EL PAIS › CRISTINA KIRCHNER TRASLADO LOS RESTOS DEL EX PRESIDENTE AL MAUSOLEO EN EL CEMENTERIO DE RIO GALLEGOS, LA CIUDAD DONDE NACIO Y DESPEGO SU CARRERA

El recuerdo y el dolor en el lugar donde empezó todo

Al año del fallecimiento de Néstor Kirchner, en una ceremonia íntima, la Presidenta, sus hijos y un grupo de allegados realizaron el traslado de los restos. Por la tarde, el mausoleo quedó habilitado para el ingreso general.

 Por Nicolás Lantos

Desde Río Gallegos

La presidenta Cristina Kirchner junto a su hija Florencia en la bóveda familiar donde hasta ayer descansaban los restos del ex presidente.
Imagen: DyN.

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner pasó el primer aniversario de la muerte de su esposo, Néstor Kirchner, apenas con sus familiares y un entorno muy reducido. Por la mañana, participó junto a sus hijos, Máximo y Florencia, del traslado de los restos del ex mandatario desde la capilla familiar, donde reposó durante este año, al flamante mausoleo que se construyó en su honor. Allí permaneció algunas horas, acompañada por una comitiva reducidísima. Luego se recluyó en su casa en esta ciudad, donde pasó toda la tarde, mientras funcionarios y allegados participaban de otros homenajes que se le rindieron. Por la noche, la Presidenta voló al Calafate: se quedará allí hasta la semana próxima, cuando sea el momento de embarcarse rumbo a Cannes y la cumbre del G-20. El aniversario del fallecimiento de Kirchner también se conmemoró con un acto en Plaza de Mayo y diversas actividades en el interior del país.

Por la tarde, una vez que familiares y amigos se retiraron del mausoleo, se abrió el lugar por primera vez para el acceso del público, que atravesó un control de seguridad para acercarse al lugar, una oportunidad para volver a despedir a “Lupín”, como se lo conocía aquí, doce meses despúes del primer adiós. Mientras tanto, en el barrio del Carmen, la gente de la Unidad Básica “Los Muchachos Peronistas” inauguró un monumento en su honor. Un rato más tarde se descubrió una placa en la mesa de café donde se juntaba a discutir de política, en el céntrico Hotel Santa Cruz.

Intimo

El traslado de los restos de Néstor Kirchner y la ceremonia familiar que se realizó a continuación se hizo en hermetismo: un acto íntimo por y para quienes lo conocieron de cerca, no al dirigente político, sino al padre, al marido, al hermano o al amigo. El operativo de seguridad estaba montado desde la noche anterior y rodeaba el cementerio, para evitar que entrara nadie que no estuviese autorizado. Solamente la familia Kirchner participó del traslado del féretro. En el mausoleo esperaba el resto de los invitados, entre los que estaban el secretario general de la presidencia, Oscar Parrilli; el Legal y Técnico, Carlos Zannini; el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, y un puñado más de allegados.

El deseo de tranquilidad de la Presidenta era tal que afuera del cementerio sólo se congregaron para esperarla (aunque sabiendo que difícilmente aparecería) una pequeña delegación de UPCN local y unos veinte miembros de Tupac Amaru que viajaron desde Jujuy encabezados por su titular, Milagro Sala, quien explicó a Página/12 que a pesar de no poder ver a CFK viajaron porque sentían “un deber moral de acompañarla”.

Cerca del mediodía, Cristina Kirchner abandonó el lugar, para dirigirse directo a su casa en el barrio Jardín junto a su hijo Máximo y a su cuñada, la ministra Alicia Kirchner, mientras que el resto de los acompañantes fueron raudos a la inauguración de la estatua.

Por adentro

Una vez que se habilitó el acceso al mausoleo, alrededor de las 14, muchos vecinos y algunos turistas comenzaron a pasar. Para llegar al lugar era necesario sortear dos rigurosos controles de seguridad que buscaban evitar el acceso de cámaras. La fila iba avanzando cada vez que se dejaba entrar a un grupo de diez, que durante unos tres minutos podía acceder al edificio. Por afuera, se trata de un cubo irregular, de alrededor de catorce metros por lado: su composición, en piedra y cemento, transmite una sensación de solidez. Su construcción demandó ocho meses y hubo unas treinta personas involucradas en el proyecto, todos ellos vinculados a Austral Construcciones, la empresa de Lázaro Báez, el empresario que decidió regalarle a su amigo la última morada.

Lo primero que uno ve cuando atraviesa la puerta (que cerrada tiene forma de cruz) es un cuadro con el rostro de Kirchner. Una escalera caracol rodea el tubo de vidrio blindado que protege el recinto donde está el ataúd del ex presidente y, a un costado, el de su padre. Hay algunos cuadros más y luces instaladas que transparentan la intención de colocar más imágenes en el futuro. En el techo, una roseta en vitreaux, con la forma de la estrella del Bicentenario, deja entrar luz natural.

Adentro, algunos decidían rezar o simplemente no podían aguantar las lágrimas. Los niños no parecían comprender lo que sucedía pero respetaban el silencio. A lo largo de la tarde, calculaban las autoridades locales, pasaron más de mil personas.

Para Néstor un monumento

En la esquina de Pasteur y Defensa había banderas de varios espacios kirchneristas santacruceños y asomaron las cabezas otros funcionarios, como el secretario de Comunicación Pública, Juan Manuel Abal Medina, el vocero Alfredo Scoccimarro, el ministro de Defensa (y ex gobernador de Santa Cruz) Arturo Puricelli y el actual gobernador Daniel Peralta.

El acto en el que se descubrió el monumento a Kirchner abrió con la fanfarria de una marcha militar. Hubo discursos de la diputada provincial Stella Maris García y del mismo Peralta. A continuación, habló Zannini. Parafraseó a Borges: “A mí se me hace cuento que murió Kirchner”. Para el secretario legal y técnico, el ex presidente “tuvo la virtud política de trascender” ya que “todo lo que está pasando ahora en la Argentina es culpa o responsabilidad de Néstor Kirchner”. Lupín, como lo llamaba, “hacía cosas imposibles”, entre ellas la inédita reestructuración de la deuda “que antes creíamos eterna”, destacó. “Lo más importante –concluyó– es que recojamos su bandera y la llevemos hasta la victoria.”

El reparto se repitió, casi sin variaciones, un rato más tarde en el Hotel Santa Cruz, donde se descubrió una placa en su honor, sobre la mesa favorita del ex presidente. Allí, sin embargo, el clima de interna fue reemplazado por los chistes entre viejos compañeros de militancia, que se acercaban para volver a saludar a aquellos que ahora pasan los días en lejanos despachos de la Casa Rosada. La tarde se completó con una misa a la que ya no asistieron autoridades nacionales. Había sido un largo día.

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