de Entidades Financieras, Jorge Levy, voceros de la Casa Rosada y del Banco Central se esforzaron por negar que Pignanelli hubiera presentado formalmente su renuncia al cargo. Admitieron, eso sí, el renovado enojo del titular del BC hacia Lavagna. La definición ocurriría el próximo lunes, en una cumbre entre Eduardo Duhalde y Pignanelli, una vez que el jefe de Estado retorne de Brasilia.
“Esta es una pelea absurda; una pendejada que no estoy dispuesto a tolerar. Si yo no armo ninguna operación en contra de él (por Roberto Lavagna), no entiendo por qué se enfada conmigo”, dijo Pignanelli frente a su íntimo, en referencia a la pyme industrial de la que el jefe del BC es dueño.
El nuevo round Pignanelli-Lavagna es consecuencia de una relación que ambos funcionarios no pueden recomponer. Ni siquiera se dirigen la palabra y el vínculo se deteriora a medida que pasan los días. El último cortocircuito ocurrió la semana pasada, cuando Pignanelli propuso la entrega de un bono compulsivo a los ahorristas atrapados en el corralón en caso de que la Corte Suprema sentenciara la redolarización de los depósitos. Lavagna no tardó en rechazar la idea.
No es la primera vez que Pignanelli amaga con alejarse. Lo hizo también a fines de agosto, en medio de una puja pública con el jefe de Economía. En aquel momento aceptó quedarse “por pedido del PJ”.
Ahora Pignanelli planteará distintas condiciones para quedarse. Según pudo saber Página/12, el pedido que le efectuará a Duhalde incluye los siguientes puntos, todos tendientes a dar un fuerte respaldo a su gestión:
- Negociación con el FMI en conjunto con el ministerio de Economía. Pignanelli se queja de que no conoció el borrador de Carta de Intención que giró el Fondo el viernes pasado, y que Lavagna mantuvo en secreto. “Me enteré porque me llamaron desde Washington para consultarme la parte monetaria. Quedé como un idiota; ni siquiera estaba al tanto de los números que debería elaborar el Central”, comentó indignado el funcionario a un colaborador.
- Que Lavagna deje de criticarlo en público. Particularmente le molestó que el ministro manifestara en un encuentro con académicos que el Central estaba manejado más por los banqueros que por el Estado.
- La sanción de la ley de Indemnidad en el Congreso, que actualmente se encuentra trabada.
- La aprobación en el Senado de su pliego como autoridad máxima del Central.
Otro aspecto que Pignanelli comentó en círculos reducidos se refirió a que era objeto de una presunta campaña de prensa en su contra. Por ejemplo, la divulgación del Presupuesto 2003 de la entidad, en el cual se instituyó un incremento del 35,9 por ciento en los salarios de los directores del BCRA, quienes pasarían a cobrar 18 mil pesos mensuales.
Por afuera de su pelea con el ministro de Economía, también es cierto que Pignanelli arrastra una puja en el propio directorio del BC. Concretamente, lamenta que varios directores de la entidad, aquellos afines al titular de Hacienda, le juegan en contra: Víctor Bescos, Félix Camarasa y Augusto Magliano. Estos directores votaron en contra delpolémico Presupuesto 2003. Ayer, Pignanelli se ausentó de la tradicional reunión de directorio de los jueves, dando una clara señal de su enojo.
“Hablá con el Presidente para que dejen de operar en mi contra. Todos los días pasa lo mismo”, le pidió Pignanelli a Atanasof durante el encuentro en la Rosada. Los funcionarios coincidieron en que lo mejor sería enfriar las versiones de renuncia
La imagen de normalidad contrastó con el nerviosismo mostrado por algunos funcionarios. Con diferencia de minutos, Aníbal Fernández admitió, para luego desmentir, que Pignanelli hubiera renunciado. José Pampuro, secretario general de la Presidencia, también aceptó la veracidad de la dimisión.
En opinión de expertos del sector financiero, el posible alejamiento del jefe del BC ya repercutió en Washington y en Wall Street. Fuentes cercanas a negociadores del caso argentino del FMI señalaron que una eventual renuncia de Pignanelli podría alterar la calma financiera. En la city porteña también temen una suba del dólar si llega ese momento. No obstante, debe tomarse en cuenta que estas apreciaciones se enmarcan en una actitud tomada por Pignanelli: desde que asumió, el banquero fue funcional a los reclamos del sector financiero más concentrado, mostrándose a favor del bono compulsivo para los ahorristas estafados y en contra del default con los organismos internacionales, otro de los aspectos que lo separa de Lavagna.
En los centros financieros coincidieron en lamentar que la pelea resurgiera justo en una semana de calma financiera tras el levantamiento del corralito. Pese a que parecía difícil controlar el dólar, la moneda estadounidense bajó a los valores de hace un par de semanas y el Central se dio el lujo de seguir ganando reservas: 108 millones de dólares en cuatro jornadas, con lo cual suman 10.150 millones de dólares.

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Durante el día Aldo Pignanelli fue agrandando su enojo para conseguir una negociación bifronte con el FMI.
 
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