EL PAIS › ROBO DE COUNTRY O ROBO PACTADO

Las dos hipótesis

 Por P. F.

El robo en la casa de Sergio Massa se movía ayer entre dos hipótesis: un típico robo de country, perpetrado por personal de seguridad del barrio, o un robo pactado, que se iba a usar para que el intendente de Tigre se victimizara en los últimos días de campaña. Los datos menos controvertidos son que el delincuente, prefecto Alcides Díaz Gorgonio, frecuenta desde hace años el country Isla del Sol, en el que vive el intendente de Tigre, y todo indica que conoce al propio Massa y a su familia. También parece claro que milita en las filas de los que respaldan la candidatura del intendente, concurre a sus actos, su hija tiene un local de ropa frente a la intendencia y en la parte superior hay un cartel de la campaña. Los otros prefectos del country sostienen que se presentaba a sí mismo como puntero de Massa. Díaz Gorgonio estuvo en la custodia del country hasta hace dos años y entraba varias veces por semana a hacer changas: por ejemplo, llevar al colegio, en su auto, a hijos de los habitantes del barrio. Algunas versiones indican que transportaba también a los hijos del intendente, pero nadie confirma ese dato. Sí confirman que, cuando estaban por trasladarlo, en la foja de Gorgonio figura que Massa pidió que no lo hicieran. Y el senador Aníbal Fernández tuiteó que María Fernández, actual pareja del prefecto detenido, fue empleada doméstica de Malena Galmarina. Fuentes bonaerenses le dijeron a este diario que no hubo denuncia policial del robo y que el titular de la fiscalía descentralizada de Rincón de Mildberg, Jorge Magaz, fue a la casa de Massa a recibir la denuncia. Todo se mantuvo oculto durante dos semanas hasta que fue develado por Horacio Verbitsky el domingo en Página/12. Para el intendente, que hizo campaña con el tema de la inseguridad, resultaba un demérito que lo robaran en su casa, dentro de un country y que el ladrón, para colmo, fuera un conocido de su movimiento.

El subsecretario de Relaciones con la Comunidad bonaerense, Carlos Gianella, un hombre de confianza de Alberto Pérez y del propio gobernador Daniel Scioli, se cruzó ayer por Twitter con la esposa de Massa, Malena Galmarini:

–¿Conocían ustedes de antes al ladrón? –le preguntó Gianella a Galmarini.

–Porque todo es raro –agregó el funcionario.

La esposa de Massa, furiosa, le contestó:

–¿Raro? ¿Por qué no le preguntás a (Ricardo) Casal (ministro de Seguridad)?

–¿Pero lo conocen al ladrón de antes o no?

No hubo más respuestas.

En La Plata y también en el Ministerio de Seguridad de la Nación llaman la atención varios aspectos del robo. La siguiente es una síntesis de sus sospechas:

“Lo más notorio –señalado en la nota de Verbitsky– es que se ocultó durante 15 días.

Que el robo haya sido perpetrado por una persona que usó su propio auto, algo por lo menos poco común.

Que se dejó filmar por casi todas las cámaras. Díaz Gorgonio conocía el barrio cerrado por haber trabajado allí, de manera que sabe que está lleno de cámaras y que incluso hay cámaras en la casa de Massa.

Disparó contra una de las cámaras, ¿con qué objetivo? Y menos se entiende que no haya levantado la vaina que quedó ahí para cuando llegaran los investigadores.

En algún momento de sus andanzas dentro del country hasta se lo vio con una campera que dice Prefectura.

En otro momento dejó el arma –una pistola calibre 22 con silenciador– sobre la mesa, algo inusual en un ladrón. El delincuente la lleva encima por si aparece alguien de seguridad.

Se llevó la pistola a su casa, es decir que no se deshizo de una prueba decisiva y agravante de cualquier hurto. Tener la pistola encima es como gritar ‘fui yo’”.

Si a estos elementos se agregan los vínculos del delincuente con el massismo, surge como primera hipótesis que el robo “es típico de countries”, como dijo ayer Casal, aunque después lo relativizó. Personal de confianza, que conoce al propio intendente, todos los movimientos del barrio y que, por supuesto, aprovechó un momento en que sabía que no se iba a encontrar con nadie dentro de la vivienda. La tranquilidad de sus movimientos denota que no sentía que estuviera corriendo ningún riesgo.

Tanto en La Plata como en el Ministerio de Seguridad hasta arriesgaron que el robo fue pactado, una operación electoral que se iba a usar el jueves, a horas de los comicios, pero que la publicación del domingo dejó al desnudo. Les parecen demasiado inverosímiles las andanzas de un massista que roba con su propio vehículo, que se deja filmar por cámaras que ya sabe dónde están, que exhibe la campera de la Prefectura y que ni siquiera se llevó la vaina del proyectil que disparó sin razón alguna. “Estoy tratando de convencer a mi familia –dijo ayer el secretario de Seguridad, Sergio Berni– de que esto fue un robo. En mi familia hay un chico de nueve años y lo estoy tratando de convencer.”

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